sábado, 25 de junio de 2011

NUESTRA RAZA NO HA MUERTO AÚN

FOTO: www.asasve.es

Es la tarde del 4 de junio de 1923. El teniente coronel Rafael de Valenzuela y Urzaiz llega a Tarfesit, en nuestro antiguo protectorado marroquí, al mando de la I, II y IV Banderas del Tercio. La situación en Tizzi-Assa, una posición de difícil defensa a la que se accede a través de una serie de morabos que desembocan en el barranco de Iguermisen, es ya insostenible por el férreo cerco al que la someten los moros de la tribu de los Beni-Urriaguel. Los convoyes de aprovisionamiento son incapaces de auxiliar a los defensores, tanto por lo abrupto del terreno como por el hostigamiento continuo al que son sometidos.
El teniente coronel Valenzuela reúne a su hombre y les dirige las siguientes palabras: “Caballeros Legionarios: mañana salvaremos a nuestros compañeros de Tizzi Assa. Mañana entrará el convoy o moriremos todos. Mañana ejecutaremos esta hazaña, porque nuestra raza no ha muerto aún”.

FOTO: www.asasve.es
Con el alba del día 5 se inician los combates. El ímpetu de legionarios y regulares arrolla inicialmente a los rifeños, hasta que se hacen fuertes en la escarpada zona de Cuesta Colorada. Las bajas se multiplican[1] y la sombra de Annual y Monte Arruit planea sobre las fuerzas que capitanea el coronel Gómez Morato. Pero cuando parece que la línea española va a ceder finalmente, una figura se yergue, la pistola en la mano derecha y el gorrillo legionario en la izquierda, gritando “¡A mí los valientes!, ¡Viva la Legión!”. El corneta toca “paso de ataque para La Legión” y tras las guerrillas[2] de la II Bandera avanza el jefe legionario arrastrando con su ejemplo a todos los que le observan. Se liberó Tizzi Assa, pero el Tercio perdió a una de sus figuras más emblemáticas. Cuando dos días después recogieron su cadáver, yacía escoltado por sus gastadores, su enlace y los camilleros que acudieron en su ayuda[3].

Foto: Mónica Bernabé (El Mundo)
Toda generación piensa que es mejor que la siguiente. Esta afirmación se cumple, como no podía ser de otra manera, en mi querido Ejército. Los que hicieron la guerra, frente a los que no. Los que ingresaban mediante “selectivo”, frente a los que no. Los que hicimos cinco años de academia militar ”pura”, frente a los que saldrán con una licenciatura civil. En realidad lo lógico sería lo contrario: cada generación es mejor que la anterior, más preparada, principalmente porque ha asumido los errores de ésta.

Como llevo mostrando desde que escribí mi primer artículo, echo de menos muchas actitudes militares del pasado, asentadas durante siglos de milicia (siglos, a ver si algún “singermornings” me va a tachar ahora de nostálgico del franquismo…), principalmente relacionadas con valores morales, sin las que una institución como las Fuerzas Armadas no puede sostenerse. Pero el otro día me contaron algo que me hizo pensar que “nuestra raza no ha muerto aún”. Creo que merece la pena compartirlo con quien pueda leer este artículo.

foto: www.regioncanarias-diariodigital.blogspot.com
El sábado, 18 de junio, un MRAP[4] “Lince” de la ASPFOR[5] XXVIII era atacado mediante un IED[6] mientras patrullaba en la ruta Lithium. Hirió a sus cinco ocupantes. El teniente jefe de sección y la soldado conductora se llevaron la peor parte, tras sufrir la amputación traumática de una pierna. Fueron evacuados rápidamente al ROLE-2[7] de Bala Murghab donde fueron intervenidos de urgencia. Una vez estabilizados se preparó su repatriación. El avión medicalizado hizo escala en Nápoles y allí un coronel español, legionario y con un hijo de la misma promoción que el teniente, tuvo la oportunidad de visitar “a sus chicos” en la propia aeronave. Tras ser autorizado por el médico, se acercó a ellos. El teniente le reconoció inmediatamente e intentó incorporarse para saludar militarmente de la mejor manera. ¡Qué grandeza! ¡Como cuenta Millán-Astray que hacían los heridos en campaña!. Después le dio el “parte” de la situación y le comentó que lo que más le preocupaba era el estado de su conductora. Según contaron los médicos, al salir del shock sus primeras palabras fueron también para preguntar por el estado de sus hombres. El coronel se despidió, con un nudo en la garganta, no sin que antes el teniente le diera las gracias por “haberle subido la moral”.

Foto: www.juandeherat.blogspot.com
Esta es sólo una muestra de la valía de nuestros soldados. Este ejemplo está generalizado entre nuestros chicos “de la trinchera”. Jóvenes oficiales, suboficiales y tropa que se la juegan a diario lejos de sus casas, inmersos en la ignorancia o la indiferencia del resto de sus conciudadanos. Sin darse importancia porque, en efecto, no la tiene en un mundo egoista. Sólo, como decía uno de mis cabos 1º, “por un cigarrito pal pecho, por lo bien que lo hemos hecho”. Pero, ¡ay, de los uniformados que corrompan, manipulen, oculten o intenten privar, aunque sea un ápice de gloria, a los que están muriendo en operaciones! ¡Ay, de los que traicionen sus principios por un puesto, una cruz o un ascenso! ¡Ay, de los que doblen la cerviz ante el político sin tener en cuenta que con ello arrodillan a todo un colectivo! A esos, que Dios les perdone, porque yo no lo haré nunca. Estoy seguro de que en el infierno hay un lugar especial para ellos.

Foto:  Antonio Ramón Barreda (www.esculturaurbana.com)
Decía don Francisco de Villamartín: “Llegará un momento, no sabemos cuando, no sabemos por qué, en que seremos llamados a resolver una difícil cuestión de vida o muerte para la Patria, y la resolveremos, porque cuando el destino decreta no hay fuerza humana que se oponga a la corriente de los sucesos impulsados por la mano de Dios (…). Que la joven generación se persuada de lo mismo, que espere días de prueba, que temple su alma con el estudio y las virtudes para poder arrostrar de frente el peligro demostrando al mundo que somos los vencedores del Garellano y los vencidos de Rocroy, y cuando llamemos a la tumba de los héroes que en aquellos campos murieron. ‘Nos habeis dado una patria’, les diremos, ‘nosotros la hemos engrandecido, tenemos derecho a dormir a vuestro lado[8]”.

Hoy, cuatro soldados más nos han demostrado al resto que nuestra raza no ha muerto aún. Hoy, cuatro soldados más ocupan un lugar de honor entre los grandes.

PD.- Hoy domingo 26 de junio han muerto, en un ataque idéntico al narrado, un suboficial y una soldado. A los talibanes les ha costado unos cuantos intentos, pero ya saben la "fórmula" para el LMV. Como ya saben la del Cougar, o el Caiman, o el MaxxPro o el Nexter Aravis o el Dingo o el RG-33... Queridísimos compañeros, más cuidado si cabe y toda la atención del mundo ahí fuera a partir de ahora.


[1] Las bajas en la jornada del día 5 de junio de 1923 sumaron más de 65 muertos, de los que 6 eran oficiales, y 120 heridos.
[2] Nombre que se le daba a lo que ahora llamaríamos vanguardia de una formación de ataque.
[3] El relato narrado hasta aquí está basado principalmente en el publicado por Francisco Ángel Cañete Páez en la página www.asasve.es
[4] MRAP: Mine Resistant Ambush Protected.
[5] Spanish Force in Afghanistan
[6] IED: Improvised Explosive Device
[7] OTAN define cuatro ROLE o escalones médicos. El ROLE-1 se encuentra en pequeñas unidades, el ROLE-2 apoya normalmente a una unidad tipo brigada, el ROLE-3 a una división, cuerpo de ejército o mando componente. Es el máximo nivel desplegado en Afganistán.
[8] Nociones del Arte Militar. Francisco Villamartín

lunes, 13 de junio de 2011

LOS QUE AMAN SON LOS MÁS VALIENTES

Retrato de Millán-Astray por Ignacio Zuloaga

Decía Millán-Astray, refiriéndose al combate, que los que aman son los más valientes. No seré yo quien contradiga al fundador de La Legión, ni mucho menos. Más aún, creo que detrás de esa frase tan simple y, para el lector ajeno a su figura, de difícil encaje en la personalidad del estropeado[1] coronel, subyace una gran verdad de vigencia indiscutible. Dice la Real Academia Española de la Lengua que el valor es la “cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros”, mientras que la cobardía es “la falta de ánimo y valor”. Es decir, la segunda es la ausencia del primero y, por lo tanto, podemos fácilmente dibujar en una línea continua todos los estadios que unen la cobardía extrema y el valor heroico. El avance en esa línea imaginaria no es otra cosa que vencer continuamente el impulso, más o menos intenso y más o menos fundado, de supervivencia. Cada uno parte de un punto diferente, acorde con su forma de ser y el obstáculo al que se enfrenta. Como bien dice la RAE es una cualidad del ánimo, independiente de la fortaleza física, los estudios, la inteligencia o, en nuestro caso, el rango militar. Para un cabo 1º caballero legionario paracaidista con el parche de 1.000 saltos en su guerrera, un nuevo salto nocturno apenas supondrá una pequeña subida de pulsaciones. Mientras, el teniente recién salido de la academia que de pie en el avión sujeta con fuerza el mosquetón del paracaídas enganchado en el cable, con la mochila en sus rodillas y los 11 kilos de ametralladora entablillándole la pierna, a menos de un minuto de encenderse la luz verde y salir a la oscuridad de la noche, siente en su cuerpo algo más que una subida de pulsaciones.

Cap. Salas Larrazábal. Pionero del Paracaidismo
Militar. 23ENE48   Foto: www.elmundo.es
Pero volvamos a la frase del fundador. En esa carrera de obstáculos hacia el valor, el militar con responsabilidades familiares tiene un condicionante añadido en comparación con el soltero. Además de superar el miedo al dolor físico o la muerte, común a ambos, tiene que vencer el temor a dejar atrás a sus seres más queridos, con todo lo que ello conlleva. Ese es, en mi opinión, el principal obstáculo a salvar para la mayoría de los uniformados. La influencia de la familia en el comportamiento y el ánimo del militar es enorme. Lo he visto varias veces en mis misiones en el exterior. Uno está bien cuando su “retaguardia” está bien. El más pequeño problema que llega de aquellos que hemos dejado en territorio nacional[2] (un recibo devuelto, un golpe con el coche, un hijo con fiebre…) se maximiza con la distancia. La concentración y el ánimo bajan, el humor empeora y la ansiedad aumenta. El motivo es sencillo: no se puede hacer nada para resolverlo, “atrapados” a miles de kilómetros. Si trasladamos esta preocupación a una situación en la que lo que está en riesgo es la vida[3], la sensación de “abandono” de la familia es mucho mayor y, a veces, insuperable.

Sí, los que aman son los más valientes. Quizás también los más cobardes pero de esto no suele quedar constancia. En la magnífica promoción de la Academia General Militar a la que tengo el honor de pertenecer, las Cruces Rojas[4] concedidas y el valor reconocido[5] recae en padres de familia: Kiko, Leo, Victoriano y alguno más que seguro se me escapa, porque encima son los más humildes, obtuvieron su reconocimiento con la imagen de su mujer y sus hijos presente en su mente.
1921. Toma de Tauriat Hamed. Cte. Fontanés en el centro.
Foto: Asociación de Estudios Melillenses
El comandante don Carlos Rodríguez Fontanés, jefe de la II Bandera de La Legión, había enviudado recientemente y tenía nueve hijos pequeños cuando, el 18 de marzo de 1922, recibió un disparo en el estómago durante los combates del aduar de Amvar. Al frente de sus legionarios, como solía, se acercaba a animar a un legionario herido cuando le perforaron el vientre. Contaba Carlos Micó en su libro Caballeros de la Legión que el comandante Fontanés excusaba su heroísmo de la siguiente forma: “Es que no se me ocurre que me pueda pasar nada; como oye uno tantas balas y aún no me ha dado ninguna, me he acostumbrado a no concederles mucha importancia. Además, se curan tantos que hay que pensar que no todos los proyectiles traen la muerte. Lo único que me preocupa muchas veces son las heridas de vientre[6]”. Quizás, más cerca de la realidad esté lo que contenía un artículo firmado por ALIP y publicado el 22 de marzo en el Telegrama del Rif en el que se decía que, al ser inquirido por una dama sobre el porqué de servir en La Legión dejando a cargo de terceros a nueve hijos, Fontanés contestó: “Señora, ante la Patria, nada; después, después.... quién sabe si esta idea que acaricio se cumple; que una bienhechora bala siegue mi vida, para redimir a mis pequeños de la miseria…” Dicen las crónicas que el comandante Fontanés murió acordándose, primero, de “sus hijitos” y, después, dando vivas a España y La Legión. Sí, sin duda los que aman son los más valientes.


[1] Dice la RAE que estropear es maltratar a alguien, dejándolo lisiado. Miguel de Cervantes ya usó esta acepción para los militares en boca de Don Quijote cuando explicaba “…que al soldado mejor, le está el oler a pólvora que a algalia y que si la vejez os coge en este honroso ejercicio, aunque sea lleno de heridas y estropeado o cojo, a lo menos no os podrá coger sin honra, y tal, que no os la podrá menoscabar la pobreza; que cuanto más que ya va dando orden como se entretengan y remedien los soldados viejos y estropeados”. Millán Astray tenía cuatro heridas de guerra: una en el pecho que casi lo mata, otra en la pierna, otra le destrozó el brazo izquierdo que perdió al serle amputado y la última le dejó sin ojo derecho, medio maxilar y le dañó el pómulo izquierdo. No creo que nadie me rebata que estaba bastante “estropeado”. El mismo fundó el Benemérito Cuerpo de Mutilados de Guerra por la Patria declarando “seré el primer camillero del Ejército”. Desgraciadamente, en 1985, se declara a extinguir el Cuerpo de Mutilados, que desaparece oficialmente en 1989.
[2] Territorio nacional es el término militar con el que se designa a España en contraposición de la zona o teatro de operaciones en el exterior.
[3] No hay que irse a situaciones de guerra para tener esa sensación y, como he dicho, los límites son muy personales. El simple hecho de subirse a un avión, para aquellos que vivieron de cerca la tragedia del Yak-42, un ejercicio de tiro de mortero, para los sargentos que, siendo alumnos, vieron reventar a dos de sus compañeros en unas maniobras en Albacete, salir de patrulla en Afganistán, con el temor a que un IED (Improvised Explosive Device) consiga perforar el vehículo MRAP (Mine Resistant Ambush Protected) o que un tiro o la explosión de un RPG-7 acierte durante un TIC (Troops in Contact), eufemismo con el que se designan los combates y enfrentamientos en las operaciones actuales, para los recién llegados al teatro de Afganistán.
[4] Concedidas por la realización de acciones, hechos o servicios eficaces en el transcurso de un conflicto armado o de operaciones militares que impliquen o puedan implicar el uso de la fuerza armada, y que conlleven unas dotes militares o de mando significativas.
[5] En la “hoja de servicio” hay un apartado destinado al valor en el que por defecto aparece “se le supone”.
[6] La conversación que transcribe Carlos Micó es del comandante Fontanés con el capitán médico Fidel Pagés. La preocupación de Fontanés por las heridas en el vientre fue disipada por Pagés confirmándole que, cuando son atendidas en las cuatro primeras horas, tienen muchas posibilidades de curación. El sistema de evacuación en la Zona Oriental del Protectorado era draconiano en aquella época: los heridos eran trasladados como se podía hasta donde se encontraba el camión-ambulancia, que no iniciaba su marcha hacia el hospital de Melilla hasta completar su carga. Por su gravedad, el comandante no siguió este proceso y esperó a cubierto a que pudieran atenderle. Fue herido a las catorce horas aproximadamente y, desde ese momento, el heliógrafo intentó localizar al capitán Pagés. A las diecisiete horas, el  comandante Fontanés preguntó, por última vez, por el capitán médico, sabedor de que su tiempo se acababa. 

martes, 31 de mayo de 2011

LOS PROGRAMAS DEL ESFÍNTER

www.elmundo.es   foto: EFE
Entró pasado en la curva. Se había ceñido al toro infinitas veces pero, esta vez, no supo o no pudo ceñir esa maldita curva. Si le dio tiempo a pensar, seguramente afrontó la posibilidad de la muerte con la frialdad y templanza de los buenos toreros. Hasta aquí, todo hubiera sido muy “cool”. Hasta épico. Otro James Dean, talludito esta vez, dejando un “bonito” cadáver en la carretera. Pero surgió un “pequeño” inconveniente: Por el carril contrario, tranquilo y pensando en sus cosas, Carlos conducía su coche cuando, sin comerlo ni beberlo, el infierno vino a buscarle. Ayer lo enterraron.

A mí, sinceramente, me importa un carajo que la gente se mate haciendo el capullo en la carretera. Me subí a mi primera moto a los ocho años y conduzco coches desde los dieciocho recién cumplidos y, en ese tiempo, he visto de todo. Las carreteras están llenas de “juramentados” con todas las papeletas para que un guardarraíl  los parta en dos o pongan sus huevos (o sus ovarios, que para la estupidez somos igualitos) a freír entre los hierros calcinados de su coche. ¡Ojo!, tampoco he sido (ni soy) un santo, pero hay fronteras que no se pueden traspasar.

Lo que sí me cabrea es que maten a los demás y, en especial, a mí. Está claro que cada vez que salimos a la carretera la ruleta se pone a girar y cualquiera puede sufrir un accidente de cualquier tipo, incluida una colisión frontal, sin que pueda achacarse a otra cosa que a un fallo mecánico o a un error inherente a la condición humana. Pero no es a estos desgraciados accidentes a los que me refiero. Es a los que provocan esos jodidos “juramentados”, famosos o no.

www.torosnoticiasmurcia.com
He hecho esta larga introducción para que no haya dudas de cómo opino y a qué me refiero a continuación. Leía ayer que la situación anímica de Ortega Cano se encontraba al límite por la presión a la que había sido sometido en un “programa del esfínter”[1], en el que le habían llegado a tildar de alcohólico y homosexual. Huyo de esos programas como de la peste y la dosis que tengo que tragarme al hacer “zapping” la considero más que suficiente para tener un juicio de valor formado y ratificarme en mi opinión. 

Pero, ¿pueden los improperios que se vierten en estas casas de lenocinio desquiciar a una persona hasta tal extremo? Voy a ponerme en su pellejo –me dije– y me imaginé a todo un plató de “papanatas”[2] comentando mi supuesta afición a “morder almohadas” o “soplar nucas” (no sabría qué elegir) mientras me bebo botellas de Rioja por añadas. Sinceramente, aunque no tengo nada en contra de ninguno de tan respetables colectivos, estoy seguro de que se me hubiera puesto la yugular como una tubería de PVC. 

Coche de Lady Di www.noticias24.com
A lo mejor yo no soy una buena referencia. Seguro que no. Tengo muy arraigado ese rancio concepto del honor. Como escribía un historiador, los viajeros italianos del siglo XVI se sorprendían del sentido español del honor, su alfa y su omega, su razón de ser. Más valía perder la vida que perder la honra. ‘Los hombres de esta nación estiman en tanto el honor que, con tal de no empeñarlo, no les inquieta, por lo general, la muerte. Estos locos españoles prefieren un adarme de honor a mil vidas’”.

Como he dicho, el honor es un valor caduco. ¡Cuántos políticos, de todo pelaje, hemos visto jurar solemnemente su cargo “por su honor”! Vistas sus acciones posteriores, podrían haber jurado “por Snoopy” sin ningún tipo de pudor y con la misma solemnidad. Pero claro, una vez que se ha entrado en el negocio del mercadeo, una vez que se ha vendido el alma al diablo, una vez que se ha decidido que el honor no tiene valor en la sociedad actual, no vale apelar a él cuando el cambalache no nos es favorable. Honor, “te doy mi palabra de honor” decía muy serio cuando era un chaval, porque “jurar por Dios” era pecado. Si es que siempre he sido un inadaptado.

Por eso, a mí lo que me sale, lo que realmente me pediría el cuerpo en estos casos, es soltar lo que mi admirado Arturo Pérez-Reverte pone en boca de D. Francisco de Quevedo y Villegas en la saga del capitán Alatriste: “No queda sino batirnos[3]. Pero, no lo sé, creo que eso no sería políticamente muy correcto…


[1] No sé por qué les llaman programas del corazón, el órgano más noble y vital del cuerpo humano, cuando todo lo que sale de allí es verdadera mierda. La RAE define esfínter como “músculo anular con que se abre y cierra el orificio de una cavidad del cuerpo para dar salida a algún excremento o secreción, o para retenerlos”. A la vista de la definición, creo que es más adecuada mi denominación. Podría ampliarse, siendo estrictos, a “programas del esfínter del ano” para evitar confusiones con otros menos escatológicos, pero queda demasiado largo. ¡Y que nadie me diga que estoy equivocado porque son los programas más vistos de la televisión! Si así fuera, hago mío el eslogan: “come mierda, billones de moscas no pueden equivocarse”. La verdad, los sujetos de ambas acciones, moscas y tele-basura-espectadores, tienen muchos puntos en común. El análisis sociológico lo dejo para otro día.

[2] El profesor de Redacción Periodística, de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Navarra, don José Antonio Vidal-Quadras, decía que no se debe caer en el papanatismo de creer que lo que uno escribe es la repanocha. Inspiradas en esta frase, unas alumnas suyas acuñaron el término "papanatas" como término coloquial referido a determinado tipo de periodistas. Yo lo he utilizado aquí, pero las personas que bajo el supuesto título de periodista trabaja en los programas del esfínter, no llegan ni a la categoría de “papanatas”, sino por su vanidad y simpleza desmedidas.

[3] Pérez-Reverte, Arturo y Carlota. El Capitán Alatriste, Editorial Alfaguara (1997).

domingo, 29 de mayo de 2011

PRESTIGIO Y EJEMPLARIDAD: REFLEXIONES DE UN SOLDADO 2



Entraré ahora en las que son, para mí, las dos características más sobresalientes del líder militar y que dan título a esta serie de artículos: el prestigio y la ejemplaridad.
Ap photo / Emilio Morenatti
En el inicio de la carrera militar, cuando llega el ansiado momento de ponerse al frente de una sección o un pelotón, tenemos a cero los contadores que registran ambas virtudes. La ficticia ventaja que pueda tener la “cabeza de promoción” en el criterio de sus respectivos superiores –a los subordinados normalmente les trae al pairo el puesto de promoción de su nuevo jefe– se disipará al poco tiempo si no se refrenda con hechos. Esa primera vez que el joven teniente o sargento se coloca enfrente de sus hombres, debería ser una referencia para el resto de su carrera militar. Les puede mirar a los ojos, a todos y cada uno de ellos. Sin un atisbo de duda, complejo o culpabilidad. No debería haber en ese cruce de miradas desengaño, rencor, despecho, tristeza, temor u odio ya que no hay motivos para ello. Pero todo cambiará a partir de esa primera formación y dependerá de cada uno hacia dónde se incline la balanza. Lo mismo puede decirse del primer contacto con el mando directo o con los compañeros de empleo.

www.culturadefensa.org
A partir de ese momento se empieza a construir no sólo el prestigio individual de cada uno, sino la contribución al prestigio colectivo del militar español. Viéndolos, estos soldados parecían gitanos; mal vestidos y mal calzados, las espaldas curvadas bajo un cargamento heterogéneo de objetos extraños (marmitas, platos, guitarras…), quien con un casco, quien con una pintoresca gorra. Pero después, en el momento de la lucha, estos hombres se transformaban en guerreros de gran clase y no había posición defensiva que no se empeñasen en mantener a cualquier precio. Los he visto en todos los sectores, con calor atroz y con frío polar, siempre de buen humor, siempre con medio cigarrillo entre los labios, siempre seguros de sí. Los he visto y admirado entre los mejores soldados del mundo. Y también entre los más inteligentes pues sabían, y saben, cuando luchar es necesario, pero también descansar con calma cuando es posible”[1].

www.novilis.es
El prestigio se cultiva día a día y su crecimiento es lento y difícil, sobre todo en el ejercicio de las tareas habituales, ajenas a los grandes hechos de armas y las conductas extraordinarias. Sin embargo, una sola falta, un solo “patinazo”, una sola acción u omisión reñida con lo que se entiende debe ser la conducta recta del militar, y el trabajo de años se irá al traste. Y no estoy hablando de partir de cero, no. Se partirá de mucho más abajo, porque siempre habrá alguien dispuesto a recordar la condición de “pecador”. Pero puede darse la siguiente paradoja: una misma acción puede acarrear la pérdida del prestigio a ojos del mando y, en cambio, granjear la admiración y reconocimiento de los subordinados. Y, lo que es más normal, viceversa. Otra vez el equilibrio en esa cuerda floja que es la lealtad.
S. McCrystal       foto:www.mde.es

Muy ligada al prestigio está la ejemplaridad. Posiblemente en nuestra “empresa” sea el factor que más influya en esa ganancia o pérdida de prestigio. Si bien este último es independiente del grado o puesto de su poseedor, la ejemplaridad varía con ambos factores. Los criterios aplicables al general jefe de una brigada son diferentes a aquellos ligados a un sargento jefe de pelotón, aunque su raíz sea común. 

Ejemplar es aquello que da buen ejemplo y, como tal, es digno de ser propuesto como modelo[2]. Esta sencilla definición encierra una dificultad enorme para el militar, ya que engloba todo el conjunto de valores y virtudes tradicionales. No se puede ser ejemplar a “media jornada”. No se puede ser ejemplar en la vida cotidiana del militar sin la constancia, la abnegación, la paciencia, la disciplina, el compañerismo… No se puede ser ejemplar en el combate sin el valor, la templanza, la gallardía, la fortaleza física y mental…“¡Qué bien aprendieron los oficiales la lección permanente del Credo! Jamás dijeron en el combate: ¡Id!, ni siquiera ¡Vamos!, sino ¡Seguidme!”[3]. La ejemplaridad se trabaja día a día y aunque las grandes acciones influyen, lo que verdaderamente cala y conforma ese modelo es la actitud en el quehacer diario. No por ello el líder deberá ser más fuerte, más rápido, más resistente, más inteligente  e, incluso, más guapo que sus subordinados. No lo será, pero sus subordinados sabrán que siempre estará cerca, sobre todo cuando vengan mal dadas, y a él dirigirán su mirada cuando haya que resolver. (Continuará)



[1] Referencia a la Infantería española por parte del Mayor Umberto Beer. Corpo di Truppe Volontarie Italiano
[2] Diccionario de la Lengua Española. Vigésimo segunda edición
[3] Referencia al Credo Legionario.

sábado, 14 de mayo de 2011

LORCA

Soy murciano de "adopción". Los mejores años de mi infancia y adolescencia los he pasado en el maravilloso pueblo de Caravaca de la Cruz. Por eso, cuando el miércoles pasado empezaron a llegarme las noticias del terremoto que había asolado Lorca, a escasos 65 kilómetros de Caravaca, me dolió especialmente.

He tenido la suerte de participar, aunque sólo en la coordinación y al nivel que me corresponde por mi puesto de trabajo, en el esfuerzo que las Fuerzas Armadas han hecho por aliviar el dolor de los lorquinos. Mínimo e insuficiente para muchos, respeto su opinión aunque no la comparta, pero os aseguro que realizado con el corazón por todos los que han (y aún están) participado sobre el terreno o desde los cuarteles generales. Se han implicado, desde el primer momento, los medios y personal de la Unidad Militar de Emergencia (UME), que con la profesionalidad que les caracteriza están llevando el peso de la colaboración militar; los artilleros e infantes de marina de Cartagena; los paracaidistas de Javalí Nuevo; mi queridísima Legión desde Almería; y los zapadores paracaidistas del Ejército del Aire de Alcantarilla. Otras muchas unidades de los Ejércitos y la Armada están también implicadas en mayor o menor medida. Y en estas cosas, como he dicho, los de uniforme se implican "a saco".
foto: P.J. LLamas (www.lorca.es)


Pero mi intención sólo es, desde aquí, desde mi "trinchera", acordarme de Lorca y de toda la buena gente que allí vive, y rezar para que en la medida de lo posible alcancen cuanto antes la normalidad. Y que dentro de tres meses nos sigamos acordando de que sigue habiendo gente pasándolo mal. La próxima vez que esté en Caravaca prometo pasarme un "ratico" por Lorca, como tantas veces hice, hace tiempo, en mis trayectos desde Almería.

Por último, a modo de homenaje, dejo un extracto de unas "frasecicas" que un murciano de pro me mandó una vez. ¡Va por ellos!


¡Orgullo de ser murciano! (¡Pa´que nos entiendan cuando hablamos!)

El murciano no se lanza, "se embala".
El murciano no es pequeño, es "chico".
El murciano no se emborracha, "se chispa" cuando ha bebido un poco y "se pone ciego" cuando ha bebido mucho.
El murciano no te pregunta de donde vienes, te dice: "¿Ánde vas?".
El murciano no duerme, "se clisa".
El murciano no consigue las cosas, "se las gobierna".
El murciano por la mañana no empieza a trabajar, "se engancha".
El murciano no es que no pueda o no tenga tiempo, es que "no tiene lugar".
El murciano no va en orden, va "a tajo- parejo".
El murciano no es que vaya rápido, es que "va a pijo sacao".
El murciano no te da un trozo, te da "un piacico".
El murciano no te da un poco, te da "una chispa".
El murciano no te da un cacho, te da "una miajica".
El murciano no come fideos, come "aletría".
El murciano no te dice que te esperes dos segundos, te dice: "¡Espérate una chispitica!".
El murciano no mete monedas en la hucha, las mete en la "alcancía".
El murciano no ríe a carcajadas, "se da una panzá reir".
El murciano no pide que lo lleven, pide que "lo acerquen".
El murciano no es buena persona, es "un piacico pan".
El murciano no queda contigo a una hora determinada, te dice: "¡Ahora, si eso, voy!".
El murciano no está cansado, "está reventaoooooo".
El murciano no te da la razón, te dice: "¡Vaya un pijo!".
El murciano no vive lejos, "vive an´ca Dios!!"
El murciano no compra zapatillas, compra "alpargates".
El murciano no va muy veloz, "va ligero".
El murciano no se enfada, "le da pesambre".
El murciano no habla bajo, habla "abonico".
El murciano no es que tenga pocas cosas, es que "tiene chuminás".
El murciano cuando tiene prisa y se va no dice me voy ahora, dice "luego a luego va ser hora de irse..."

Además…

En Murcia no te llevas a la playa la nevera, te llevas la "capaza".
En Murcia las cosas no se caen, "se esturrean".
En Murcia no hay niebla, hay "boria".
En Murcia no hay techados, hay "tambanillos".
En Murcia no hay mucho, hay "a pajera abierta".
En Murcia no hay esquinas, hay "picoesquinas".
En Murcia no eres zurdo, eres "zocato".
En Murcia no hay sandías, hay "melones de agua".
En Murcia no hay estanterías, hay "lejas".
En Murcia no hay maíz, hay "panizo".
Y tampoco hay mazorcas, hay "panochas".
En Murcia no hay cubos, hay "carderos".
En Murcia no hay manzanas, hay "peros".
En Murcia no hay alcaparras, hay "tápenas".
En Murcia no se habla, "se platica"..
En Murcia no se plantan patatas, sino "crillas".
En Murcia no se mezcla, "se regüerve".
En Murcia no te sumerges, "te capuzas".
En Murcia no hay petardos, hay "piolas".
En Murcia no hay niños, hay "zagales".
En Murcia no hay guisantes, hay "pésoles".
En Murcia no hay cosas en mal estado, "están revenías".
En Murcia no hay alcachofas, hay "alcaciles".
En Murcia no se riegan las plantas, "se rojían".
En Murcia no eres pesao, eres "cansaooooo", o "cansino...".
En Murcia la gente no se pone de pié, "se para".
En Murcia las cosas no caben en los armarios, no "cogen".
En Murcia no hay fuentes hondas, hay "cocios".
En Murcia no hay tartas, hay "tortadas".
En Murcia no hay butifarra, hay "morcón".
En Murcia no hay merluza, hay "pescada".
En Murcia no hay pimentón, hay "pimiento molío".

¡Murcia, que hermosa eres!

jueves, 5 de mayo de 2011

HASTA LA VISTA, BABY


AFP-Getty Images


Today, in spite of my evident lack of English skills, I want to use this language to write my article. It’s only the way to pay a humble tribute to the American people and, especially, to my “cousins in arms” the Navy SEALs. Osama Ben Laden, who was the most dangerous killer, the enemy nº1, has been killed after ten years. “He who lives by the sword, dies by the sword".


He died neither by the impact of a Tomahawk launched from a vessel anchored a hundred miles away nor by the explosion of missiles “fire and forget” dropped by a fighter flying a thousand feet above. 


It was a bunch of 40 CIA-led Special Forces guys. People well trained and better prepared. They fought hand–to–hand against him and his security detail. One shot in his head. Bang! (Is there anything dark in the circumstances? I don’t know and, what’s more, I don’t care). They carried out the task in 40 minutes. 40 selected soldiers in 40 minutes. Good number. From a Catholic point of view, I know I shouldn’t be glad but he was such a son of a bitch! This is the only point disturbing my conscience. I’m sorry, but I don’t share the anti-Americanism spread in the Spanish society.

AFP

But the United States has only paid off a pending debt for all of us. I’ll never forget our 11-M. The pressure must continue because, like a wounded beast, Al Qaeda will try to kill again. And I’m sure they’ll succeed. We have to be prepared to bear the strike and give it back. Time and time again. We won’t see an end to global terrorism but it’s our duty to try to defeat it, so that our children will see such a day.


Until then, God bless the SEAL team six[1]…and forgive me for feeling better now.





Note for Spanish readers: The title of this entrance should be “Sayonara baby”, expression used by Arnold Schwarzenegger in the film Terminator 2: Judgment Day, dubbed into Spanish instead of “hasta la vista, baby”.

Note for English native readers: If you read any grammar mistakes, don’t hesitate to correct me.



[1] I read SEAL Team 6 was dissolved in 1987 and its members set up the US Naval Special Warfare Development Group (DEVGRU), but as even US media use Team 6 I kept it as well.