lunes, 17 de marzo de 2025

PRESENTACIÓN

Todo infante ha cavado alguna vez una trinchera con sus propias manos. En la nieve; en el desierto; en terrenos pedregosos, donde los picos no duran diez golpes; bajo la intensa lluvia o un sol abrasador. Pero al final, cuando acomoda su mochila, cuando marca sus sectores de tiro y la pausa le permite apoyar a un lado el fusil y curarse las ampollas, entonces le invade una grata sensación de refugio. Vana ilusión que desaparece cuando vuelve a tomar consciencia de su fragilidad ante lo que le rodea.
Pero como nuestros Tercios en la iglesia de Empel, cuando todo parece perdido ocurre el Milagro. Igual que aquel infante, me aferro a mi Inmaculada, con las botas hundidas en el barro hasta la caña, empapado y hambriento, procuro no tiritar para evitar que parezca que tengo miedo. Miro afuera y veo negros nubarrones, igual que el buen soldado del Tercio veía los buques y las formaciones del Conde de Holac hace 426 años. Veo a don Francisco de Arias de Bobadilla diciéndome: “los españoles prefieren la muerte a la deshonra”; y yo sólo espero poder romper el cerco…, y vivir para contarlo.

sábado, 4 de octubre de 2014

SE ACABÓ LA TEORÍA


Sí, se acabó la teoría. Después de casi nueve años pegándome con los ordenadores de los Estados Mayores del Ejército de Tierra y Conjunto, ha llegado el momento de ponerme, de nuevo, al frente de una unidad operativa. Esta vez un batallón, el batallón de Infantería Mecanizada "Cantabria" I/6. El "Heróico". Y el primer hito que todo oficial debe cumplir para hacerse cargo de su unidad es tomar el mando. La toma de mando se produce en un sencillo acto y es siempre un momento lleno de emoción, no sólo por su significado explícito, sino por todas las circunstancias que le rodean, especialmente la presencia de compañeros, familiares y amigos y la alocución que debe pronunciar el mando entrante. En mi caso, como supongo que en el de todos mis compañeros, me tomé muy en serio eso del discurso. Como siempre ocurre en el Ejército, de todo hay "vaca" (nunca sé si es con "v" o con "b" de background, pero el caso es que está ahí) y los discursos no iban a ser una excepción. No me gustó lo que leí. Me parecieron unos discursos llenos de tópicos y frases hechas. Lo que yo quería era dirigirme directamente a mis subordinados y decirles, desde el corazón, lo que quería de ellos y también lo que ellos podían esperar de mí. Nada más... y nada menos. Ahora lo cuelgo aquí, sabiendo que si Dios me permite acabar estos tres años de mando, yo en íntima reflexión y, porque así lo he querido, todos mis subordinados, sabremos hasta que punto he sido capaz de cumplir mi proyecto. No habrá premio ni castigo sea cual sea el resultado, sólo la satisfacción del deber cumplido o la amarga sensación del fracaso. 


Servicio, Sacrificio, y si la Patria así lo requiere y Dios lo permite, la muerte.

Esas son, para mí, las constantes que guían y sostienen el trabajo y la vida militar. Siempre presentes, fáciles de escribir, fáciles de decir, pero difíciles de asumir en toda su plenitud. Pero esto no es nuevo para vosotros, componentes del Batallón de Infantería Mecanizada “Cantabria”. Sé que sabéis lo que implica el servicio a España, sé que sabéis lo que es el sacrificio, tanto vuestro como de vuestras familias, y también sé que conocéis el escalofrío que recorre el cuerpo cuando despides a un compañero caído en acto de servicio. Lo sabéis a la perfección como unidad excepcional que sois, bregada en los teatros de Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Irak o El Líbano, pero también en el callado quehacer diario en territorio nacional.

Parto, pues, de la seguridad de que todos conocéis esta dinámica, por lo tanto, no esperéis grandes cambios. No os voy a pedir nada que no os hayan exigido ya los jefes que me han precedido. Nada que no esté ya perfectamente asumido en los genes de esta unidad. Así, me gustaría que retuvieseis ésta como la primera seña de identidad de mi periodo al frente del batallón: Servicio a España, sin dudas, ni egoísmos, ni cicaterías. Servicio a España por encima de todo y que se convierte en sacrificio cuando se realiza en contra del interés individual o, incluso, del de la propia unidad. Servicio a España, que tiene su máxima expresión, Dios no lo quiera, en el sacrificio de la propia vida. El lema de nuestro regimiento nos lo recuerda sin un atisbo de duda o vacilación: Ante todo: España; sobre todo: España; siempre: España.


Esa predisposición al servicio no es más que la constante preocupación por nuestra instrucción, por nuestro adiestramiento y por el mantenimiento de los vehículos, el armamento y el material que el Ejército pone bajo nuestra responsabilidad. Pero si ese celo de soldado debe ser factor común de todos los miembros del batallón, más importante aún es la preocupación constante que todos aquellos con responsabilidades de mando deben tener por sus subordinados. Desde el teniente coronel jefe del batallón al cabo jefe de escuadra. Somos Infantería, Infantería española, la mejor Infantería que han visto y verán los ejércitos del mundo, y aquí, lo más importante, es el infante. Es el bien más preciado y a él se subordinan tecnología y medios. Sólo el bien común puede relegarlo a un segundo plano.

Por eso quiero detenerme ahora un poco más en aquellos que ejercéis el mando en el batallón. Mis capitanes, mis jefes de sección y de pelotón… incluso vosotros, mis queridos cabos jefes de escuadra. Prestigio, ejemplaridad, templanza, iniciativa, resolución… Eso es lo que espero de vosotros. Aprended a interpretar el propósito de vuestro jefe directo más allá de sus palabras. Ante la duda o la ausencia de órdenes pensad, analizad rápido la situación y actuad, porque estáis preparados para ello. Con responsabilidad, porque cuentas se nos pedirán siempre de nuestras acciones u omisiones, pero actuad. No decidir es siempre la decisión equivocada. Aprovechad aquellos momentos del adiestramiento en los que las consecuencias de los errores se minimizan, para redoblar vuestra audacia. La confianza que obtengáis hoy, podrá salvar vidas mañana.

Pero todo este trabajo sólo puede dar buenos frutos si las relaciones que se establecen en el batallón están presididas por la lealtad. Lealtad, que es siempre un camino de doble dirección, no sólo entre jefe y subordinado, sino también entre compañeros de empleo. Lealtad, que no debe confundirse con el servilismo hacia el jefe, con el paternalismo hacia el subordinado o con el falso compañerismo entre iguales. Lealtad que se refuerza y se complementa con la necesaria disciplina que debe imperar en toda unidad militar. Es la lealtad la que nos ayuda a cumplir con nuestra obligación, a ser disciplinados, cuando el proceder del mando no nos es grato o llevadero. Es la lealtad la que nos permite hablar claro y franco tanto a nuestros superiores como a nuestros subordinados sin que nada se espere del favor ni se tema de la arbitrariedad; porque es esa lealtad una de nuestras características como soldados. Esta es la segunda seña de identidad que me gustaría recordarais. Sois, a partir de hoy, mi batallón, mi gente, si me permitís la expresión, y con la lealtad y la disciplina de la que os he hablado, me tendréis siempre, en mi puesto al frente de todos vosotros y dispuesto a apoyaros.

Asumo el mando del batallón en un cambio de ciclo tras la misión en El Líbano. También nuestro Ejército entra de lleno en un periodo de transformación. El cambio previsto en la fisionomía de nuestras brigadas no ha dejado indiferente a nadie. La versatilidad quiere ser el sello distintivo de las unidades que surjan de esta transformación y exigirá un importante esfuerzo a muchas de ellas. Pero nada de esto debe alteraros lo más mínimo porque el "Cantabria" ya es ejemplo de versatilidad y polivalencia. 

Somos capaces de combatir sobre nuestros PIZARROS y, si es necesario, desembarcar de inmediato, combatir a pie, embarcar de nuevo y continuar la acción sin interrupción alguna. Somos capaces, y así lo habéis demostrado, de desplegar en operaciones y operar con vehículos como los RG-31, los LMV LINCE o los BMR, porque sólo nos supone la transición de un complejo sistema de armas como es el PIZARRO a un vehículo más sencillo, cuyo cometido principal es el transporte. Somos capaces, en fin, de subirnos en un avión, en un helicóptero o embarcarnos y desplegar allí donde se requiera, y operar como una unidad puramente ligera, porque forma parte intrínseca de nuestro adiestramiento. Somos la versatilidad hecha unidad, porque cuando el adiestramiento termina para una unidad ligera, a nosotros nos queda el adiestramiento de nuestras tripulaciones. Porque cuando el adiestramiento termina para las tripulaciones de nuestro queridos compañeros acorazados, a nosotros nos queda el adiestramiento como unidad desembarcada.

Tampoco esto es una novedad. El general de la Brigada, a través de su Programa Anual de Preparación, deja claro lo que espera de nosotros:
Debemos estar preparados para ser empleados con un preaviso extremadamente corto, sin una preparación específica para la operación, en un terreno, un ambiente y un adversario desconocido o parcialmente desconocido y en un teatro de operaciones que puede estar situado a gran distancia del territorio nacional.

Para cumplir esta orden solo hay un camino: la instrucción y el adiestramiento intenso y constante. Y eso haremos. Progresivamente, sin prisas, pero sin pausa. 

También sabemos que no podemos combatir solos. Necesitamos, cada vez más, contar con apoyos y capacitadores. Por ello, tendremos que progresar en la integración con los carros de combate, en el empleo de Observadores Avanzados de Artillería, de Controladores de Fuegos Aéreos o de Zapadores y asumiremos, muy a menudo, el vital refuerzo en abastecimiento y mantenimiento del Grupo Logístico.


Pero, previo a todo esto, está la instrucción individual, como combatiente, de cada uno de nosotros. De todos y cada uno de nosotros, porque el fuego enemigo no sabe de estrellas, ni de galones. Una buena preparación física es la base sobre la que se construyen las primeras capacidades individuales que todo soldado debe poseer y mantener vivas. Sobre ellas, seguiremos trabajando la especialización, que es la que verdaderamente da valor añadido a la unidad. Todos somos piezas necesarias del engranaje que hace que el batallón sea la unidad de combate que debe ser. Y junto a toda esta preparación física, táctica y técnica, fomentaremos y prestaremos especial atención a los valores morales –que son los que guían nuestra conducta y nos diferencian de una banda de mercenarios–, a las manifestaciones externas de disciplina –individuales y también colectivas–, y al conocimiento de nuestro historial, la cohesión y el sentido de unidad.

No me olvido hoy de mis queridos especialistas. Sé el peso que tenéis en una unidad mecanizada y recuerdo las veces que, en anteriores destinos, me habéis sacado de situaciones comprometidas en operaciones y ejercicios. Las actividades de mantenimiento son una parte esencial de la instrucción y el adiestramiento, no algo que sirve para rellenar tiempos muertos. No pueden llegar a vuestras manos averías provocadas por un deficiente mantenimiento de primer escalón.
También espero de vosotros un adecuado nivel de adiestramiento en aquellas tareas tácticas que os competen, como parte de una unidad de combate que sois.

Creo que, a lo largo de estos minutos, he dejado claro que cuando hablo de empleo del batallón, de instrucción y adiestramiento, estoy hablando de combate. Porque la vocación de una unidad mecanizada como esta es el combate. La dura preparación para la situación más exigente, que jamás debe desaparecer de nuestro horizonte, lleva siempre aparejado el éxito en las situaciones que no lo son tanto, como habéis demostrado repetidas veces. La preparación del batallón será lo más parecida posible al modo en el que va a combatir, con una sola premisa: Ningún ejercicio en tiempo de paz vale la vida de un soldado. Esta es la tercera seña de identidad que quiero dejar clara hoy. En el marco y con las directrices del Regimiento y la Brigada en la que estamos encuadrados, el batallón buscará que su preparación esté dirigida y se asemeje lo más posible al combate, en el sentido más amplio de la palabra y en todos los escenarios a los que podríamos enfrentarnos.

Así que trabajaremos al máximo, como siempre lo ha hecho este batallón, con el sólo propósito de estar en las mejores condiciones de servir a España allí dónde se requiera y con la satisfacción del deber cumplido como único anhelo. Trabajaremos con todos los problemas que tienen y que puedan tener nuestros vehículos, con la disponibilidad de personal, carburante, munición y créditos que el mando determine, con el firme propósito de apurar al máximo las posibilidades que todo ello nos brinde y con el deseo de ser empeñados en las situaciones de mayor riesgo y fatiga. Deseo que expreso en este mismo momento frente a nuestro coronel y con la lealtad y el respeto que debo a nuestro batallón hermano.

El gran día de Gerona de Ramón Marí Alsina. El 26 de junip de 1809 el Regimiento Saboya
rompió el cerco, francés de la ciudad para entrar en ella y ayudar a su defensa.
Quiero hacer mención también al regimiento en el que estamos encuadrados. El regimiento de Infantería Mecanizada "Saboya" número 6, el "Terror", bonito sobrenombre para un regimiento. Pocas unidades pueden contar con un historial tan impresionante como el del Saboya. Tenemos la responsabilidad de recordar, honrar y engrandecer el legado de aquellos que nos precedieron en los casi 500 años que han transcurrido desde su creación en 1537. Los que combatieron en los campos de Italia, Flandes, Sicilia, Orán o Argel. En los sitios de Gibraltar, la recuperación de Menorca, en Barcelona, Cuenca, Badajoz, Ceuta, Melilla o el Protectorado. En Méjico, Cuba o Perú.  

Nadie mejor que un saboyano, el teniente coronel Francisco de Villamartín, expresó, en 1862, la responsabilidad del militar ante un futuro siempre incierto y ante el legado que recibe de Historia. Decía así:  Llegará un momento, no sabemos cuando, no sabemos por qué, en que seremos llamados a resolver una difícil cuestión de vida o muerte para la patria, y la resolveremos, porque cuando el destino decreta no hay fuerza humana que se oponga a la corriente de los sucesos impulsados por la mano de Dios.
Que la joven generación se persuada de lo mismo, que espere días de prueba, que temple su alma con el estudio y las virtudes para poder arrostrar de frente el peligro mostrando al mundo que somos los vencedores del Garellano y los vencidos de Rocroi, y cuando llamemos a la tumba de los héroes que en aquellos campos murieron, “Nos habéis dado una patria” –les diremos. “Nosotros la hemos engrandecido, tenemos derecho a dormir a vuestro lado”.





Componentes del Batallón “Cantabria”, asumo hoy el mando con la humildad de quien lleva tiempo alejado del barro, con la humildad de quien nunca sirvió en las filas de la Brigada “Extremadura” XI. Tomo hoy el mando y asumo la enorme responsabilidad que supone ponerme al frente de un grupo excepcional de guerreros como vosotros. Al frente de una de las mejores unidades que existe, y lo es, porque, como dije antes, está formada por soldados españoles y más aún, por infantes. Con la responsabilidad que supone haber sido elegido por el Mando frente a compañeros, frente a amigos, al menos tan válidos como lo pueda ser yo, para ejercer este importante cometido. Pero tomo hoy el mando, también, con todo el derecho que me otorgan 25 años de servicio a España y a nuestro Ejército en las filas del Tercio “D. Juan de Austria” 3º de la Legión, del Regimiento Mecanizado “Asturias” 31, del Mando de Operaciones Especiales, del Regimiento de Infantería “Garellano” 45, del Estado Mayor del Ejército y del Estado Mayor Conjunto. Sin pedir ni rehusar. Días felices, por qué no, pero días llenos también de sacrificio, de sudor, de esfuerzo, de cansancio, de sinsabores, de frustración, de jornadas interminables y de trabajo duro que hoy, aquí, tienen su recompensa. Tomo hoy el mando, en fin, con la misma ilusión con la que un día inicié mi andadura como oficial en la 49 promoción de la Academia General Militar. Sólo pido a la Inmaculada que me proteja y ayude en esta nueva etapa.



Ahora, queridos componentes del Cantabria, ya sabéis lo qué podéis esperar de vuestro teniente coronel.

(FIRMES)

Y, por primera vez al frente de vosotros, gritad conmigo: ¡Viva España!, ¡Viva el Rey! ¡Viva el Ejército!

sábado, 21 de diciembre de 2013

CUANDO OLVIDAR ES IMPOSIBLE


Monumento a las víctimas del terrorismo en
Madrid. Fuente: www.espormadrid.es

El día 22 amaneció templado, con un cielo azul limpio de nubes propio de finales de junio. Los alféreces cadetes de cuarto curso recorrimos en autobús los ochenta y pico kilómetros que separan la Academia de Infantería de la capital de España para visitar el Museo del Ejército, sito entonces en el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Final de curso, tiempo de relax y de preparar las maletas para el regreso a la Academia General Militar, pero también tiempo de tensión en espera de las notas finales.
Furgoneta oficial ardiendo tras el atentado de la Plaza de la República de
Argentina. Fuente: www.elmundo.es Foto: EFE
Casi al mismo tiempo que los futuros oficiales nos desparramábamos por las impresionantes salas del museo, las diez de la mañana, siete féretros cubiertos por sendas banderas de España entraban en el patio central del Cuartel General del Ejército al compás de la marcha fúnebre. Entre ellos, el de Fidel[1]. No conocí personalmente al teniente coronel Fidel Dávila Garijo, quizá lo vi fugazmente en algún momento de mi infancia, no lo recuerdo, pero sí tengo la suerte y el honor de contar entre mis mejores amigos a su hermano Juan de Dios. Nos conocemos desde el “cole”, Nuestra Señora del Pilar, donde coincidimos en la increíble “D”, cuando no levantábamos más de un metro del suelo (al menos yo, él es mucho más alto). Podría estar horas hablando de él, de la amistad, por supuesto, pero también del compañerismo, del honor, de la lealtad, del sacrificio, de cómo se pueden ejercer todas esas virtudes tradicionalmente denominadas “militares” desde tu "puesto en formación" en la vida civil. Pero no es el momento. Hoy viene a estás páginas como mi amigo y como hermano pequeño de Fidel.
Fidel Dávila Garijo
En aquel entonces, 1993, nuestra amistad había crecido y enraizado sólida, como lo ha seguido haciendo hasta el día de hoy. Era ya lo suficientemente fuerte como para, aprovechando un cambio de sala en el museo, abandonar el grupo de cadetes y dirigirme hacia el Cuartel General para estar con él. Los clavos de mis cordones rojos de cadete golpeaban al ritmo de la marcha forzada que imprimí hasta llegar a la calle Prim. No corrí. "Un militar no corre por Madrid vestido de uniforme de paseo y menos el día despues de un atentado" —pensé.
Llegué tarde. La marcha fúnebre volvía a sonar y los féretros comenzaban a salir por el túnel sur del patio de armas del imponente Palacio de Buenavista. Saludé el paso del cortejo con toda la fuerza y marcialidad de la que un jóven alférez de Infantería es capaz.
Momentos antes, el arzobispo castrense monseñor José Manuel
Restos del atentado de la plaza de la República de Argentina.
Fuente: www.elmundo.es Foto: F. Quintela
Estepa había dicho: "No cedamos en estas dolorosas circunstancias a la tentación de cosechar odio y deseo de venganza, que es la invitación que desde hace tantos años nos dirigen quienes con su siembra de violencia y sangre inocente se han sumido, ellos mismos, en el fango de la degradación más extrema e inhumana". No pude oirlo, pero los rostros de los militares que me rodeaban reflejaban pecisamente eso: dolor y odio.
El patio se fue despejando y, finalmente, puede acercarme a Juande. Tras la primera expresión de sorpresa, me recibió con una amplia y serena sonrisa. Una sonrisa que, por una lado, me resultaba enormemente llamativa en un escenario de dolor como aquel y, por otro, mostraba una inquebrantable seguridad que sólo la Fe verdadera puede dar. Años después recordaría esa sonrisa al leer lo que un corresponsal de guerra decía sobre la actuación del comandante Franco tras la batalla de Taxuda (Melilla), el 10 de octubre de 1921: "Lo de Franco en Taxuda ha sido maravilloso. Él ha salvado la situación. Cuando pasó el peligro sonreía nuevamente entre sus legionarios; pero con una sonrisa que casi me daba miedo, porque expresaba una serenidad imperturbable, pero al mismo tiempo, una cólera fría. Era una mezcla de tranquila seguridad en sí mismo y de la más violenta voluntad de vencer”. Desde entonces, después de cada atentado, me he acordado de aquella sonrisa de Juande. De la impresionante superioridad y fortaleza moral que reflejaba y que me ayuda, todavía hoy, a entender cómo las víctimas del terrorismo pueden continuar con sus vidas. Nos dimos un abrazo, que aproveché para tragar saliva. No podía ser yo quien flaqueara, cuando él estaba dándonos aquella lección de entereza. Poco más que dar un beso a su madre, una cordobesa impresionante rota por el dolor, pude hacer hasta que emprendí, de nuevo, mi marcha forzada hacia el museo para reincorporarme a mi curso.
El recuerdo de Fidel me ha acompañado varias veces en mi vida
Monumento a los caídos del Cuerpo de Estado Mayor en la Escuela
de Guerra de Madrid. La faja del Tcol. Fidel Dávila se encuentra en
la urna superior derecha.
militar, especialmente en estos últimos años de comandante. Varias veces durante el Curso Interarmas, primera parte del de Estado Mayor que se impartía en la Escuela de Guerra del Ejército, me acerqué al monumento a los caídos de este Cuerpo. Allí, delante de su faja azul de diplomado, tenía momentos de reflexión que me ayudaban a escapar del frenético ritmo del curso y clarificar mis dudas. Más tarde, ya destinado en el Estado Mayor Conjunto, su nombre escrito en una placa conmemorativa en la entrada principal, me recordaba cómo todo puede cambiar en un segundo. 
Han pasado muchas cosas desde aquella mañana de junio. Muchos otros militares han muerto asesinados por ETA. Muchos otros ciudadanos. También el panorama político-judicial se ha movido en este último mes, clavando un rejón más en el ya dolorido corazón de las víctimas con la derogación de la doctrina Parot y la instantánea aplicación de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. 
Mural con los rostros de las víctimas de ETA que se encuentra, a modo de
homenaje, en la página www.el pais.com
Las víctimas, su dolor y su dignidad, es lo único que ha permanecido impasible e impoluto, entre tanta mierda. Me he preguntado muchas veces qué es lo que impide que alguien que ha perdido de una manera atroz a su hijo, a su hermano, a su padre; alguien que ha visto como toda su vida se tambalea o, incluso, se derrumba en un instante de furia incompresible; qué le impide, digo, coger una escopeta, esperar en la puerta de la cárcel la salida del hijo de puta de turno y descerrajarle un tiro en la cabeza. Lo he visto hacer, por temas menores, en las misiones en las que he estado. Me lo he preguntado muchas veces y siempre ha acudido la sonrisa de Juande a mi rescate: La infinita superioridad moral de los que han sufrido el zarpazo del terrorismo frente a los asesinos. Eso y su confianza en el amparo por parte del Estado y la comprensión y el cariño del resto de la sociedad. El primero, porque impartirá la justicia que ellos no pueden ni deben aplicar y, el segundo, porque ahogará los ataques dialécticos y fácticos que puedan sufrir .
Por eso me cuesta entender lo que está pasando. Lo que lleva
Placa en el monumento a las víctimas del terrorismo en Madrid.
Fuente: www.espormadrid.es
pasando desde hace ya demasiado tiempo. Oigo mucho eso de "ETA está vencida". "¿Por qué?" —pregunto tímidamente cuando tengo la oportunidad—. "Porque no puede matar" —me han contestado más de una vez—. "¿Y para qué tendrían que matar actualmente?" —insisto—. Ni ellos mismos podrían creer hace unos años dónde están ahora. Nada más hay que tirar de hemeroteca e ir viendo lo que, asamblea tras asamblea y comunicado tras comunicado, fijaron como objetivos e ideario.
No, no lo entiendo y por eso quiero dejar aquí claro que, en mi condición de ciudadano español, estoy y estaré siempre con las víctimas del terrorismo. Y me tendrá enfrente, siempre, aquel que busque su desprecio, humillación, olvido o, incluso, esa indiferencia cada vez más generalizada en nuestra sociedad. Estaré ahí, aunque sólo sirva para demostrarles que sé, no el dolor que sienten —que sólo pueden entender los que lo han sufrido—, sino el enorme esfuerzo que están realizando para continuar la "normalidad" de sus vidas con la que esta cayendo. Con la que lleva demasiado tiempo cayendo. Aunque sólo sirva, como estas letras, para posicionarme fuera de la apatía generalizada y desmemoriada que hoy se considera "politicamente correcta". Aunque sólo sea para poder mirar a los ojos de mi amigo y poder responderle: "Semper fidelis, Juande, semper fidelis".




[1] A las ocho y cuarto de la mañana del 21 de junio de 1993, la banda terrorista ETA asesinaba en Madrid a seis militares y un civil que viajaban en una furgoneta oficial, haciendo detonar a su paso un potente         coche-bomba, cargado con 40 kilos de amonal, en la confluencia de las calles de López de Hoyos y de Joaquín Costa. Los etarras presenciaron la llegada de la furgoneta oficial del Estado Mayor de la Defensa (EMAD) a la plaza de la República de Argentina y accionaron a distancia el dispositivo que hizo estallar la mortífera carga. La onda expansiva afectó de lleno al vehículo oficial y el efecto de la metralla acabó con la vida de los siete hombres que viajaban en ella. Los muertos fueron: el teniente coronel del Ejército de Tierra JAVIER BARÓ DÍAZ DE FIGEROA; el teniente coronel del Ejército de Tierra FIDEL DÁVILA GARIJO; el teniente coronel del Ejército del Aire JOSÉ ALBERTO CARRETERO SOGEL; el teniente coronel del Ejército del Aire JUAN ROMERO ÁLVAREZ; el capitán de fragata de la Armada DOMINGO OLIVO ESPARZA; el sargento primero de la Armada JOSÉ MANUEL CALVO ALONSO y el funcionario civil del Ministerio de Defensa PEDRO ROBLES LÓPEZ. La explosión provocó, además de cuantiosos daños materiales, heridas graves a otros cuarenta ciudadanos, incluidos tres niños que esperaban en una parada cercana a que les recogiera el autobús del colegio. Se trataba de las hermanas Juana y María Gabriela Cañizo Canto, de 8 y 15 años, y de Luis Gabarda Pery, de 7, rescatado del lugar del atentado en una situación crítica por el policía Emilio Almendros Gomis, que lo trasladó urgentemente al Hospital Gregorio Marañón. Además de los tres niños, otras cinco personas resultaron también gravemente heridas: María Antonia Mezquita, Matilde Cuéllar, Fernando Flórez, Sonia Curabia y Juan Carlos Sobrino. Una hora después, hacia las 9:15 horas, el Ford Fiesta utilizado por los etarras para huir, estalló ante el número 85 de la calle de Serrano, cerca de la embajada de los Estados Unidos, hiriendo a otras tres personas, dos de ellas de gravedad: Miguel Alvero Suárez, de 26 años, y Carmen Redondo Prado, de 28.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

UNA LARGA PERO FLOJA EXCUSA Y UN DESAPASIONADO PERO PROFUNDO ¡GIBRALTAR ESPAÑOL!

FOTO: ecodiario.eleconomista.es

Las excusas son como los culos, todo el mundo tiene uno. Dejando esto claro, la verdad es que desde que volví de Afganistán no he logrado escribir una sola letra en este blog. Hice un paréntesis en mi silencio para decir adiós a tres compañeros legionarios y volví a mi “cueva” de eremita.  Cualquier cosa me parece banal comparada con la situación socio-político-económica —crisis moral y de valores al fin y al cabo— que estamos viviendo. Desde que llegué, y de eso hace ya más de seis meses, atiendo atónito a un diario y continuo “más difícil todavía” en todos los frentes. El problema es que cuando, bien “calentito”, he intentado escribir sobre alguno de estos temas de actualidad, se han encendido todas las luces de alarma (traducidas rapidamente en una potente colleja de mi mujer llamándome inconsciente). La Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas me lo deja bien claro, a mí y al resto de los militares. Su artículo 7 sobre neutralidad política y sindical, dice así:
FOTO: www.ejercito.mde.es
1. El militar está sujeto al deber de neutralidad política. No podrá fundar ni afiliarse a partidos políticos y mantendrá una estricta neutralidad pública en relación con la actuación de los partidos políticos.
2. El militar no podrá ejercer el derecho de sindicación y, en consecuencia, no podrá fundar ni afiliarse a sindicatos ni realizar actividades sindicales. Tampoco permitirá su ejercicio en el ámbito de las Fuerzas Armadas, salvo las que para el personal civil se contemplan en la Ley Orgánica 11/1985, de 2 de agosto, de libertad sindical y demás legislación aplicable. En todo caso mantendrá su neutralidad en relación con la actuación de los sindicatos.
Los miembros de las Fuerzas Armadas no podrán recurrir a los medios propios de la acción sindical, entendida como negociación colectiva, adopción de medidas de conflicto colectivo y ejercicio del derecho de huelga. Tampoco podrán realizar acciones sustitutivas o similares a este derecho, ni aquellas otras concertadas con el fin de alterar el normal funcionamiento de las unidades de las Fuerzas Armadas.


Y por si acaso a alguno no le hubiese quedado suficientemente claro, más tarde, en su artículo 12 sobre libertad de expresión e información, dice lo siguiente:

1. El militar tiene derecho a la libertad de expresión y a comunicar y recibir libremente información en los términos establecidos en la Constitución, sin otros límites que los derivados de la salvaguarda de la seguridad y defensa nacional, el deber de reserva y el respeto a la dignidad de las personas y de las instituciones y poderes públicos.
2. En cumplimiento del deber de neutralidad política y sindical, el militar no podrá pronunciarse públicamente ni efectuar propaganda a favor o en contra de los partidos políticos, asociaciones políticas, sindicatos, candidatos a elecciones para cargos públicos, referendos, consultas políticas o programas u opciones políticas.[1]
3. En los asuntos estrictamente relacionados con el servicio en las Fuerzas Armadas, los militares en el ejercicio de la libertad de expresión estarán sujetos a los límites derivados de la disciplina.

Mi compañera de gimnasio saluda satisfecha tras
gritar sus consignas.
No se puede negar la puntería del legislador. Parece como si hubieran querido incluir en un par de líneas a todos los personajes de las portadas de los periódicos de los últimos meses. Y lo ha logrado. Vamos, que me ha dejado espacio para dar caña al presidente de mi comunidad de vecinos por dejación de responsabilidades, protestar por la elección fraudulenta del delegado de clase de mi hija y mostrar mi indignación por la campaña que una militante feminista de mi gimnasio quiere hacer en contra de la depilación. “Deja que tu vello se exprese” —grita la tía.

Ahora en serio. En efecto, los militares vivimos en un silencio más o
menos forzado. Hasta cierto punto debe ser así, aunque haya muchísimo que hacer en aspectos de comunicación interna y externa de la Institución y, por qué no, en meditar un poco esa delimitación “preventiva” de la libertad de expresión que algunos se traen entre manos. Pero, como he dicho, debemos vivir en silencio sólo hasta cierto punto. En aquellos temas de peso en los que fuera necesario salir en defensa del colectivo militar, el Mando, escrito con mayúsculas, el top brass que dicen los anglófonos, es el que debería hablar por todos nosotros. Con todo el respeto, pero con todo el derecho y la dureza de representar al colectivo silente que les aupó con su trabajo a esos puestos de responsabilidad y, también, con toda la lealtad debida hacia el pueblo al que tendrán que defender si vienen mal dadas. Exactamente igual que ocurre en la mayoría de las democracias occidentales. La diferencia es que por ahí fuera no ven en sus militares los fantasmas que todavía hoy atemorizan a más de uno en este querido suelo patrio[2].


FOTO: EFE en www.elpais.com
Eso no significa que tenga simpatía por personajes como el coronel Martínez Inglés o el subteniente Bravo, adalides de una libertad de expresión en mi opinión mal entendida. Más aún, me repugnan, ambos, sobremanera. Como tampoco soporto a personajes que fueron ese Mando con mayúscula y tuvieron en su mano, no la solución que es inabarcable individualmente, pero sí el poner su granito de arena en dar luz en esta compleja situación. No lo hicieron entonces y ahora se rasgan las vestiduras y nos dan “la de moral” escribiendo artículos de opinión en periódicos de tirada nacional o en revistas especializadas, olvidando que los que estuvimos bajo su mando también sabemos leer y que, a diferencia de ellos, tenemos memoria. En fin, no me quiero encender (mi mujer está calentando muñecas a mi espalda)… Para otros temas
FOTO: www.tiempodehoy.com
menores, todos los militares, incluidos los dos perlas que he nombrado antes, sabemos las reglas del juego y los límites del campo. He leído, en innumerables ocasiones, “cartas al director” publicadas en periódicos de tirada nacional excepcionalmente escritas por militares en activo.  Oficiales y suboficiales. No hace falta ningún tipo de acción preventiva. Al que se pase se le aplica la normativa y legislación vigente, y punto. Sin acritud.

Escribo todo esto para salvaguardar el poco prestigio intelectual que me quede tras esta “sequía creadora” que he pasado y por ocuparme, de aquí en adelante y en estos tiempos turbulentos, de “otros temas” ajenos a los considerados de primera línea. Sí, reconozco que en relativamente poco tiempo logré acostumbrarme otra vez a la vida en la “civilización” tras la misión en Afganistán: horarios, familia, alimentación, clima, actividad (o, mejor dicho, descanso)… Fue un suave aterrizaje en todo… salvo en una cosa: No he sido capaz de digerir la pútrida atmósfera en la que vivimos. Y no me refiero a la contaminación atmosférica, que, para mierda, la que respiraba, literalmente, en Kabul. Hasta aquí mi patética excusa.

Calle "Gibraltar Español" en Balsicas. FOTO: www.elhistorias.com
Dicho todo esto, hoy quiero escribir sobre Gibraltar (¡español!). No es un secreto para el lector de este blog que tengo cierta simpatía por los británicos. Por el Ejército británico para ser más exactos. Son eficientes, eficaces, prácticos y valientes. Sinceramente, no son de los que me gustaría tener enfrente aunque, si tiro de árbol genealógico hacia atrás, seguro que alguno de mis ancestros le metió la faca entre las costillas a algún hijo de la Pérfida Albión o murió reventado por un cañonazo de alguno de sus navíos con patente de corso. Todo ello sin menoscabo de las especialidades de la casa que fueron los gabachos, los mambises y los rifeños.

Pero, salvando la incongruencia histórica que supone la existencia de
FOTO: espaciossecretos.com
una colonia en Europa, 
nuestro problema principal no creo que sean los británicos (entendidos como los habitantes de las Islas Británicas). Incluso con su cada vez más inútil intento de mantener una pose imperial que hace mucho tiempo que perdieron. El problema, en mi humilde opinión, es el memo de turno que gobierna La Roca, que realiza acciones unilaterales y que, en el nombre de su Graciosa Majestad, arrastra al gobierno de su metrópoli a terrenos pantanosos que preferiría obviar. El perfil de este tipo de bodoques lo conocemos perfectamente aquí porque tiene la misma “huella genética” que la fauna independentista-nacionalista autóctona. Nada más hay que haberles visto durante este último mes, inconfundibles, con qué vehemencia han mostrado su apoyo incondicional al señor Picardo.  Casi pleitesía enfermiza. Cualquier excusa es buena para posicionarse en contra del país que les da de comer. En fin, son esa “Quinta Columna” con la que debemos vivir todos los españoles de bien.

Gibraltar se incorporó a la Corona de Castilla en 1309. Su escudo fue concedido por los Reyes Católicos en 1502. Creo que su españolidad original es indiscutible. Lo que es ahora[3] o lo que supuso el Tratado de Utrecht en 1713[4] para España creo que está fuera de toda duda y es conocido por todos. La línea política seguida de forma más o menos forzada, más o menos voluntaria, desde que en aquel año salieran los pobladores españoles hacia Algeciras y lo que más tarde serían las poblaciones de San Roque y Los Barrios, ha sido, en general y salvo honrosas excepciones, bastante condescendiente. El último asedio español finalizó, tras cuatro años, allá por 1783, con similares resultados a los intentos anteriores[5]Fue la última vez que se intentó, seriamente, utilizar la fuerza como instrumento en la resolución de este conflicto. Desde aquella primera década del siglo XVIII, los españolitos fuimos cogiendo velocidad en la carrerilla hacia nuestro desplome del 98 y los ingleses, nuevos amos del “tinglao” y muy “venidos a más”, iniciaron su expansión en todos los frentes. Gibraltar (¡español!) incluido. Así, paulatinamente en estos tres siglos y ante nuestra mirada un poco bobalicona, han ido ampliando la extensión ocupada, tanto en el istmo como en el propio mar, cuyas aguas fuera del puerto jamás les pertenecieron: La Torre del Diablo y el Molino Viejo, la zona neutral, la Línea de Contravención, la verja, el aeropuerto, las ampliaciones del puerto, los rellenos en la bahía, el nuevo espigón… Se calcula que Gibraltar ha multiplicado por cuatro la extensión cedida oficialmente en Utrecht.

Como digo, la postura oficial española ha sido la habitual, siempre más
Ampliaciones de Gibraltar. Fuente: www.5wk.com
preocupados en 
pegarnos entre nosotros que en mantener cierta coherencia temporal en nuestra política exterior. Siempre con una convicción relativa en nuestras fuerzas y argumentos cuando no con un descarado derrotismo o un “buenismo” estúpido y acomplejado[6]. Siempre con un compatriota dispuesto a darte la puñalada trapera desde atrás, eso que tanto asombra al negociador extranjero que, atónito, asiste a la escenificación de la “cainita” española.

Pero antes de seguir, veamos qué dice sobre el tema el Tratado de Utrecht en su artículo X:
El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno. 
Pero, para evitar cualquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra. Y como la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos, y de aquí puede resultar que los soldados de la guarnición de Gibraltar y los vecinos de aquella ciudad se ven reducidos a grandes angustias, siendo la mente del Rey Católico sólo impedir, como queda dicho más arriba, la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra, se ha acordado que en estos casos se pueda comprar a dinero de contado en tierra de España circunvecina la provisión y demás cosas necesarias para el uso de las tropas del presidio, de los vecinos u de las naves surtas en el puerto.

Futuras ampliaciones (o en curso) Fuente:www.abc.es
Pero si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarán al fisco y presentada queja de esta contravención del presente Tratado serán castigados severamente los culpados. Y su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar, ni se dé entrada ni acogida a las naves de guerra moras en el puerto de aquella Ciudad, con lo que se puede cortar la comunicación de España a Ceuta, o ser infestadas las costas españolas por el corso de los moros. Y como hay tratados de amistad, libertad y frecuencia de comercio entre los ingleses y algunas regiones de la costa de África, ha de entenderse siempre que no se puede negar la entrada en el puerto de Gibraltar a los moros y sus naves que sólo vienen a comerciar.
Promete también Su Majestad la Reina de Gran Bretaña que a los habitadores de la dicha Ciudad de Gibraltar se les concederá el uso libre de la Religión Católica Romana.
Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla.


Curiosa redacción. Profética y previsora. Si simplemente hubiéramos forzado desde el primer momento su cumplimiento, otro gallo hubiera cantado allá por nuestras columnas de Hércules[7]Desde hace unas semanas el Gobierno de España está llevando a cabo unas medidas que no son más que el simple cumplimiento de la normativa de la Unión Europea (UE) y, por qué no, una aproximación a lo establecido en el Tratado de Utrecht. No me meto en la oportunidad o intenciones ocultas que puedan tener estas iniciativas (la pestuza de la que hablaba al principio de este artículo yo sigo oliéndola igual...). Analizo el hecho en sí. Aunque a alguno le puedan parecer suaves, son un buen inicio y, en mi no muy reflexiva opinión, el camino a seguir. Vamos a olvidarnos ya de flotas que vienen o se van. Ni nosotros vamos a asaltar la verja ni ellos van a bombardear Cádiz. Las posturas de fuerza pertenecen a un escenario que aunque algún “tertulieta” quiera agitar, son inasumibles entre aliados en OTAN y socios en la UE. Y además, porque si jugáramos a ese peligroso juego, dudo mucho de nuestra voluntad política en el uso de la fuerza, mientras que no me cabe la menor duda de la voluntad de usarla por parte británica.

El Tireless en Gibraltar. FOTO: www.elmundo.es
Tenemos la legalidad de nuestro lado y eso hay que hacerlo valer. Hasta la desprestigiada ONU está de nuestra parte[8]Dialoguemos dónde y con quién hay que dialogar. Si quiere. Pero protejamos nuestros intereses, desde nuestro ecosistema, nuestros pescadores y nuestros comerciantes de la zona hasta nuestro prestigio internacional, sin una voz más alta que otra pero sin una cesión (más) en esas líneas rojas que tantas veces se han cruzado en el pasado. Control de personas, control de mercancías y control de capitales. En mi modestísima opinión, sólo con eso, empezaría a enderezarse la situación. Lejos todavía de una devolución efectiva del territorio a la Corona de España, sí, por desgracia, pero lejos también de la impunidad con la que actúan los gobernantes de “La Piedra” sabiendo que tienen detrás al “primo de Zumosol”, cada vez más venido a menos, eso también es verdad. Pero ojo, en una supuesta escalada, nosotros también podríamos pegar donde más duele en temas como la sanidad, las comunicaciones, el espacio aéreo… Daños colaterales, ya los hay. Honrados trabajadores españoles en Gibraltar o bodegas riojanas y gallegas cuyos caldos son boicoteados en restaurantes británicos (aquí lo tienen fácil, porque la comida y los vinos ingleses se boicotean solos...). Pero creo que hay que perseverar.

Las declaraciones vocingleras del señor Picardo, la petición de
Curiosa foto. El señor Picardo en el funeral de la ex-primer ministro
Margaret Thatcher. Levantando los ojitos detrás del embajador de
España y Dña. Esperanza Aguirre. Fuente:www.horasurdigital.com
observadores del 
Primer Ministro Cameron a la UE (sí, la denostada UE, esa de la que si pudieran se saldrían mañana mismo) y la llamada al boicot turístico de una europarlamentaria británica[9] que seguramente ha paseado alguna vez sus pellejos por alguna playa balear, son pruebas de que hemos pinchado en blando.

Como dijo el clásico: “Ladran, luego cabalgamos”.

Y por si no hubiera quedado claro: ¡Gibraltar español!





[1] Dejo a la sagacidad del lector la comparación del texto actual del artículo 12.2 con el previo, recogido en la Ley 85/1978, de 28 de diciembre, de Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, derogada en 2007. En su artículo 182 decía lo siguiente: Cualquier opción política o sindical de las que tienen cabida en el orden constitucional será respetada por los componentes de los Ejércitos. El militar deberá mantener su neutralidad no participando en actividades políticas o sindicales, ni tolerando aquellas que se refieren al ejercicio o divulgación de opciones concretas de partidos o grupos políticos o sindicales, dentro de los recintos militares. No podrá estar afiliado o colaborar en ningún tipo de organización política o sindical, asistir a sus reuniones ni expresar públicamente opiniones sobre ellas. Creo que era más que suficiente.
[2] Las declaraciones del Presidente de la Generalidad de Cataluña, D. Artur Mas, sobre el hipotético empleo de las Fuerzas Armadas españolas en Cataluña son sólo una prueba de ello.
[3] Nada más un dato: 50.000 sociedades para menos de 30.000 habitantes en 6,8 kilómetros cuadrados. Verde y con asas. Y esta es la parte institucionalizada. El tema del contrabando también es impresionante.
[4] Pérdida de: Menorca, Gibraltar, Sicilia, Sacramento, los Países Bajos, el Milanesado, Nápoles, Flandes y Cerdeña, es decir, la presencia española en Europa. Además y puede que incluso más grave, la concesión a Inglaterra del asiento de negros y el navío de permiso con América, que rompía el monopolio español del comercio con ultramar.
[5] Aunque el balance no fue del todo negativo ya que se recuperó Menorca y La Florida.
[6] Como aquel politicucho que en el 500 aniversario pedía perdón, pública y oficialmente, por la Colonización de América. Por cierto, como todo los mediocres en este país, ha creado escuela y ahora son legión los que repiten la cantinela. ¡Qué penita!
[7] Calpe y Abila, límite del mundo conocido. El Non Terrae Plus Ultra de los romanos. La primera en Gibraltar y la segunda, pese que le duela a Marruecos, en el monte Hacho de Ceuta. Por cierto, algo de mal fario debió dar poner a Gibraltar el nombre de Tariq ibn Zivad, quien dirigió el desembarco en la Península de las fuerzas del Califato Omeya en el 711.
[8] En 1964, España plantea la situación de Gibraltar ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, establecido de acuerdo con la Resolución de la Asamblea General 1514 (XV) siendo adoptadas, desde entonces, por la Asamblea General las siguientes Resoluciones: UNCR 2070, de 16 de diciembre de 1965, UNCR 2231, de 20 de diciembre de 1966, UNCR 2353, de 17 de diciembre de 1967, UNCR 2429, de 18 de diciembre de 1968 y UNCR 3286, de 13 de diciembre de 1974. A través de estas Resoluciones, se insta al inicio de conversaciones entre España y Gran Bretaña para poner fin a la situación colonial de Gibraltar, salvaguardando los intereses del pueblo gibraltareño. Se frena así, especialmente con la citada y primera UNCR 2070, el deseo británico de dar autodeterminación al Peñón de Gibraltar, como una entidad libre y sin estar sometido a la cláusula de la retroversión a España, además de por el Tratado de Utrecht, también y lo que es mas importante en el siglo XXI, de que no puede desmembrarse el territorio de un Estado, por causas de una supuesta descolonización.
[9] Que, por mí, encantado. Como ciudadano no afectado ni para bien ni para mal, que hubiera una limpieza de la panda de borrachos y calentonas que desde las Islas Británicas inundan nuestras playas en verano y se fueran a hacer “balconing”, por ejemplo, a El Cairo, no me importaría nada.