lunes, 17 de marzo de 2025

PRESENTACIÓN

Todo infante ha cavado alguna vez una trinchera con sus propias manos. En la nieve; en el desierto; en terrenos pedregosos, donde los picos no duran diez golpes; bajo la intensa lluvia o un sol abrasador. Pero al final, cuando acomoda su mochila, cuando marca sus sectores de tiro y la pausa le permite apoyar a un lado el fusil y curarse las ampollas, entonces le invade una grata sensación de refugio. Vana ilusión que desaparece cuando vuelve a tomar consciencia de su fragilidad ante lo que le rodea.
Pero como nuestros Tercios en la iglesia de Empel, cuando todo parece perdido ocurre el Milagro. Igual que aquel infante, me aferro a mi Inmaculada, con las botas hundidas en el barro hasta la caña, empapado y hambriento, procuro no tiritar para evitar que parezca que tengo miedo. Miro afuera y veo negros nubarrones, igual que el buen soldado del Tercio veía los buques y las formaciones del Conde de Holac hace 426 años. Veo a don Francisco de Arias de Bobadilla diciéndome: “los españoles prefieren la muerte a la deshonra”; y yo sólo espero poder romper el cerco…, y vivir para contarlo.

sábado, 21 de diciembre de 2013

CUANDO OLVIDAR ES IMPOSIBLE


Monumento a las víctimas del terrorismo en
Madrid. Fuente: www.espormadrid.es

El día 22 amaneció templado, con un cielo azul limpio de nubes propio de finales de junio. Los alféreces cadetes de cuarto curso recorrimos en autobús los ochenta y pico kilómetros que separan la Academia de Infantería de la capital de España para visitar el Museo del Ejército, sito entonces en el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Final de curso, tiempo de relax y de preparar las maletas para el regreso a la Academia General Militar, pero también tiempo de tensión en espera de las notas finales.
Furgoneta oficial ardiendo tras el atentado de la Plaza de la República de
Argentina. Fuente: www.elmundo.es Foto: EFE
Casi al mismo tiempo que los futuros oficiales nos desparramábamos por las impresionantes salas del museo, las diez de la mañana, siete féretros cubiertos por sendas banderas de España entraban en el patio central del Cuartel General del Ejército al compás de la marcha fúnebre. Entre ellos, el de Fidel[1]. No conocí personalmente al teniente coronel Fidel Dávila Garijo, quizá lo vi fugazmente en algún momento de mi infancia, no lo recuerdo, pero sí tengo la suerte y el honor de contar entre mis mejores amigos a su hermano Juan de Dios. Nos conocemos desde el “cole”, Nuestra Señora del Pilar, donde coincidimos en la increíble “D”, cuando no levantábamos más de un metro del suelo (al menos yo, él es mucho más alto). Podría estar horas hablando de él, de la amistad, por supuesto, pero también del compañerismo, del honor, de la lealtad, del sacrificio, de cómo se pueden ejercer todas esas virtudes tradicionalmente denominadas “militares” desde tu "puesto en formación" en la vida civil. Pero no es el momento. Hoy viene a estás páginas como mi amigo y como hermano pequeño de Fidel.
Fidel Dávila Garijo
En aquel entonces, 1993, nuestra amistad había crecido y enraizado sólida, como lo ha seguido haciendo hasta el día de hoy. Era ya lo suficientemente fuerte como para, aprovechando un cambio de sala en el museo, abandonar el grupo de cadetes y dirigirme hacia el Cuartel General para estar con él. Los clavos de mis cordones rojos de cadete golpeaban al ritmo de la marcha forzada que imprimí hasta llegar a la calle Prim. No corrí. "Un militar no corre por Madrid vestido de uniforme de paseo y menos el día despues de un atentado" —pensé.
Llegué tarde. La marcha fúnebre volvía a sonar y los féretros comenzaban a salir por el túnel sur del patio de armas del imponente Palacio de Buenavista. Saludé el paso del cortejo con toda la fuerza y marcialidad de la que un jóven alférez de Infantería es capaz.
Momentos antes, el arzobispo castrense monseñor José Manuel
Restos del atentado de la plaza de la República de Argentina.
Fuente: www.elmundo.es Foto: F. Quintela
Estepa había dicho: "No cedamos en estas dolorosas circunstancias a la tentación de cosechar odio y deseo de venganza, que es la invitación que desde hace tantos años nos dirigen quienes con su siembra de violencia y sangre inocente se han sumido, ellos mismos, en el fango de la degradación más extrema e inhumana". No pude oirlo, pero los rostros de los militares que me rodeaban reflejaban pecisamente eso: dolor y odio.
El patio se fue despejando y, finalmente, puede acercarme a Juande. Tras la primera expresión de sorpresa, me recibió con una amplia y serena sonrisa. Una sonrisa que, por una lado, me resultaba enormemente llamativa en un escenario de dolor como aquel y, por otro, mostraba una inquebrantable seguridad que sólo la Fe verdadera puede dar. Años después recordaría esa sonrisa al leer lo que un corresponsal de guerra decía sobre la actuación del comandante Franco tras la batalla de Taxuda (Melilla), el 10 de octubre de 1921: "Lo de Franco en Taxuda ha sido maravilloso. Él ha salvado la situación. Cuando pasó el peligro sonreía nuevamente entre sus legionarios; pero con una sonrisa que casi me daba miedo, porque expresaba una serenidad imperturbable, pero al mismo tiempo, una cólera fría. Era una mezcla de tranquila seguridad en sí mismo y de la más violenta voluntad de vencer”. Desde entonces, después de cada atentado, me he acordado de aquella sonrisa de Juande. De la impresionante superioridad y fortaleza moral que reflejaba y que me ayuda, todavía hoy, a entender cómo las víctimas del terrorismo pueden continuar con sus vidas. Nos dimos un abrazo, que aproveché para tragar saliva. No podía ser yo quien flaqueara, cuando él estaba dándonos aquella lección de entereza. Poco más que dar un beso a su madre, una cordobesa impresionante rota por el dolor, pude hacer hasta que emprendí, de nuevo, mi marcha forzada hacia el museo para reincorporarme a mi curso.
El recuerdo de Fidel me ha acompañado varias veces en mi vida
Monumento a los caídos del Cuerpo de Estado Mayor en la Escuela
de Guerra de Madrid. La faja del Tcol. Fidel Dávila se encuentra en
la urna superior derecha.
militar, especialmente en estos últimos años de comandante. Varias veces durante el Curso Interarmas, primera parte del de Estado Mayor que se impartía en la Escuela de Guerra del Ejército, me acerqué al monumento a los caídos de este Cuerpo. Allí, delante de su faja azul de diplomado, tenía momentos de reflexión que me ayudaban a escapar del frenético ritmo del curso y clarificar mis dudas. Más tarde, ya destinado en el Estado Mayor Conjunto, su nombre escrito en una placa conmemorativa en la entrada principal, me recordaba cómo todo puede cambiar en un segundo. 
Han pasado muchas cosas desde aquella mañana de junio. Muchos otros militares han muerto asesinados por ETA. Muchos otros ciudadanos. También el panorama político-judicial se ha movido en este último mes, clavando un rejón más en el ya dolorido corazón de las víctimas con la derogación de la doctrina Parot y la instantánea aplicación de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. 
Mural con los rostros de las víctimas de ETA que se encuentra, a modo de
homenaje, en la página www.el pais.com
Las víctimas, su dolor y su dignidad, es lo único que ha permanecido impasible e impoluto, entre tanta mierda. Me he preguntado muchas veces qué es lo que impide que alguien que ha perdido de una manera atroz a su hijo, a su hermano, a su padre; alguien que ha visto como toda su vida se tambalea o, incluso, se derrumba en un instante de furia incompresible; qué le impide, digo, coger una escopeta, esperar en la puerta de la cárcel la salida del hijo de puta de turno y descerrajarle un tiro en la cabeza. Lo he visto hacer, por temas menores, en las misiones en las que he estado. Me lo he preguntado muchas veces y siempre ha acudido la sonrisa de Juande a mi rescate: La infinita superioridad moral de los que han sufrido el zarpazo del terrorismo frente a los asesinos. Eso y su confianza en el amparo por parte del Estado y la comprensión y el cariño del resto de la sociedad. El primero, porque impartirá la justicia que ellos no pueden ni deben aplicar y, el segundo, porque ahogará los ataques dialécticos y fácticos que puedan sufrir .
Por eso me cuesta entender lo que está pasando. Lo que lleva
Placa en el monumento a las víctimas del terrorismo en Madrid.
Fuente: www.espormadrid.es
pasando desde hace ya demasiado tiempo. Oigo mucho eso de "ETA está vencida". "¿Por qué?" —pregunto tímidamente cuando tengo la oportunidad—. "Porque no puede matar" —me han contestado más de una vez—. "¿Y para qué tendrían que matar actualmente?" —insisto—. Ni ellos mismos podrían creer hace unos años dónde están ahora. Nada más hay que tirar de hemeroteca e ir viendo lo que, asamblea tras asamblea y comunicado tras comunicado, fijaron como objetivos e ideario.
No, no lo entiendo y por eso quiero dejar aquí claro que, en mi condición de ciudadano español, estoy y estaré siempre con las víctimas del terrorismo. Y me tendrá enfrente, siempre, aquel que busque su desprecio, humillación, olvido o, incluso, esa indiferencia cada vez más generalizada en nuestra sociedad. Estaré ahí, aunque sólo sirva para demostrarles que sé, no el dolor que sienten —que sólo pueden entender los que lo han sufrido—, sino el enorme esfuerzo que están realizando para continuar la "normalidad" de sus vidas con la que esta cayendo. Con la que lleva demasiado tiempo cayendo. Aunque sólo sirva, como estas letras, para posicionarme fuera de la apatía generalizada y desmemoriada que hoy se considera "politicamente correcta". Aunque sólo sea para poder mirar a los ojos de mi amigo y poder responderle: "Semper fidelis, Juande, semper fidelis".




[1] A las ocho y cuarto de la mañana del 21 de junio de 1993, la banda terrorista ETA asesinaba en Madrid a seis militares y un civil que viajaban en una furgoneta oficial, haciendo detonar a su paso un potente         coche-bomba, cargado con 40 kilos de amonal, en la confluencia de las calles de López de Hoyos y de Joaquín Costa. Los etarras presenciaron la llegada de la furgoneta oficial del Estado Mayor de la Defensa (EMAD) a la plaza de la República de Argentina y accionaron a distancia el dispositivo que hizo estallar la mortífera carga. La onda expansiva afectó de lleno al vehículo oficial y el efecto de la metralla acabó con la vida de los siete hombres que viajaban en ella. Los muertos fueron: el teniente coronel del Ejército de Tierra JAVIER BARÓ DÍAZ DE FIGEROA; el teniente coronel del Ejército de Tierra FIDEL DÁVILA GARIJO; el teniente coronel del Ejército del Aire JOSÉ ALBERTO CARRETERO SOGEL; el teniente coronel del Ejército del Aire JUAN ROMERO ÁLVAREZ; el capitán de fragata de la Armada DOMINGO OLIVO ESPARZA; el sargento primero de la Armada JOSÉ MANUEL CALVO ALONSO y el funcionario civil del Ministerio de Defensa PEDRO ROBLES LÓPEZ. La explosión provocó, además de cuantiosos daños materiales, heridas graves a otros cuarenta ciudadanos, incluidos tres niños que esperaban en una parada cercana a que les recogiera el autobús del colegio. Se trataba de las hermanas Juana y María Gabriela Cañizo Canto, de 8 y 15 años, y de Luis Gabarda Pery, de 7, rescatado del lugar del atentado en una situación crítica por el policía Emilio Almendros Gomis, que lo trasladó urgentemente al Hospital Gregorio Marañón. Además de los tres niños, otras cinco personas resultaron también gravemente heridas: María Antonia Mezquita, Matilde Cuéllar, Fernando Flórez, Sonia Curabia y Juan Carlos Sobrino. Una hora después, hacia las 9:15 horas, el Ford Fiesta utilizado por los etarras para huir, estalló ante el número 85 de la calle de Serrano, cerca de la embajada de los Estados Unidos, hiriendo a otras tres personas, dos de ellas de gravedad: Miguel Alvero Suárez, de 26 años, y Carmen Redondo Prado, de 28.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

UNA LARGA PERO FLOJA EXCUSA Y UN DESAPASIONADO PERO PROFUNDO ¡GIBRALTAR ESPAÑOL!

FOTO: ecodiario.eleconomista.es

Las excusas son como los culos, todo el mundo tiene uno. Dejando esto claro, la verdad es que desde que volví de Afganistán no he logrado escribir una sola letra en este blog. Hice un paréntesis en mi silencio para decir adiós a tres compañeros legionarios y volví a mi “cueva” de eremita.  Cualquier cosa me parece banal comparada con la situación socio-político-económica —crisis moral y de valores al fin y al cabo— que estamos viviendo. Desde que llegué, y de eso hace ya más de seis meses, atiendo atónito a un diario y continuo “más difícil todavía” en todos los frentes. El problema es que cuando, bien “calentito”, he intentado escribir sobre alguno de estos temas de actualidad, se han encendido todas las luces de alarma (traducidas rapidamente en una potente colleja de mi mujer llamándome inconsciente). La Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas me lo deja bien claro, a mí y al resto de los militares. Su artículo 7 sobre neutralidad política y sindical, dice así:
FOTO: www.ejercito.mde.es
1. El militar está sujeto al deber de neutralidad política. No podrá fundar ni afiliarse a partidos políticos y mantendrá una estricta neutralidad pública en relación con la actuación de los partidos políticos.
2. El militar no podrá ejercer el derecho de sindicación y, en consecuencia, no podrá fundar ni afiliarse a sindicatos ni realizar actividades sindicales. Tampoco permitirá su ejercicio en el ámbito de las Fuerzas Armadas, salvo las que para el personal civil se contemplan en la Ley Orgánica 11/1985, de 2 de agosto, de libertad sindical y demás legislación aplicable. En todo caso mantendrá su neutralidad en relación con la actuación de los sindicatos.
Los miembros de las Fuerzas Armadas no podrán recurrir a los medios propios de la acción sindical, entendida como negociación colectiva, adopción de medidas de conflicto colectivo y ejercicio del derecho de huelga. Tampoco podrán realizar acciones sustitutivas o similares a este derecho, ni aquellas otras concertadas con el fin de alterar el normal funcionamiento de las unidades de las Fuerzas Armadas.


Y por si acaso a alguno no le hubiese quedado suficientemente claro, más tarde, en su artículo 12 sobre libertad de expresión e información, dice lo siguiente:

1. El militar tiene derecho a la libertad de expresión y a comunicar y recibir libremente información en los términos establecidos en la Constitución, sin otros límites que los derivados de la salvaguarda de la seguridad y defensa nacional, el deber de reserva y el respeto a la dignidad de las personas y de las instituciones y poderes públicos.
2. En cumplimiento del deber de neutralidad política y sindical, el militar no podrá pronunciarse públicamente ni efectuar propaganda a favor o en contra de los partidos políticos, asociaciones políticas, sindicatos, candidatos a elecciones para cargos públicos, referendos, consultas políticas o programas u opciones políticas.[1]
3. En los asuntos estrictamente relacionados con el servicio en las Fuerzas Armadas, los militares en el ejercicio de la libertad de expresión estarán sujetos a los límites derivados de la disciplina.

Mi compañera de gimnasio saluda satisfecha tras
gritar sus consignas.
No se puede negar la puntería del legislador. Parece como si hubieran querido incluir en un par de líneas a todos los personajes de las portadas de los periódicos de los últimos meses. Y lo ha logrado. Vamos, que me ha dejado espacio para dar caña al presidente de mi comunidad de vecinos por dejación de responsabilidades, protestar por la elección fraudulenta del delegado de clase de mi hija y mostrar mi indignación por la campaña que una militante feminista de mi gimnasio quiere hacer en contra de la depilación. “Deja que tu vello se exprese” —grita la tía.

Ahora en serio. En efecto, los militares vivimos en un silencio más o
menos forzado. Hasta cierto punto debe ser así, aunque haya muchísimo que hacer en aspectos de comunicación interna y externa de la Institución y, por qué no, en meditar un poco esa delimitación “preventiva” de la libertad de expresión que algunos se traen entre manos. Pero, como he dicho, debemos vivir en silencio sólo hasta cierto punto. En aquellos temas de peso en los que fuera necesario salir en defensa del colectivo militar, el Mando, escrito con mayúsculas, el top brass que dicen los anglófonos, es el que debería hablar por todos nosotros. Con todo el respeto, pero con todo el derecho y la dureza de representar al colectivo silente que les aupó con su trabajo a esos puestos de responsabilidad y, también, con toda la lealtad debida hacia el pueblo al que tendrán que defender si vienen mal dadas. Exactamente igual que ocurre en la mayoría de las democracias occidentales. La diferencia es que por ahí fuera no ven en sus militares los fantasmas que todavía hoy atemorizan a más de uno en este querido suelo patrio[2].


FOTO: EFE en www.elpais.com
Eso no significa que tenga simpatía por personajes como el coronel Martínez Inglés o el subteniente Bravo, adalides de una libertad de expresión en mi opinión mal entendida. Más aún, me repugnan, ambos, sobremanera. Como tampoco soporto a personajes que fueron ese Mando con mayúscula y tuvieron en su mano, no la solución que es inabarcable individualmente, pero sí el poner su granito de arena en dar luz en esta compleja situación. No lo hicieron entonces y ahora se rasgan las vestiduras y nos dan “la de moral” escribiendo artículos de opinión en periódicos de tirada nacional o en revistas especializadas, olvidando que los que estuvimos bajo su mando también sabemos leer y que, a diferencia de ellos, tenemos memoria. En fin, no me quiero encender (mi mujer está calentando muñecas a mi espalda)… Para otros temas
FOTO: www.tiempodehoy.com
menores, todos los militares, incluidos los dos perlas que he nombrado antes, sabemos las reglas del juego y los límites del campo. He leído, en innumerables ocasiones, “cartas al director” publicadas en periódicos de tirada nacional excepcionalmente escritas por militares en activo.  Oficiales y suboficiales. No hace falta ningún tipo de acción preventiva. Al que se pase se le aplica la normativa y legislación vigente, y punto. Sin acritud.

Escribo todo esto para salvaguardar el poco prestigio intelectual que me quede tras esta “sequía creadora” que he pasado y por ocuparme, de aquí en adelante y en estos tiempos turbulentos, de “otros temas” ajenos a los considerados de primera línea. Sí, reconozco que en relativamente poco tiempo logré acostumbrarme otra vez a la vida en la “civilización” tras la misión en Afganistán: horarios, familia, alimentación, clima, actividad (o, mejor dicho, descanso)… Fue un suave aterrizaje en todo… salvo en una cosa: No he sido capaz de digerir la pútrida atmósfera en la que vivimos. Y no me refiero a la contaminación atmosférica, que, para mierda, la que respiraba, literalmente, en Kabul. Hasta aquí mi patética excusa.

Calle "Gibraltar Español" en Balsicas. FOTO: www.elhistorias.com
Dicho todo esto, hoy quiero escribir sobre Gibraltar (¡español!). No es un secreto para el lector de este blog que tengo cierta simpatía por los británicos. Por el Ejército británico para ser más exactos. Son eficientes, eficaces, prácticos y valientes. Sinceramente, no son de los que me gustaría tener enfrente aunque, si tiro de árbol genealógico hacia atrás, seguro que alguno de mis ancestros le metió la faca entre las costillas a algún hijo de la Pérfida Albión o murió reventado por un cañonazo de alguno de sus navíos con patente de corso. Todo ello sin menoscabo de las especialidades de la casa que fueron los gabachos, los mambises y los rifeños.

Pero, salvando la incongruencia histórica que supone la existencia de
FOTO: espaciossecretos.com
una colonia en Europa, 
nuestro problema principal no creo que sean los británicos (entendidos como los habitantes de las Islas Británicas). Incluso con su cada vez más inútil intento de mantener una pose imperial que hace mucho tiempo que perdieron. El problema, en mi humilde opinión, es el memo de turno que gobierna La Roca, que realiza acciones unilaterales y que, en el nombre de su Graciosa Majestad, arrastra al gobierno de su metrópoli a terrenos pantanosos que preferiría obviar. El perfil de este tipo de bodoques lo conocemos perfectamente aquí porque tiene la misma “huella genética” que la fauna independentista-nacionalista autóctona. Nada más hay que haberles visto durante este último mes, inconfundibles, con qué vehemencia han mostrado su apoyo incondicional al señor Picardo.  Casi pleitesía enfermiza. Cualquier excusa es buena para posicionarse en contra del país que les da de comer. En fin, son esa “Quinta Columna” con la que debemos vivir todos los españoles de bien.

Gibraltar se incorporó a la Corona de Castilla en 1309. Su escudo fue concedido por los Reyes Católicos en 1502. Creo que su españolidad original es indiscutible. Lo que es ahora[3] o lo que supuso el Tratado de Utrecht en 1713[4] para España creo que está fuera de toda duda y es conocido por todos. La línea política seguida de forma más o menos forzada, más o menos voluntaria, desde que en aquel año salieran los pobladores españoles hacia Algeciras y lo que más tarde serían las poblaciones de San Roque y Los Barrios, ha sido, en general y salvo honrosas excepciones, bastante condescendiente. El último asedio español finalizó, tras cuatro años, allá por 1783, con similares resultados a los intentos anteriores[5]Fue la última vez que se intentó, seriamente, utilizar la fuerza como instrumento en la resolución de este conflicto. Desde aquella primera década del siglo XVIII, los españolitos fuimos cogiendo velocidad en la carrerilla hacia nuestro desplome del 98 y los ingleses, nuevos amos del “tinglao” y muy “venidos a más”, iniciaron su expansión en todos los frentes. Gibraltar (¡español!) incluido. Así, paulatinamente en estos tres siglos y ante nuestra mirada un poco bobalicona, han ido ampliando la extensión ocupada, tanto en el istmo como en el propio mar, cuyas aguas fuera del puerto jamás les pertenecieron: La Torre del Diablo y el Molino Viejo, la zona neutral, la Línea de Contravención, la verja, el aeropuerto, las ampliaciones del puerto, los rellenos en la bahía, el nuevo espigón… Se calcula que Gibraltar ha multiplicado por cuatro la extensión cedida oficialmente en Utrecht.

Como digo, la postura oficial española ha sido la habitual, siempre más
Ampliaciones de Gibraltar. Fuente: www.5wk.com
preocupados en 
pegarnos entre nosotros que en mantener cierta coherencia temporal en nuestra política exterior. Siempre con una convicción relativa en nuestras fuerzas y argumentos cuando no con un descarado derrotismo o un “buenismo” estúpido y acomplejado[6]. Siempre con un compatriota dispuesto a darte la puñalada trapera desde atrás, eso que tanto asombra al negociador extranjero que, atónito, asiste a la escenificación de la “cainita” española.

Pero antes de seguir, veamos qué dice sobre el tema el Tratado de Utrecht en su artículo X:
El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno. 
Pero, para evitar cualquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra. Y como la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos, y de aquí puede resultar que los soldados de la guarnición de Gibraltar y los vecinos de aquella ciudad se ven reducidos a grandes angustias, siendo la mente del Rey Católico sólo impedir, como queda dicho más arriba, la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra, se ha acordado que en estos casos se pueda comprar a dinero de contado en tierra de España circunvecina la provisión y demás cosas necesarias para el uso de las tropas del presidio, de los vecinos u de las naves surtas en el puerto.

Futuras ampliaciones (o en curso) Fuente:www.abc.es
Pero si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarán al fisco y presentada queja de esta contravención del presente Tratado serán castigados severamente los culpados. Y su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar, ni se dé entrada ni acogida a las naves de guerra moras en el puerto de aquella Ciudad, con lo que se puede cortar la comunicación de España a Ceuta, o ser infestadas las costas españolas por el corso de los moros. Y como hay tratados de amistad, libertad y frecuencia de comercio entre los ingleses y algunas regiones de la costa de África, ha de entenderse siempre que no se puede negar la entrada en el puerto de Gibraltar a los moros y sus naves que sólo vienen a comerciar.
Promete también Su Majestad la Reina de Gran Bretaña que a los habitadores de la dicha Ciudad de Gibraltar se les concederá el uso libre de la Religión Católica Romana.
Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla.


Curiosa redacción. Profética y previsora. Si simplemente hubiéramos forzado desde el primer momento su cumplimiento, otro gallo hubiera cantado allá por nuestras columnas de Hércules[7]Desde hace unas semanas el Gobierno de España está llevando a cabo unas medidas que no son más que el simple cumplimiento de la normativa de la Unión Europea (UE) y, por qué no, una aproximación a lo establecido en el Tratado de Utrecht. No me meto en la oportunidad o intenciones ocultas que puedan tener estas iniciativas (la pestuza de la que hablaba al principio de este artículo yo sigo oliéndola igual...). Analizo el hecho en sí. Aunque a alguno le puedan parecer suaves, son un buen inicio y, en mi no muy reflexiva opinión, el camino a seguir. Vamos a olvidarnos ya de flotas que vienen o se van. Ni nosotros vamos a asaltar la verja ni ellos van a bombardear Cádiz. Las posturas de fuerza pertenecen a un escenario que aunque algún “tertulieta” quiera agitar, son inasumibles entre aliados en OTAN y socios en la UE. Y además, porque si jugáramos a ese peligroso juego, dudo mucho de nuestra voluntad política en el uso de la fuerza, mientras que no me cabe la menor duda de la voluntad de usarla por parte británica.

El Tireless en Gibraltar. FOTO: www.elmundo.es
Tenemos la legalidad de nuestro lado y eso hay que hacerlo valer. Hasta la desprestigiada ONU está de nuestra parte[8]Dialoguemos dónde y con quién hay que dialogar. Si quiere. Pero protejamos nuestros intereses, desde nuestro ecosistema, nuestros pescadores y nuestros comerciantes de la zona hasta nuestro prestigio internacional, sin una voz más alta que otra pero sin una cesión (más) en esas líneas rojas que tantas veces se han cruzado en el pasado. Control de personas, control de mercancías y control de capitales. En mi modestísima opinión, sólo con eso, empezaría a enderezarse la situación. Lejos todavía de una devolución efectiva del territorio a la Corona de España, sí, por desgracia, pero lejos también de la impunidad con la que actúan los gobernantes de “La Piedra” sabiendo que tienen detrás al “primo de Zumosol”, cada vez más venido a menos, eso también es verdad. Pero ojo, en una supuesta escalada, nosotros también podríamos pegar donde más duele en temas como la sanidad, las comunicaciones, el espacio aéreo… Daños colaterales, ya los hay. Honrados trabajadores españoles en Gibraltar o bodegas riojanas y gallegas cuyos caldos son boicoteados en restaurantes británicos (aquí lo tienen fácil, porque la comida y los vinos ingleses se boicotean solos...). Pero creo que hay que perseverar.

Las declaraciones vocingleras del señor Picardo, la petición de
Curiosa foto. El señor Picardo en el funeral de la ex-primer ministro
Margaret Thatcher. Levantando los ojitos detrás del embajador de
España y Dña. Esperanza Aguirre. Fuente:www.horasurdigital.com
observadores del 
Primer Ministro Cameron a la UE (sí, la denostada UE, esa de la que si pudieran se saldrían mañana mismo) y la llamada al boicot turístico de una europarlamentaria británica[9] que seguramente ha paseado alguna vez sus pellejos por alguna playa balear, son pruebas de que hemos pinchado en blando.

Como dijo el clásico: “Ladran, luego cabalgamos”.

Y por si no hubiera quedado claro: ¡Gibraltar español!





[1] Dejo a la sagacidad del lector la comparación del texto actual del artículo 12.2 con el previo, recogido en la Ley 85/1978, de 28 de diciembre, de Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, derogada en 2007. En su artículo 182 decía lo siguiente: Cualquier opción política o sindical de las que tienen cabida en el orden constitucional será respetada por los componentes de los Ejércitos. El militar deberá mantener su neutralidad no participando en actividades políticas o sindicales, ni tolerando aquellas que se refieren al ejercicio o divulgación de opciones concretas de partidos o grupos políticos o sindicales, dentro de los recintos militares. No podrá estar afiliado o colaborar en ningún tipo de organización política o sindical, asistir a sus reuniones ni expresar públicamente opiniones sobre ellas. Creo que era más que suficiente.
[2] Las declaraciones del Presidente de la Generalidad de Cataluña, D. Artur Mas, sobre el hipotético empleo de las Fuerzas Armadas españolas en Cataluña son sólo una prueba de ello.
[3] Nada más un dato: 50.000 sociedades para menos de 30.000 habitantes en 6,8 kilómetros cuadrados. Verde y con asas. Y esta es la parte institucionalizada. El tema del contrabando también es impresionante.
[4] Pérdida de: Menorca, Gibraltar, Sicilia, Sacramento, los Países Bajos, el Milanesado, Nápoles, Flandes y Cerdeña, es decir, la presencia española en Europa. Además y puede que incluso más grave, la concesión a Inglaterra del asiento de negros y el navío de permiso con América, que rompía el monopolio español del comercio con ultramar.
[5] Aunque el balance no fue del todo negativo ya que se recuperó Menorca y La Florida.
[6] Como aquel politicucho que en el 500 aniversario pedía perdón, pública y oficialmente, por la Colonización de América. Por cierto, como todo los mediocres en este país, ha creado escuela y ahora son legión los que repiten la cantinela. ¡Qué penita!
[7] Calpe y Abila, límite del mundo conocido. El Non Terrae Plus Ultra de los romanos. La primera en Gibraltar y la segunda, pese que le duela a Marruecos, en el monte Hacho de Ceuta. Por cierto, algo de mal fario debió dar poner a Gibraltar el nombre de Tariq ibn Zivad, quien dirigió el desembarco en la Península de las fuerzas del Califato Omeya en el 711.
[8] En 1964, España plantea la situación de Gibraltar ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, establecido de acuerdo con la Resolución de la Asamblea General 1514 (XV) siendo adoptadas, desde entonces, por la Asamblea General las siguientes Resoluciones: UNCR 2070, de 16 de diciembre de 1965, UNCR 2231, de 20 de diciembre de 1966, UNCR 2353, de 17 de diciembre de 1967, UNCR 2429, de 18 de diciembre de 1968 y UNCR 3286, de 13 de diciembre de 1974. A través de estas Resoluciones, se insta al inicio de conversaciones entre España y Gran Bretaña para poner fin a la situación colonial de Gibraltar, salvaguardando los intereses del pueblo gibraltareño. Se frena así, especialmente con la citada y primera UNCR 2070, el deseo británico de dar autodeterminación al Peñón de Gibraltar, como una entidad libre y sin estar sometido a la cláusula de la retroversión a España, además de por el Tratado de Utrecht, también y lo que es mas importante en el siglo XXI, de que no puede desmembrarse el territorio de un Estado, por causas de una supuesta descolonización.
[9] Que, por mí, encantado. Como ciudadano no afectado ni para bien ni para mal, que hubiera una limpieza de la panda de borrachos y calentonas que desde las Islas Británicas inundan nuestras playas en verano y se fueran a hacer “balconing”, por ejemplo, a El Cairo, no me importaría nada.

martes, 21 de mayo de 2013

LOS TRES ZAPADORES


 
El legionario y la Muerte. foto:www.todocoleccion.net

El zapador que cae en la alambrada
salvado ha, a cien que van detrás

Ayer murieron y el eco de la explosión ha agitado mi conciencia, sacándome de mi apatía frente al ordenador. Antonio, Manuel y José Francisco eran zapadores y legionarios y, por si eso fuera poca carta de presentación, también desactivaban explosivos. Los zapadores, para aquellos que no lo sepan, son una “raza” especial. Son, en el combate, la generosidad, el compañerismo, el valor y el servicio hecho soldado.

y sonriendo al cielo acude a su llamada
mientras sobre él, sus tropas ve avanzar.

Yo, humilde infante, ya los admiraba en aquellos primeros temas tácticos de fuego real de mi vida militar. Tras el avance, las compañías de fusiles nos deteníamos en esa última desenfilada antes de las posiciones enemigas. Recuperábamos el resuello, nos reorganizábamos, cambiábamos el último cargador y nos preparábamos para el asalto cuando, cubiertos por el humo, saltaban ellos hacia la alambrada con las pértigas explosivas en la mano. Con la adrenalina de la juventud militar disparada, poco más hacía falta para imaginarles corriendo entre las explosiones y los disparos de unos y otros esmerándose por abrir las brechas en una posición herida pero no vencida. Después, el trallazo atronador y la columna de humo, tierra y restos de alambrada que se levantaba sobre sus cabezas. “Qué grandeza” –pensaba, mientras agarraba con fuerza mi cetme listo para iniciar la carrera y limpiar las posiciones enemigas.

Vuela un fortín, sin que nadie lo impida
nadie sabrá que mano lo minó

Con la vista nublada por el sudor y el esfuerzo los veías a lo lejos, cuerpo a tierra y el brazo al cielo, indicando el camino que llevaba hacia “donde crecen las cruces de hierro[1]”. Cuando alguien me habla de los zapadores, esa es la imagen que viene inmediata a mi mente.

pues entre los cascotes entregó su vida,
vida inmortal del bravo zapador.

Pero los tres suboficiales legionarios que ayer murieron, lo hicieron
Bgda. Antonio Navarro
ejerciendo su especialidad de técnicos en desactivación de explosivos. Los EOD[2], o los TEDAX, como queráis llamarles, se han ganado su merecido prestigio en operaciones. Presentes desde el inicio en todos los teatros, ha sido en Afganistán donde han tenido que emplearse más a fondo. Allí, la amenaza IED está presente desde el momento en que cruzas la barrera de la base y ellos son la garantía que acompaña a cada columna.

Cualquier misión, en brecha o alambrada
la cumplirá con fiera decisión

Bgda. Manuel Velasco
Siempre preparándose, siempre estudiando, siempre jugándosela, hasta en la instrucción, porque ningún IED[3] es igual al anterior y la hora de la verdad no da mucho margen para el error. Cuando le colocas el rodillo al RG-31 para levantar los artefactos de presión, los accionan por radio o teléfono. Cuando pones inhibidores a los vehículos, vuelven al de presión o usan de tracción, o magnéticos, o colocan cargas dirigidas en las cunetas… Y allí siempre están ellos, los EOD, para descubrir la trampa que se oculta tras lo evidente. Para salvar vidas aun a costa de la suya. 

no cesará jamás sin verla realizada
si alienta aún, su noble corazón.

En enero murió en Afganistán el sargento EOD David Fernández, en febrero del año pasado cinco EOD del Ejército de Tierra y la Armada saltaron por los aires mientras se adiestraban en Hoyo de Manzanares. Detrás de la tragedia que suponen todas estas muertes, está, como ya he dicho, una profunda vocación de servicio.

y así al marchar, la frente levantada
siempre tendrá, el bravo zapador

Mis admirados zapadores han muerto en la Base “Álvarez de
Sgto. José Francisco Prieto
Sotomayor”, la base de la Brigada de La Legión, a escasos kilómetros de sus casas. Quizás por ello nos ha impactado un poquito más. Somos de memoria débil y mientras vamos asumiendo las bajas en operaciones hemos querido olvidar que esta queridísima profesión tiene ese lado oscuro. Estos desgraciados accidentes nos recuerdan el factor de riesgo intrínseco al ejercicio de la milicia. Riesgo que hay que minimizar pero nunca rehusar. Instruir, adiestrar, estudiar, preparar y volver a empezar. Esa es la única forma de arrinconar la fatalidad que, aún así, siempre llevamos en la mochila. El salto paracaidista, el tiro, la escalada, el buceo… cuando a estas palabras se le une el adjetivo “militar”, dejan de ser una actividad más o menos lúdica para convertirse en un tema muy serio.

laurel dará al castillo con su invicta espada
gloria será, de España su valor.

Esta semana volveremos a enterrar a tres buenos soldados. Tres legionarios. Y hoy he querido volver a sentarme a escribir para rendir mi pequeño homenaje a ellos, transmitir mi más cariñoso abrazo a sus familiares y amigos, y enviar mi más sincero apoyo a su jefes, compañeros y subordinados de la Legión. Hoy, de nuevo, la sangre de unos soldados se abre paso, limpia, en la pútrida actualidad. Descasad en paz, legionarios. Descansad en paz, zapadores. Descansad en paz, inmortales. Qué así sea.




[1] Diálogo impresionante de la película La Cruz de Hierro, dirigida por Sam Peckinpah, en 1977, y protagonizada por James Coburn, James Mason, Maximilian Schell y David Warner.
[2] EOD: Explosive Ordnance Disposal
[3] IED: Improvised Explosive Device