miércoles, 4 de septiembre de 2013

UNA LARGA PERO FLOJA EXCUSA Y UN DESAPASIONADO PERO PROFUNDO ¡GIBRALTAR ESPAÑOL!

FOTO: ecodiario.eleconomista.es

Las excusas son como los culos, todo el mundo tiene uno. Dejando esto claro, la verdad es que desde que volví de Afganistán no he logrado escribir una sola letra en este blog. Hice un paréntesis en mi silencio para decir adiós a tres compañeros legionarios y volví a mi “cueva” de eremita.  Cualquier cosa me parece banal comparada con la situación socio-político-económica —crisis moral y de valores al fin y al cabo— que estamos viviendo. Desde que llegué, y de eso hace ya más de seis meses, atiendo atónito a un diario y continuo “más difícil todavía” en todos los frentes. El problema es que cuando, bien “calentito”, he intentado escribir sobre alguno de estos temas de actualidad, se han encendido todas las luces de alarma (traducidas rapidamente en una potente colleja de mi mujer llamándome inconsciente). La Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas me lo deja bien claro, a mí y al resto de los militares. Su artículo 7 sobre neutralidad política y sindical, dice así:
FOTO: www.ejercito.mde.es
1. El militar está sujeto al deber de neutralidad política. No podrá fundar ni afiliarse a partidos políticos y mantendrá una estricta neutralidad pública en relación con la actuación de los partidos políticos.
2. El militar no podrá ejercer el derecho de sindicación y, en consecuencia, no podrá fundar ni afiliarse a sindicatos ni realizar actividades sindicales. Tampoco permitirá su ejercicio en el ámbito de las Fuerzas Armadas, salvo las que para el personal civil se contemplan en la Ley Orgánica 11/1985, de 2 de agosto, de libertad sindical y demás legislación aplicable. En todo caso mantendrá su neutralidad en relación con la actuación de los sindicatos.
Los miembros de las Fuerzas Armadas no podrán recurrir a los medios propios de la acción sindical, entendida como negociación colectiva, adopción de medidas de conflicto colectivo y ejercicio del derecho de huelga. Tampoco podrán realizar acciones sustitutivas o similares a este derecho, ni aquellas otras concertadas con el fin de alterar el normal funcionamiento de las unidades de las Fuerzas Armadas.


Y por si acaso a alguno no le hubiese quedado suficientemente claro, más tarde, en su artículo 12 sobre libertad de expresión e información, dice lo siguiente:

1. El militar tiene derecho a la libertad de expresión y a comunicar y recibir libremente información en los términos establecidos en la Constitución, sin otros límites que los derivados de la salvaguarda de la seguridad y defensa nacional, el deber de reserva y el respeto a la dignidad de las personas y de las instituciones y poderes públicos.
2. En cumplimiento del deber de neutralidad política y sindical, el militar no podrá pronunciarse públicamente ni efectuar propaganda a favor o en contra de los partidos políticos, asociaciones políticas, sindicatos, candidatos a elecciones para cargos públicos, referendos, consultas políticas o programas u opciones políticas.[1]
3. En los asuntos estrictamente relacionados con el servicio en las Fuerzas Armadas, los militares en el ejercicio de la libertad de expresión estarán sujetos a los límites derivados de la disciplina.

Mi compañera de gimnasio saluda satisfecha tras
gritar sus consignas.
No se puede negar la puntería del legislador. Parece como si hubieran querido incluir en un par de líneas a todos los personajes de las portadas de los periódicos de los últimos meses. Y lo ha logrado. Vamos, que me ha dejado espacio para dar caña al presidente de mi comunidad de vecinos por dejación de responsabilidades, protestar por la elección fraudulenta del delegado de clase de mi hija y mostrar mi indignación por la campaña que una militante feminista de mi gimnasio quiere hacer en contra de la depilación. “Deja que tu vello se exprese” —grita la tía.

Ahora en serio. En efecto, los militares vivimos en un silencio más o
menos forzado. Hasta cierto punto debe ser así, aunque haya muchísimo que hacer en aspectos de comunicación interna y externa de la Institución y, por qué no, en meditar un poco esa delimitación “preventiva” de la libertad de expresión que algunos se traen entre manos. Pero, como he dicho, debemos vivir en silencio sólo hasta cierto punto. En aquellos temas de peso en los que fuera necesario salir en defensa del colectivo militar, el Mando, escrito con mayúsculas, el top brass que dicen los anglófonos, es el que debería hablar por todos nosotros. Con todo el respeto, pero con todo el derecho y la dureza de representar al colectivo silente que les aupó con su trabajo a esos puestos de responsabilidad y, también, con toda la lealtad debida hacia el pueblo al que tendrán que defender si vienen mal dadas. Exactamente igual que ocurre en la mayoría de las democracias occidentales. La diferencia es que por ahí fuera no ven en sus militares los fantasmas que todavía hoy atemorizan a más de uno en este querido suelo patrio[2].


FOTO: EFE en www.elpais.com
Eso no significa que tenga simpatía por personajes como el coronel Martínez Inglés o el subteniente Bravo, adalides de una libertad de expresión en mi opinión mal entendida. Más aún, me repugnan, ambos, sobremanera. Como tampoco soporto a personajes que fueron ese Mando con mayúscula y tuvieron en su mano, no la solución que es inabarcable individualmente, pero sí el poner su granito de arena en dar luz en esta compleja situación. No lo hicieron entonces y ahora se rasgan las vestiduras y nos dan “la de moral” escribiendo artículos de opinión en periódicos de tirada nacional o en revistas especializadas, olvidando que los que estuvimos bajo su mando también sabemos leer y que, a diferencia de ellos, tenemos memoria. En fin, no me quiero encender (mi mujer está calentando muñecas a mi espalda)… Para otros temas
FOTO: www.tiempodehoy.com
menores, todos los militares, incluidos los dos perlas que he nombrado antes, sabemos las reglas del juego y los límites del campo. He leído, en innumerables ocasiones, “cartas al director” publicadas en periódicos de tirada nacional excepcionalmente escritas por militares en activo.  Oficiales y suboficiales. No hace falta ningún tipo de acción preventiva. Al que se pase se le aplica la normativa y legislación vigente, y punto. Sin acritud.

Escribo todo esto para salvaguardar el poco prestigio intelectual que me quede tras esta “sequía creadora” que he pasado y por ocuparme, de aquí en adelante y en estos tiempos turbulentos, de “otros temas” ajenos a los considerados de primera línea. Sí, reconozco que en relativamente poco tiempo logré acostumbrarme otra vez a la vida en la “civilización” tras la misión en Afganistán: horarios, familia, alimentación, clima, actividad (o, mejor dicho, descanso)… Fue un suave aterrizaje en todo… salvo en una cosa: No he sido capaz de digerir la pútrida atmósfera en la que vivimos. Y no me refiero a la contaminación atmosférica, que, para mierda, la que respiraba, literalmente, en Kabul. Hasta aquí mi patética excusa.

Calle "Gibraltar Español" en Balsicas. FOTO: www.elhistorias.com
Dicho todo esto, hoy quiero escribir sobre Gibraltar (¡español!). No es un secreto para el lector de este blog que tengo cierta simpatía por los británicos. Por el Ejército británico para ser más exactos. Son eficientes, eficaces, prácticos y valientes. Sinceramente, no son de los que me gustaría tener enfrente aunque, si tiro de árbol genealógico hacia atrás, seguro que alguno de mis ancestros le metió la faca entre las costillas a algún hijo de la Pérfida Albión o murió reventado por un cañonazo de alguno de sus navíos con patente de corso. Todo ello sin menoscabo de las especialidades de la casa que fueron los gabachos, los mambises y los rifeños.

Pero, salvando la incongruencia histórica que supone la existencia de
FOTO: espaciossecretos.com
una colonia en Europa, 
nuestro problema principal no creo que sean los británicos (entendidos como los habitantes de las Islas Británicas). Incluso con su cada vez más inútil intento de mantener una pose imperial que hace mucho tiempo que perdieron. El problema, en mi humilde opinión, es el memo de turno que gobierna La Roca, que realiza acciones unilaterales y que, en el nombre de su Graciosa Majestad, arrastra al gobierno de su metrópoli a terrenos pantanosos que preferiría obviar. El perfil de este tipo de bodoques lo conocemos perfectamente aquí porque tiene la misma “huella genética” que la fauna independentista-nacionalista autóctona. Nada más hay que haberles visto durante este último mes, inconfundibles, con qué vehemencia han mostrado su apoyo incondicional al señor Picardo.  Casi pleitesía enfermiza. Cualquier excusa es buena para posicionarse en contra del país que les da de comer. En fin, son esa “Quinta Columna” con la que debemos vivir todos los españoles de bien.

Gibraltar se incorporó a la Corona de Castilla en 1309. Su escudo fue concedido por los Reyes Católicos en 1502. Creo que su españolidad original es indiscutible. Lo que es ahora[3] o lo que supuso el Tratado de Utrecht en 1713[4] para España creo que está fuera de toda duda y es conocido por todos. La línea política seguida de forma más o menos forzada, más o menos voluntaria, desde que en aquel año salieran los pobladores españoles hacia Algeciras y lo que más tarde serían las poblaciones de San Roque y Los Barrios, ha sido, en general y salvo honrosas excepciones, bastante condescendiente. El último asedio español finalizó, tras cuatro años, allá por 1783, con similares resultados a los intentos anteriores[5]Fue la última vez que se intentó, seriamente, utilizar la fuerza como instrumento en la resolución de este conflicto. Desde aquella primera década del siglo XVIII, los españolitos fuimos cogiendo velocidad en la carrerilla hacia nuestro desplome del 98 y los ingleses, nuevos amos del “tinglao” y muy “venidos a más”, iniciaron su expansión en todos los frentes. Gibraltar (¡español!) incluido. Así, paulatinamente en estos tres siglos y ante nuestra mirada un poco bobalicona, han ido ampliando la extensión ocupada, tanto en el istmo como en el propio mar, cuyas aguas fuera del puerto jamás les pertenecieron: La Torre del Diablo y el Molino Viejo, la zona neutral, la Línea de Contravención, la verja, el aeropuerto, las ampliaciones del puerto, los rellenos en la bahía, el nuevo espigón… Se calcula que Gibraltar ha multiplicado por cuatro la extensión cedida oficialmente en Utrecht.

Como digo, la postura oficial española ha sido la habitual, siempre más
Ampliaciones de Gibraltar. Fuente: www.5wk.com
preocupados en 
pegarnos entre nosotros que en mantener cierta coherencia temporal en nuestra política exterior. Siempre con una convicción relativa en nuestras fuerzas y argumentos cuando no con un descarado derrotismo o un “buenismo” estúpido y acomplejado[6]. Siempre con un compatriota dispuesto a darte la puñalada trapera desde atrás, eso que tanto asombra al negociador extranjero que, atónito, asiste a la escenificación de la “cainita” española.

Pero antes de seguir, veamos qué dice sobre el tema el Tratado de Utrecht en su artículo X:
El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno. 
Pero, para evitar cualquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra. Y como la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos, y de aquí puede resultar que los soldados de la guarnición de Gibraltar y los vecinos de aquella ciudad se ven reducidos a grandes angustias, siendo la mente del Rey Católico sólo impedir, como queda dicho más arriba, la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra, se ha acordado que en estos casos se pueda comprar a dinero de contado en tierra de España circunvecina la provisión y demás cosas necesarias para el uso de las tropas del presidio, de los vecinos u de las naves surtas en el puerto.

Futuras ampliaciones (o en curso) Fuente:www.abc.es
Pero si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarán al fisco y presentada queja de esta contravención del presente Tratado serán castigados severamente los culpados. Y su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar, ni se dé entrada ni acogida a las naves de guerra moras en el puerto de aquella Ciudad, con lo que se puede cortar la comunicación de España a Ceuta, o ser infestadas las costas españolas por el corso de los moros. Y como hay tratados de amistad, libertad y frecuencia de comercio entre los ingleses y algunas regiones de la costa de África, ha de entenderse siempre que no se puede negar la entrada en el puerto de Gibraltar a los moros y sus naves que sólo vienen a comerciar.
Promete también Su Majestad la Reina de Gran Bretaña que a los habitadores de la dicha Ciudad de Gibraltar se les concederá el uso libre de la Religión Católica Romana.
Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla.


Curiosa redacción. Profética y previsora. Si simplemente hubiéramos forzado desde el primer momento su cumplimiento, otro gallo hubiera cantado allá por nuestras columnas de Hércules[7]Desde hace unas semanas el Gobierno de España está llevando a cabo unas medidas que no son más que el simple cumplimiento de la normativa de la Unión Europea (UE) y, por qué no, una aproximación a lo establecido en el Tratado de Utrecht. No me meto en la oportunidad o intenciones ocultas que puedan tener estas iniciativas (la pestuza de la que hablaba al principio de este artículo yo sigo oliéndola igual...). Analizo el hecho en sí. Aunque a alguno le puedan parecer suaves, son un buen inicio y, en mi no muy reflexiva opinión, el camino a seguir. Vamos a olvidarnos ya de flotas que vienen o se van. Ni nosotros vamos a asaltar la verja ni ellos van a bombardear Cádiz. Las posturas de fuerza pertenecen a un escenario que aunque algún “tertulieta” quiera agitar, son inasumibles entre aliados en OTAN y socios en la UE. Y además, porque si jugáramos a ese peligroso juego, dudo mucho de nuestra voluntad política en el uso de la fuerza, mientras que no me cabe la menor duda de la voluntad de usarla por parte británica.

El Tireless en Gibraltar. FOTO: www.elmundo.es
Tenemos la legalidad de nuestro lado y eso hay que hacerlo valer. Hasta la desprestigiada ONU está de nuestra parte[8]Dialoguemos dónde y con quién hay que dialogar. Si quiere. Pero protejamos nuestros intereses, desde nuestro ecosistema, nuestros pescadores y nuestros comerciantes de la zona hasta nuestro prestigio internacional, sin una voz más alta que otra pero sin una cesión (más) en esas líneas rojas que tantas veces se han cruzado en el pasado. Control de personas, control de mercancías y control de capitales. En mi modestísima opinión, sólo con eso, empezaría a enderezarse la situación. Lejos todavía de una devolución efectiva del territorio a la Corona de España, sí, por desgracia, pero lejos también de la impunidad con la que actúan los gobernantes de “La Piedra” sabiendo que tienen detrás al “primo de Zumosol”, cada vez más venido a menos, eso también es verdad. Pero ojo, en una supuesta escalada, nosotros también podríamos pegar donde más duele en temas como la sanidad, las comunicaciones, el espacio aéreo… Daños colaterales, ya los hay. Honrados trabajadores españoles en Gibraltar o bodegas riojanas y gallegas cuyos caldos son boicoteados en restaurantes británicos (aquí lo tienen fácil, porque la comida y los vinos ingleses se boicotean solos...). Pero creo que hay que perseverar.

Las declaraciones vocingleras del señor Picardo, la petición de
Curiosa foto. El señor Picardo en el funeral de la ex-primer ministro
Margaret Thatcher. Levantando los ojitos detrás del embajador de
España y Dña. Esperanza Aguirre. Fuente:www.horasurdigital.com
observadores del 
Primer Ministro Cameron a la UE (sí, la denostada UE, esa de la que si pudieran se saldrían mañana mismo) y la llamada al boicot turístico de una europarlamentaria británica[9] que seguramente ha paseado alguna vez sus pellejos por alguna playa balear, son pruebas de que hemos pinchado en blando.

Como dijo el clásico: “Ladran, luego cabalgamos”.

Y por si no hubiera quedado claro: ¡Gibraltar español!





[1] Dejo a la sagacidad del lector la comparación del texto actual del artículo 12.2 con el previo, recogido en la Ley 85/1978, de 28 de diciembre, de Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, derogada en 2007. En su artículo 182 decía lo siguiente: Cualquier opción política o sindical de las que tienen cabida en el orden constitucional será respetada por los componentes de los Ejércitos. El militar deberá mantener su neutralidad no participando en actividades políticas o sindicales, ni tolerando aquellas que se refieren al ejercicio o divulgación de opciones concretas de partidos o grupos políticos o sindicales, dentro de los recintos militares. No podrá estar afiliado o colaborar en ningún tipo de organización política o sindical, asistir a sus reuniones ni expresar públicamente opiniones sobre ellas. Creo que era más que suficiente.
[2] Las declaraciones del Presidente de la Generalidad de Cataluña, D. Artur Mas, sobre el hipotético empleo de las Fuerzas Armadas españolas en Cataluña son sólo una prueba de ello.
[3] Nada más un dato: 50.000 sociedades para menos de 30.000 habitantes en 6,8 kilómetros cuadrados. Verde y con asas. Y esta es la parte institucionalizada. El tema del contrabando también es impresionante.
[4] Pérdida de: Menorca, Gibraltar, Sicilia, Sacramento, los Países Bajos, el Milanesado, Nápoles, Flandes y Cerdeña, es decir, la presencia española en Europa. Además y puede que incluso más grave, la concesión a Inglaterra del asiento de negros y el navío de permiso con América, que rompía el monopolio español del comercio con ultramar.
[5] Aunque el balance no fue del todo negativo ya que se recuperó Menorca y La Florida.
[6] Como aquel politicucho que en el 500 aniversario pedía perdón, pública y oficialmente, por la Colonización de América. Por cierto, como todo los mediocres en este país, ha creado escuela y ahora son legión los que repiten la cantinela. ¡Qué penita!
[7] Calpe y Abila, límite del mundo conocido. El Non Terrae Plus Ultra de los romanos. La primera en Gibraltar y la segunda, pese que le duela a Marruecos, en el monte Hacho de Ceuta. Por cierto, algo de mal fario debió dar poner a Gibraltar el nombre de Tariq ibn Zivad, quien dirigió el desembarco en la Península de las fuerzas del Califato Omeya en el 711.
[8] En 1964, España plantea la situación de Gibraltar ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, establecido de acuerdo con la Resolución de la Asamblea General 1514 (XV) siendo adoptadas, desde entonces, por la Asamblea General las siguientes Resoluciones: UNCR 2070, de 16 de diciembre de 1965, UNCR 2231, de 20 de diciembre de 1966, UNCR 2353, de 17 de diciembre de 1967, UNCR 2429, de 18 de diciembre de 1968 y UNCR 3286, de 13 de diciembre de 1974. A través de estas Resoluciones, se insta al inicio de conversaciones entre España y Gran Bretaña para poner fin a la situación colonial de Gibraltar, salvaguardando los intereses del pueblo gibraltareño. Se frena así, especialmente con la citada y primera UNCR 2070, el deseo británico de dar autodeterminación al Peñón de Gibraltar, como una entidad libre y sin estar sometido a la cláusula de la retroversión a España, además de por el Tratado de Utrecht, también y lo que es mas importante en el siglo XXI, de que no puede desmembrarse el territorio de un Estado, por causas de una supuesta descolonización.
[9] Que, por mí, encantado. Como ciudadano no afectado ni para bien ni para mal, que hubiera una limpieza de la panda de borrachos y calentonas que desde las Islas Británicas inundan nuestras playas en verano y se fueran a hacer “balconing”, por ejemplo, a El Cairo, no me importaría nada.

martes, 21 de mayo de 2013

LOS TRES ZAPADORES


 
El legionario y la Muerte. foto:www.todocoleccion.net

El zapador que cae en la alambrada
salvado ha, a cien que van detrás

Ayer murieron y el eco de la explosión ha agitado mi conciencia, sacándome de mi apatía frente al ordenador. Antonio, Manuel y José Francisco eran zapadores y legionarios y, por si eso fuera poca carta de presentación, también desactivaban explosivos. Los zapadores, para aquellos que no lo sepan, son una “raza” especial. Son, en el combate, la generosidad, el compañerismo, el valor y el servicio hecho soldado.

y sonriendo al cielo acude a su llamada
mientras sobre él, sus tropas ve avanzar.

Yo, humilde infante, ya los admiraba en aquellos primeros temas tácticos de fuego real de mi vida militar. Tras el avance, las compañías de fusiles nos deteníamos en esa última desenfilada antes de las posiciones enemigas. Recuperábamos el resuello, nos reorganizábamos, cambiábamos el último cargador y nos preparábamos para el asalto cuando, cubiertos por el humo, saltaban ellos hacia la alambrada con las pértigas explosivas en la mano. Con la adrenalina de la juventud militar disparada, poco más hacía falta para imaginarles corriendo entre las explosiones y los disparos de unos y otros esmerándose por abrir las brechas en una posición herida pero no vencida. Después, el trallazo atronador y la columna de humo, tierra y restos de alambrada que se levantaba sobre sus cabezas. “Qué grandeza” –pensaba, mientras agarraba con fuerza mi cetme listo para iniciar la carrera y limpiar las posiciones enemigas.

Vuela un fortín, sin que nadie lo impida
nadie sabrá que mano lo minó

Con la vista nublada por el sudor y el esfuerzo los veías a lo lejos, cuerpo a tierra y el brazo al cielo, indicando el camino que llevaba hacia “donde crecen las cruces de hierro[1]”. Cuando alguien me habla de los zapadores, esa es la imagen que viene inmediata a mi mente.

pues entre los cascotes entregó su vida,
vida inmortal del bravo zapador.

Pero los tres suboficiales legionarios que ayer murieron, lo hicieron
Bgda. Antonio Navarro
ejerciendo su especialidad de técnicos en desactivación de explosivos. Los EOD[2], o los TEDAX, como queráis llamarles, se han ganado su merecido prestigio en operaciones. Presentes desde el inicio en todos los teatros, ha sido en Afganistán donde han tenido que emplearse más a fondo. Allí, la amenaza IED está presente desde el momento en que cruzas la barrera de la base y ellos son la garantía que acompaña a cada columna.

Cualquier misión, en brecha o alambrada
la cumplirá con fiera decisión

Bgda. Manuel Velasco
Siempre preparándose, siempre estudiando, siempre jugándosela, hasta en la instrucción, porque ningún IED[3] es igual al anterior y la hora de la verdad no da mucho margen para el error. Cuando le colocas el rodillo al RG-31 para levantar los artefactos de presión, los accionan por radio o teléfono. Cuando pones inhibidores a los vehículos, vuelven al de presión o usan de tracción, o magnéticos, o colocan cargas dirigidas en las cunetas… Y allí siempre están ellos, los EOD, para descubrir la trampa que se oculta tras lo evidente. Para salvar vidas aun a costa de la suya. 

no cesará jamás sin verla realizada
si alienta aún, su noble corazón.

En enero murió en Afganistán el sargento EOD David Fernández, en febrero del año pasado cinco EOD del Ejército de Tierra y la Armada saltaron por los aires mientras se adiestraban en Hoyo de Manzanares. Detrás de la tragedia que suponen todas estas muertes, está, como ya he dicho, una profunda vocación de servicio.

y así al marchar, la frente levantada
siempre tendrá, el bravo zapador

Mis admirados zapadores han muerto en la Base “Álvarez de
Sgto. José Francisco Prieto
Sotomayor”, la base de la Brigada de La Legión, a escasos kilómetros de sus casas. Quizás por ello nos ha impactado un poquito más. Somos de memoria débil y mientras vamos asumiendo las bajas en operaciones hemos querido olvidar que esta queridísima profesión tiene ese lado oscuro. Estos desgraciados accidentes nos recuerdan el factor de riesgo intrínseco al ejercicio de la milicia. Riesgo que hay que minimizar pero nunca rehusar. Instruir, adiestrar, estudiar, preparar y volver a empezar. Esa es la única forma de arrinconar la fatalidad que, aún así, siempre llevamos en la mochila. El salto paracaidista, el tiro, la escalada, el buceo… cuando a estas palabras se le une el adjetivo “militar”, dejan de ser una actividad más o menos lúdica para convertirse en un tema muy serio.

laurel dará al castillo con su invicta espada
gloria será, de España su valor.

Esta semana volveremos a enterrar a tres buenos soldados. Tres legionarios. Y hoy he querido volver a sentarme a escribir para rendir mi pequeño homenaje a ellos, transmitir mi más cariñoso abrazo a sus familiares y amigos, y enviar mi más sincero apoyo a su jefes, compañeros y subordinados de la Legión. Hoy, de nuevo, la sangre de unos soldados se abre paso, limpia, en la pútrida actualidad. Descasad en paz, legionarios. Descansad en paz, zapadores. Descansad en paz, inmortales. Qué así sea.




[1] Diálogo impresionante de la película La Cruz de Hierro, dirigida por Sam Peckinpah, en 1977, y protagonizada por James Coburn, James Mason, Maximilian Schell y David Warner.
[2] EOD: Explosive Ordnance Disposal
[3] IED: Improvised Explosive Device

sábado, 8 de diciembre de 2012

LA INFANTERÍA ES COMO SU PATRONA

La visité todas las noches que dormí en la Academia. Antes de acostarme, pasaba por su capilla en penumbra y me arrodillaba a Su vera. Le daba las gracias por el día pasado y le pedía que me echara un cable en el que entraba. Recuerdo momentos de angustia y de alegría, los ojos fijos en aquella imagen de la Inmaculada. Desde entonces, siempre me ha acompañado en mi vida de infante y nunca me ha dejado de Su mano. Y os aseguro que no se lo he puesto fácil.

Hoy en Kabul ha hecho un día sorprendentemente templado y soleado que ha calentado un poco más nuestros corazones de infantes. Hemos recordado  a nuestra Patrona con una sencilla formación. Homenaje a nuestros muertos e himno de Infantería. Hacía mucho tiempo que no lo cantaba. Es un daño colateral de estar destinado en un Estado Mayor fuera de las unidades, demasiado tiempo ya. No me acordaba de lo que me gusta y de lo orgulloso que me siento de ser infante. Después, unos gazpachos manchegos. 

Pero hoy, como estoy haciendo últimamente para mantener vivo este blog durante mi despliegue, no seré yo quien escriba. Era alférez cadete en Toledo cuando un coronel vino a darnos una de las innumerables conferencias que recibimos en nuestros dos años toledanos. "Otro ladrillaco" -pensamos todos. Pero no, ese coronel nos enganchó desde el primer momento de tal forma que obligamos a nuestro "primeraco" a pedirle el texto de su alocución. 

Era el coronel José María Sánchez de Toca y Catalá, infante, Doctor en Historia y una pluma formidable. Aquí está su discurso, como homenaje a mi Fiel Infantería y humilde agradecimiento a la Inmaculada, mi Patrona y, también, la de España. 

INFANTERÍA es un soldado febril que exige un puesto de primera linea, le pegan tres tiros, pierde una mano y aún le quedan ganas de escribir El Quijote. Se llama Cervantes, pero también podrían contestar a lista como Alonso de Ercilla, Lope de Vega o Calderón.
Es también el Cabo que grita en la alambrada que tiren sobre él porque está rodeado; o el que se queda ciego de una explosión y, ciego y todo, destruye unos carros y rechaza el ataque.
El Sargento legionario que muere en el asalto, y viene a saberse en sus papeles que era Grande de España. O el Brigada que toma el mando de la Compañía batida y aplastada y la saca adelante. El Alférez que pierde los dos brazos, y sostiene la Bandera con los codos; o el Teniente que entra pistola en mano en una cueva a desalojar a un puñado de enemigos armados.

INFANTERÍA es un Capitán al que han dejado cojo de un cañonazo y prepara su Compañía para empresas divinas; el Comandante que acompaña a su General al destierro, aunque ni está obligado ni comparte sus ideas; o el que cuando recibe la orden de retirarse se queda con los oficiales a cubrir la retirada de los soldados y al final solicita: "Fuego sobre nosotros".
La INFANTERÍA es perdonen la insistencia el Teniente Coronel que en la alternativa entre el fusilamiento o dos ascensos se niega a traicionar a los suyos; o el Coronel que no se rinde aunque le fusilen al hijo. El General que planta cara al amo de Europa, o el que replica que la retirada es al cementerio.

Pero estos son la INFANTERÍA excepcional. Mejor aún, la INFANTERÍA que se crece cuando vienen mal dadas. Porque la vida cotidiana de la INFANTERÍA no es heroica; solamente cansada. A veces aburrida y casi nunca triste.
Lo normal es la fatiga, el frío, la mojadura, el sudor. Lo corriente, lo que marca el programa, es que le duelan hasta las botas; la garganta seca y el pulso disparándose en las sienes, un chorro entrecortado de fuego en los pulmones, surcos morados en los hombros. Dormir en la nieve o salir del avión al oscuro silencio del salto nocturno. Trepar interminablemente para volver a bajar hasta que tiemblen las rodillas. Tirarse al suelo sin resuello cada veinte metros. Acarrear una mochila inmensa y una ametralladora, una radio, o el tubo o la placa del mortero. Nunca se sabe qué es peor, si la placa o el tubo; hay opiniones.

Lo ordinario son las horas de guardia esperando que no pase nada, que es lo mejor que puede pasar. La sed. El hambre. Quedarse aterido o abrasarse, o ambas cosas a diferentes horas; y todo ello procurando sonreír y cantar. Y todo eso no agota lo que es la INFANTERÍA.
INFANTERÍA es tratar de hacer bien lo que hay que hacer, aceptando de entrada que puede salir mal, y asombrarse gozoso cuando sale bien. Es esforzarse sin pedir nada a cambio; si acaso un rato de vidilla, porque la INFANTERÍA es humilde hasta para pedir, por no darse importancia. Como el Gobernador de Filipinas que solicitaba razonablemente una Compañía de Infantería española para conquistar China, y no se la dieron porque no la había. Sino, quién sabe cual sería hoy la mayor nación de habla española. INFANTERÍA humilde y necesaria como el pan, que moja en todas las salsas y por Dios que no falte. INFANTERÍA machacada y estrujada como uvas que se hacen vino alegre y suben a la garganta en palabras sencillas: "esto no es nada", "está hecho", "no importa" o "todavía aguanto". Naturalmente, no nos engañemos, la INFANTERÍA reniega, pero sólo lo justo y para que quede claro que es humana.

La INFANTERÍA es mayormente andar, dormir en el suelo y compartirlo todo. Es haber entendido que se vive para los demás; que la vida es una larga marcha hasta llegar al salto de la muerte a la vida; y verlo bien y no tomarlo a la tremenda. Y es que hasta cierto punto (sólo hasta cierto punto, porque somos de barro y Ella es Inmaculada), la INFANTERÍA es como su Patrona; y esta es afirmación que debe esclarecerse:
Probablemente la que dijo: "Hágase en mí según tu palabra" se mire en los que aceptan, obedecen y aguantan. La que arrancó de su Hijo, en un milagro antes de tiempo, seiscientos cuarenta litros de buen vino, es porque le gusta que se beba y se ría. La Hija predilecta del que a Sí mismo se llama Dios de los Ejércitos; a la que compararon a modo de piropo con un Ejército en orden de batalla, no puede ser indiferente a los soldados. La Madre de aquel Hijo andariego que dormía en el suelo y lo compartió todo, puede entender muy bien la vida del infante. Porque se ha de advertir que aunque es Madre de todos, que eso no se discute, hay indicios que apuntan a que la Inmaculada tiene predilecciones.

Placa colocada por el ejército norteamericano en
homenaje a las victimas españolas del Yak en la base
aérea de Manás.
Un encuentro (no diré casual, porque no es fácil apreciar desde aquí lo que hacen ahí arriba); hubo un encuentro, digo, en una situación de vida o muerte en que la INFANTERÍA veía sólo muerte una visión que aclara mucho el orden de valores y el verdadero sentido de las cosas. Un 7 de Diciembre de hace bastantes siglos, la INFANTERÍA tuvo que enterrarse en una isla sitiada por barcos enemigos; cada uno preparaba su tumba en la trinchera que excavaba cuando un soldado cualquiera encontró a la Purísima en el barro. Una imagen lozana como acabada de salir de las manos del artista; y al saberlo, los infantes recordaron el hecho de que la Virgen no abandona a los suyos.

Lo demás ya lo saben; fue el milagro de Empel, que dicen los católicos, o una desafortunada concurrencia de circunstancias insólitas, que dijo el enemigo.
Aquella noche heló y el 8 de Diciembre, el día de la Purísima, la flota huyó y la INFANTERÍA española, hambrienta y aterida, rompió el cerco en dos horas.
Por eso desde entonces, hay una larga historia de amor mutuo. Una historia de amor que hace cien años tuvo el refrendo de una Real Orden nombrándola Patrona oficialmente.
Una historia de amor fácil de contar:
Ella que mira siempre por nosotros.
Nosotros, que la llevamos siempre en la mochila de nuestro corazón.