lunes, 8 de junio de 2020

CARTA ABIERTA A MI AMIGO CARLOS RECALDE

Carlos en un alto. Curso de Básico Estival
de Montaña (Foto: R. Santisteban)
Queridísimo compañero, camarada, amigo Carlos:

Hoy me salto nuestras citas “regulares” de las formaciones, cuando conectamos en ese toque de corneta que me encoge el corazón, y he decidido escribirte. ¿La culpa? Ya sabes, esta bendita promoción que nos unió para siempre. Hoy ha sido Salva, en otras ocasiones, Manete. Todos los años por estas fechas, siempre hay alguno que nos pega un toque al resto y nos trae tu recuerdo. Sí, ya, no hace falta, pero el trabajo nos come y nuestras neuronas dan cada vez para menos… Todos lo agradecemos mucho, especialmente yo, que soy un desastre. 

¡25 años ya! ¡Qué barbaridad! Veinticinco años hace que este mundo se le quedó pequeño a tu gran corazón y te fuiste allí Arriba para poder ayudarnos mejor. Primero, a Marisa y María, ejemplo de entereza y serenidad durante todo este tiempo. Pude hablar con Marisa largo y tendido en las bodas de plata de nuestra salida de teniente. ¡Qué mujer! Ya te conté que tengo un amigo de la infancia en Irún. ¡Cómo me habla de vuestras familias! Yo, sonrío por dentro y pienso: “¡Qué me vas a contar…!”. Me encanta ver que tus chicas no han perdido el contacto. Te sonará a tópico, pero nada se plantea como promoción sin tenerlas en cuenta. Unas llamadas, unos correos, unos mensajes… ¡Y ahí está Marisa!

Carlos y yo a punto de salir para equitación. 1º AGM
(Foto: Pedro Erice)
Pero Carlitos, además, estoy seguro de que nos cuidas a nosotros. Antonio y tú, allí arriba, mano a mano, para que esta panda de soldados que formamos vuestra promoción, siga sirviendo a España. Y estoy seguro de que trabajáis duro porque no conozco una promoción igual. Alguno lo tengo más perdido, pero seguro que veis el papel que la XLIX está haciendo, ahora que hemos alcanzado puestos de mayor responsabilidad. Hace unas semanas veía a Javi por la tele, ¡el “albañil”!, ¿te acuerdas? Joder, parecía el ministro de Educación. ¡Qué tablas tiene ya, el tío, frente a las cámaras! Pues así, cada uno en su parcelita, todos. Quizás en cosas menos espectaculares y mediáticas, como Miner, que sacó a flote la compleja recepción de todos los nuevos vehículos de Infantería del Ejército, o Perico, que dobló despliegue en Irak —sé que velas por los que están fuera con un cuidado especial— y ahora está “remando” al lado del Jefe de Estado Mayor del Ejército. Menos espectaculares, como te digo, pero claves para que todo esto siga funcionando pese a la que está cayendo. Y dentro y fuera de las Fuerzas Armadas, que a España se la sirve de muchas formas y cada uno toma el camino que cree conveniente.

La sonrisa de Carlos. No la mostraba tan
abierta muy a menudo. Esta es del día en
el que nos entregaron, en 1ª AGM el
uniforme hidrofugado. ¡Picaba como el
infierno!
Reconozco que, a veces, echo de menos aquellos momentos en los que nuestra preocupación casi sólo era llegar a los puntos de una topográfica. Como aquella noche, de marcha por los barbechos toledanos —“y no atraveséis sembrados”, decían los “protos”…, je, je—. Tú llevabas el mochilón detrás y la placa de mortero delante. Como dijo el coronel Sánchez de Toca, en aquella magnífica conferencia que nos dio en la Academia de Infantería, nunca se sabe qué es peor, si el tubo o la placa… Pues ahí ibas tú, en un “bocadillo” pequeño —ni tú ni yo somos torres, reconócelo—, entre la mochila y la placa. Charlando, riendo y rajando…, que es lo que hacíamos los cadetes. Y, de vez en cuando, un "cigarrito pal pecho, por lo bien que lo hemos hecho”, que también te gustaba mucho eso del fumeteo. De repente, un tropiezo y de morros al suelo. La tierra arada, la placa y el peso de la mochila desplazada hacia delante formaron una "conjunción planetaria” que te dejó ahí clavado. No tenías forma de levantarte y, nosotros —ya sabes que un poco cabroncetes sí que somos—, disfrutamos el momento con unas risas.

L Curso Superior de Montaña. Día del accidente.
(Foto: JM G. Cabrero)
Nos recuerdo juntos en unas maniobras en Los Alijares. Un extraño lapsus de inactividad, los dos sentados en una ladera, mirando hacia la Ermita de la Virgen de Guía en ese momento mágico en el que el sol se pone en el horizonte y el frío empieza a calar. Fue una conversación pausada, seria, casi diría atípica para nuestros veintipocos años, sobre los cursos que haríamos al salir de la Academia. Mi propuesta sobre el de operaciones especiales no te convencía nada. El cigarrillo a los labios, calada profunda, negación y el humo saliendo pausado por tu nariz. Al final elegiste el superior de montaña. La bendita…, y la maldita montaña. Esa pared sur del Posets…

Estas y muchas otras escenas me vienen a la mente y siempre me provocan una sonrisa, cierta nostalgia… Pero nunca tristeza.

En fin, Carlos, no te entretengo más. Gracias por interceder por nosotros, dale un abrazo muy fuerte a ese armario empotrado que es Antonio y nos vemos cuando el Jefe diga. Estaré preparado y estoy seguro de que me jalonarás el camino en mi escalada. Hablamos en el próximo acto, cuando en el toque de oración, vuelva a fijar los ojos en el cielo con un nudo en la garganta… Cuídate, cuidaos. 

Un abrazo fortísimo de tu compañero, camarada y amigo,


viernes, 5 de junio de 2020

RECUERDOS DE BESMAYAH

Escudo del BDE III colgado en la entrada de la Plana
Mayor de Mando (Foto: BDE III)
Pronto se cumplen ya cuatro años de mi regreso de Irak, donde desplegué como Jefe de Instructores de Brigada del contingente español Alfa-India III. Legionarios, paracaidistas y después, nosotros, la desconocida pero gran “Panzerbelloten”, como cariñosamente llaman algunos a la Brigada “Extremadura” XI. Una responsabilidad y un reto relevar a unidades de tanta solera. Pero sin complejos, que de eso de “cardar la lana” sabemos un rato largo y muchos de sus componentes volvían a Irak después de pegar unos “tiritos” en 2004. En esos meses de misión escribí algunos artículos. Uno vio la luz –sobre el entrenamiento de la 72ª Brigada– y está incluido ya en este blog y hoy, limpiando carpetas en un disco duro, me he encontrado este. Así que ahí va, dedicado a mis chicos del “Saboya”, que tanto echo de menos ahora, metido en un despacho; a mi amigo Carlos Baró, al que tanto admiro y añoro también; y a todos los militares que siguen dando el callo por el mundo, con un ojo en la misión y otro en cómo el COVID19 afecta a sus familias en España. Va por todos ellos.


En el campo de tiro con instructores españoles y
americanos (Foto: BDE)
“¡Joder!”, –exclamé al golpearme, por enésima vez, el casco con la puerta del Pathfinder. “No sé cómo coño se mete Jimmy en el coche sin partirse el cuello”. En realidad dije “el puto cuello”, porque cuando estoy de misión me “asilvestro” un poco y hablo peor de lo habitual. Jimmy es uno de mis capitanes. Un “armario empotrado” de 2x2 de los que dan yu-yu. Está instruyendo a la compañía Ranger de la Brigada 72 iraquí y, a su lado, la mayoría de los “yundis” –soldados iraquíes en árabe– parecen de juguete. 

Repetíamos una y otra vez los procedimientos de combate urbano
(Foto: BDE III)
Pero volvamos al vehículo. Desde hace unos días tengo aquí, en la Unidad de Instructores de Brigada del Building Partner Capacity de Besmayah, dos Nissan Pathfinder de la Guardia Civil que refuerzan nuestra limitada capacidad de transporte y, en mi caso, me permiten salir de la Base “Gran Capitán” todos los días a ver a mis chicos sobre el terreno. Les despido a primera hora y, después de organizarme un poco la mañana, salgo a ver cómo van las cosas. Intento no interrumpir. Un apretón de manos, un poco de charla y unas risas si se tercia. Aprovecho también para hablar con los jefes de las unidades iraquíes, oír sus problemas y dejar claro el mensaje de que las decisiones que toman los instructores están respaldadas por su jefe. Me gustaría que les vierais. Son la profesionalidad y el compendio de las virtudes del soldado español. Ellos…, y ellas. Una capitán, Irene, manda el equipo de adiestradores de la unidad de Artillería iraquí, con una teniente, Sandra, también en sus filas. ¡Qué no me cuenten historias sobre la mujer en el Ejército! He ido viendo día a día, con tesón, esfuerzo y trabajo duro, cómo se han ganado a pulso el respeto de la unidad a la que adiestran. Las dos me demuestran cada día por qué su jefe de unidad apostó por ellas al proponérmelas y yo acerté al ver el envite. 

Ejercicio de tiro con BMP. El BPC III español fue el primero que pudo
instruir unidades acorazadas y mecanizadas del ejercito iraquí (Foto BDE III)
"Vámonos, Joaquín, dale caña” –dije. El cabo 1º Joaquín es mi conductor, mi ángel guardián y mi amigo. Nos conocemos desde mis tiempos de teniente en el Tercio Don Juan de Austria, 3º de la Legión. Después de mi madre, no hay nadie que esté más pendiente de mí que él. En mi vida le he visto una mala cara, un mal gesto por duras que fueran las circunstancias. Es de los que aprendió bien el espíritu de disciplina: “Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir”. Si me pasara algo sería capaz de bajar al mismísimo infierno a sacarme de allí. Eso, si otro cabo 1º, José –también viejo conocido del Tercio y que ha venido como escolta personal del coronel– no se le ha adelantado. De José se podría escribir un libro…, ¡y sería un best seller! “¿Te has tomado la pastillita, José?” –le digo con una sonrisa cómplice cuando le veo. “La llevo debajo de la legua, mi teniente coronel” –me responde socarrón. La última vez que no se la “tomó” montó una de narices… Un tío frío, calmado, pero con una resolución que asusta al que no le conoce. Su fusil, su pistola y el LAG-40 del Lince del coronel, siempre “niquelaos”. No, ningún “maquina” le pillará en fuera de juego. Le propuse al coronel que José fuese su escolta y no me arrepiento en absoluto. Con formas de ser totalmente diferentes, han congeniado bien y es normal verles juntos por la base. Hasta le acompaña todos los días a misa… ¡Y no es católico practicante! En esta misión se ha ganado el cielo, sin duda. La verdad es que soy un afortunado por tenerles a mi lado. Cuentan con mi cariño y mi respeto más allá del uniforme, las divisas o las circunstancias y me honran con su amistad. 

RG31 en el atardecer iraquí (Foto: BDE III)
Como si fuera lo más normal del mundo, Joaquín estiró la mano y encendió la radio. Habíamos hecho un intento de pillar alguna emisora con musiquilla la primera vez que salimos pero, ante el fracaso, me había olvidado de ella. “Cuando aprendí a tragar fuego, el circo ya se había ido de Albacete a Nueva York”. Sabina sonó, genial, como siempre. Vinagre y rosas. “Coño, Joaquín, tu tocayo. ¡Qué grandeza! ¿De dónde has sacado el CD?” –le pregunté. “Estaba dentro, mi teniente coronel. Ni idea de cómo ha llegado ahí”. Joaquín no dijo “ni puta idea” porque él no dice tacos. Ni siquiera de misión y menos delante de su teniente coronel. Es un tío “matizao”. 

Inmediatamente, la imagen de Carlos Baró vino a mi mente. Recordé
Con Carlos Baró, en 1995, durante un planeamiento en el Curso de
Operaciones Especiales (Foto: Pedro Erice)
aquello que leí una vez, una carta dirigida a sus familiares escrita el 6 de octubre de 2003, un mes y pico antes de su muerte: 
“Querida familia: aquí todo sigue normal, es decir, todo lo normal que puede ser la vida de un espía en Irak. Lo recordaré como el año que comí arroz con pollo unos días y pollo con arroz otros, que compré un taxi de 1979, perseguí espías del legendario y temible servicio secreto Mujabarat, compré voluntades entre los jeques de una tribu, hice fotografías a los miembros de Al Qaeda desde mi taxi cuando salían de la mezquita, me entrevisté clandestinamente con líderes chiitas radicales, traté con traficantes de armas, asesinos a sueldo, recorrí Bagdad a ritmo de Sabina, compré un coche de los fedayines de Sadam con varias matrículas, me confeccioné la documentación de mi propio coche, desayuné higaditos de pollo con huevos duros y pan, bebí cerveza camuflada en latas de refresco, fotografié casas seguras de leales al régimen desde un helicóptero, vestí como un árabe, conduje peligrosamente y sin matrículas, merendé dátiles con Coca Cola, viví a 57ºC, bebí cinco litros de agua al día sin mear ni gota, aprendí lo importante que es tener electricidad, viajé siempre con las armas preparadas...”[1].
El control de las bocas de fuego automático era clave en los
temas de fuego real (Foto BDE III).
A Carlos le encantaba Sabina[2]…, y a mí también. Posiblemente sea en lo único en lo que pueda igualarme a él. Es curioso cómo las canciones de alguien aparentemente tan distanciado de los que podríamos definir como valores militares nos “toque” tanto a muchos de los que vestimos de caqui. Seguramente porque hoy en día debemos ser la institución más puramente democrática. Apreciamos lo bueno o lo que consideramos lo bueno; respetamos con disciplina, cuando así debe ser, aquello que consideramos malo; y no lo emponzoñamos todo poniéndolo bajo la lupa podrida de la política. 

La verdad es que Carlos ha estado muy presente desde que aterricé
Un recuerdo de dónde está nuestra casa
(Foto: Pedro Erice)
en Irak. Estoy a unos 80 kilómetros en línea recta de donde cayó. Las dos unidades que nos han precedido en esta misión fueron sus unidades de referencia, La Legión y la Brigada Paracaidista, y ambas han honrado aquí su memoria. De hecho, el coronel Julio Salom, jefe del primer contingente español, propuso el suyo como nombre para la Base de Besmayah. No salió adelante. También tenemos las excepciones que confirman la regla a lo que acabo de escribir sobre la lupa. A alguno le debió dar un “jamacuco” al oírlo… Sí, “Gran Capitán” es menos problemático… En cualquier caso, un “T-wall” con su retrato me despide todas las noches cuando me voy a dormir. Me santiguo y le suelto un “Goliardo, hasta mañana”. Junto a él, el nombre de todos los caídos españoles en Irak. 

Desgraciadamente, la moral de victoria de las fuerzas que llegaban al BPC
español era más folclórica que otra cosa. También lo trabajamos (Foto BDE
III).
Seguimos nuestro camino hacia los campos de instrucción para ver cómo evolucionan las unidades iraquíes bajo nuestra tutela. Si no llegan a buen puerto, no será por el esfuerzo, la ilusión y la profesionalidad de los instructores. ¡Qué gente más excepcional! Como lo fueron, seguro, los de la BRILEG y la BRIPAC, pero estos son los míos y, simplemente por eso, son los mejores del planeta. Implicándose hasta las cachas. Precisamente por eso es un trabajo difícil. Por naturaleza, el soldado español conecta enseguida. Ya sean iraquíes, malienses, croatas, serbios... Lo llevamos en los “gérmenes”, como alguien dijo una vez. Veo la diferencia a diario, ya que mando instructores británicos, norteamericanos y portugueses. Sólo estos últimos se acercan un poco a nuestra forma de ser. Pero esa conexión que te permite acercarte a ellos con naturalidad, que te den besos de despedida –sólo los amigos lo hacen–, te cojan de la mano como si de una pareja paseando por el parque se tratase, te inviten a un falafel hecho en la trasera de una pick up –que expulsarás de tu cuerpo de forma explosiva en las siguientes horas–, te desmiguen el pollo con las manos y te lo pongan en tu plato o te cuenten sus confidencias, esa forma de ser, digo, es la misma que nos puede impedir reaccionar con la rapidez necesaria si la tortilla de la amenaza da la vuelta. Y aquí la tortilla está constantemente dando vueltas en el aire. Chinto, otro de mis capitanes, me lo recuerda constantemente. La cruz roja al mérito en combate que se ganó en Nayaf en 2004, pegando tiros y rescatando salvadoreños, le da bastante credibilidad. Otro “tough guy” que me gusta tener cerca. Soldados españoles, con todas sus letras, defectos y virtudes. Ellos no, los yundis, no tienen ese vínculo. Si alguna circunstancia rompiera la “luna de miel” en la que trabajamos, no les costaría un milisegundo rebanarnos el cuello. De un día para otro y sin mediar explicación. ¡Ris-ras! Para ellos sería normal y justificado. Mientras, nosotros seguiríamos dudando si desenfundar o no: “¡Con lo majo que es Hussein, cómo puede estar metiéndome ese jodido cuchillo entre las costillas…!” Otra cosa es que nuestros “ángeles guardianes” de la Unidad de Protección lo permitieran… Ellos son nuestro seguro de vida.

El otro día hubo un incidente leve en uno de los campos. Una “broma”
El contacto con los capitanes encargados de la instrucción de cada
unidad era constante (Foto BDE III).
de un par de yundis con uno de sus hummvie. Aquí a todo le llaman broma, cuando, en realidad, están testando tus medidas de seguridad o tu resolución. Cuando llegué al campo y el capitán me informó, cogí al jefe del batallón iraquí y le dije que, la próxima vez que ocurriera algo así, las ametralladoras de 12,70 mm. de la Unidad de Protección abrirían fuego contra el vehículo. Me quité las gafas de sol y puse la mejor cara de “hijodeputa-motherfucker” que pude. “Por vuestra seguridad, ya sabes” –le dije mirándole a los ojos y sabiendo que estaba entendiendo perfectamente a qué me estaba refiriendo. Luego relajé el gesto y más ji-ji, ja-ja, y hay que ver qué bonito está el campo en primavera… Cuanto más tiempo pasamos con ellos más difícil será que el instructor reaccione instintivamente ante una amenaza cierta. Lo sabemos, lo hemos trabajado en la preparación y ahora se lo recuerdo a la tribu constantemente. Los españoles que murieron aquí fueron, en la mayoría de los casos, ejecutados o delatados por personal de confianza. Sé que alguno por aquí piensa que me paso tres pueblos. “Otro Special Forces pirao” –deben de  pensar... 

La labor de los ángeles guardianes en los temas mecanizados de fuego real
se complicaba bastante (Foto BDE III).
Pero, no, lo tengo claro y la experiencia de Afganistán me refuerza en mi opinión y comportamiento. Mi principal misión aquí no es otra que mis 43 chicos vuelvan a casa con la suya cumplida y no escatimo esfuerzos para que así sea. Rezo por ellos todas las noches. El general de los US Marines “Mad dog” Mattis, que pasó entre Afganistán e Irak sus empleos de teniente coronel a general, tenía una frase muy ilustrativa al efecto: “Be polite, be professional, but have a plan to kill everybody you meet”. No es fácil, ni siquiera pensarlo. Hacerlo, matar a un hombre, menos. Y si encima has estado tomando té y bromeando con él, ni te cuento. Pero mientras, aquí seguimos. Aportando nuestro granito de arena a la lucha contra el Daesh. Pequeño granito –el que nuestro Gobierno dispone–, pero que nos llena de satisfacción.

Ahora tengo que dejar de escribir. El toque de oración romperá la noche y volveré a pedirle a Carlos, “Goliardo”, mi amigo, que siga velando por nosotros desde allí arriba. 

                                                                                             Besmayah, 29FEB16

T-WALL homenaje a Carlos Baró en Besmayah



[1] Extracto del artículo “Carlos Baró. El espía Novio de la Muerte”. Publicado en tiempodehoy.com
[2] Joaquín Sabina le correspondió y le dedicó una poesía que incluyó en su libro A vuelta de correo: “Mi hermano Carlos –escribe el cantautor– tenía, como todos los agentes secretos, un nombre en clave: Baracoa. La familia me ha autorizado a rimarlo, pero no a leer su diario. Estoy hablando de tres generaciones de agentes especiales que sabían que una tumba anónima era mejor que una estatua”.