sábado, 24 de octubre de 2020

JESUSITO DE MI VIDA, ¡JESÚS, QUÉ VIDA LLEVO! INTRODUCCIÓN

Han pasado ocho años ya desde mi misión en Afganistán. Tiempo suficiente para que lo que escriba ahora sea inocuo y valga sólo para recordar un periodo intenso de mi vida e intentar que el lector pase un buen rato. 

Escribir siempre me ha relajado. Traduzco mejor mis sentimientos enfrente de un papel que de viva voz. Además, como últimamente me emociono con facilidad, puedo explayarme sin recato en mi buscada soledad. En el caso de esta misión, escribir fue casi terapéutico. Me quitaba horas de sueño, que sin duda necesitaba, para escribir a mi familia y amigos íntimos mis pensamientos y experiencias. Fue una serie de correos que titulé “Jesusito de mi vida, ¡Jesús qué vida llevo!” La frase era original de Pablo Carbonell y se la cogí prestada a su grupo “Los toreros muertos” del disco Por Biafra. Me venía como anillo al dedo... 

Ahora que los he recuperado del “fondo” del ordenador, voy a intentar juntarlos y dar un poco de coherencia a la historia (por ejemplo, he incluido esta introducción –en su momento innecesaria– para poner un poco “en ambiente” al lector ajeno a todo esto). Es importante entender también las circunstancias en las que escribía y a quién iba dirigido. Las expresiones, las licencias que a veces me tomo, el tono sarcástico o sombrío dependiendo del día…, todo era fruto de un entorno complicado, del cansancio, la tensión, el aislamiento, la preocupación… El teclado era la válvula por la que salía ese punto de sobrepresión que me permitía trabajar cada día al 200%. Ahora sólo espero recordar…, y que les entretenga.   

 En 2012 (año 1391, según el calendario afgano, variante yalalí del calendario persa) desplegué durante seis meses en la base que la International Security Assistance Force (ISAF) tenía en el aeropuerto de Kabul. En el infierno de acrónimos que inunda el mundo militar (y del que en esta serie de artículos podrán disfrutar de lo lindo) era KAIA.

Mi puesto era de CJ-5 Plans Deputy Director dentro del Cuartel General de Operaciones Especiales de ISAF (ISAF SOF). Segundo jefe de planes, para entendernos. ISAF SOF era una de las tres tribus (sí, así se denominaban, The Three Tribes) de operaciones especiales que operaban en Afganistán. Las otras dos eran el Mando Componente de las Fuerzas Combinadas de Operaciones Especiales en Afganistán (CFSOCC-A) y la Task Force 3-10. Podemos decir que, como OTAN, nosotros éramos los más internacionales, los más visibles y los que teníamos un espectro de misiones más amplio, centrado en dotar a las Fuerzas de Seguridad Nacional Afganas (ANSF) de unas unidades con capacidades especiales, útiles en su lucha contra la insurgencia y en la protección de la población. Los otros, especialmente la TF 3-10, eran los verdaderos “badass” del barrio.

En ISAF SOF sólo estábamos tres españoles. El primero, un capitán perteneciente al Escuadrón de Zapadores Paracaidistas (EZAPAC) del Ejército del Aire. Un verdadero “máquina”, con varias misiones en el teatro como Joint Terminal Attack Controller (JTAC). El tío se tiró los seis meses en el turno de noche del Centro de Operaciones Conjunto (JOC), que es ese sitio lleno de pantallas, teléfonos y oficiales de enlace de los Special Operations Task Groups (SOTG) unidades sobre el terreno que planean y ejecutan las misiones desde donde se monitorizan las operaciones en tiempo real. Entraba a las diez de la noche y, cuando salía a las diez de la mañana, todavía le quedaban ganas de meterse una paliza con el TRX. El segundo, era un capitán de Inteligencia del Ejército de Tierra. Trabajaba en la SOF Fusion Cell, una especie de colector de información de las fuentes más diversas que se puedan imaginar. Llegaban toneladas de información y salían “diamantes” de inteligencia. Era otro “máquina” en lo suyo.  Estuvo tiempo, prácticamente los seis meses, llevando su área de responsabilidad (Regional Command West –RC West–, el de nuestros chicos) y la de un segundo RC, el North. Era “hijo del Cuerpo” y eso se notaba… Trabajar con él era siempre una garantía. Y, por último, estaba yo. Un comandante “del montón” en un mundo aparentemente hostil de yankeesbritsozzies y algún kiwi perdido…, pero, eso sí, en ganas, no me superaba nadie. Pues visto un poco el percal y mareados en el mar de siglas, vamos al lío:

lunes, 8 de junio de 2020

CARTA ABIERTA A MI AMIGO CARLOS RECALDE

Carlos en un alto. Curso de Básico Estival
de Montaña (Foto: R. Santisteban)
Queridísimo compañero, camarada, amigo Carlos:

Hoy me salto nuestras citas “regulares” de las formaciones, cuando conectamos en ese toque de corneta que me encoge el corazón, y he decidido escribirte. ¿La culpa? Ya sabes, esta bendita promoción que nos unió para siempre. Hoy ha sido Salva, en otras ocasiones, Manete. Todos los años por estas fechas, siempre hay alguno que nos pega un toque al resto y nos trae tu recuerdo. Sí, ya, no hace falta, pero el trabajo nos come y nuestras neuronas dan cada vez para menos… Todos lo agradecemos mucho, especialmente yo, que soy un desastre. 

¡25 años ya! ¡Qué barbaridad! Veinticinco años hace que este mundo se le quedó pequeño a tu gran corazón y te fuiste allí Arriba para poder ayudarnos mejor. Primero, a Marisa y María, ejemplo de entereza y serenidad durante todo este tiempo. Pude hablar con Marisa largo y tendido en las bodas de plata de nuestra salida de teniente. ¡Qué mujer! Ya te conté que tengo un amigo de la infancia en Irún. ¡Cómo me habla de vuestras familias! Yo, sonrío por dentro y pienso: “¡Qué me vas a contar…!”. Me encanta ver que tus chicas no han perdido el contacto. Te sonará a tópico, pero nada se plantea como promoción sin tenerlas en cuenta. Unas llamadas, unos correos, unos mensajes… ¡Y ahí está Marisa!

Carlos y yo a punto de salir para equitación. 1º AGM
(Foto: Pedro Erice)
Pero Carlitos, además, estoy seguro de que nos cuidas a nosotros. Antonio y tú, allí arriba, mano a mano, para que esta panda de soldados que formamos vuestra promoción, siga sirviendo a España. Y estoy seguro de que trabajáis duro porque no conozco una promoción igual. Alguno lo tengo más perdido, pero seguro que veis el papel que la XLIX está haciendo, ahora que hemos alcanzado puestos de mayor responsabilidad. Hace unas semanas veía a Javi por la tele, ¡el “albañil”!, ¿te acuerdas? Joder, parecía el ministro de Educación. ¡Qué tablas tiene ya, el tío, frente a las cámaras! Pues así, cada uno en su parcelita, todos. Quizás en cosas menos espectaculares y mediáticas, como Miner, que sacó a flote la compleja recepción de todos los nuevos vehículos de Infantería del Ejército, o Perico, que dobló despliegue en Irak —sé que velas por los que están fuera con un cuidado especial— y ahora está “remando” al lado del Jefe de Estado Mayor del Ejército. Menos espectaculares, como te digo, pero claves para que todo esto siga funcionando pese a la que está cayendo. Y dentro y fuera de las Fuerzas Armadas, que a España se la sirve de muchas formas y cada uno toma el camino que cree conveniente.

La sonrisa de Carlos. No la mostraba tan
abierta muy a menudo. Esta es del día en
el que nos entregaron, en 1ª AGM el
uniforme hidrofugado. ¡Picaba como el
infierno!
Reconozco que, a veces, echo de menos aquellos momentos en los que nuestra preocupación casi sólo era llegar a los puntos de una topográfica. Como aquella noche, de marcha por los barbechos toledanos —“y no atraveséis sembrados”, decían los “protos”…, je, je—. Tú llevabas el mochilón detrás y la placa de mortero delante. Como dijo el coronel Sánchez de Toca, en aquella magnífica conferencia que nos dio en la Academia de Infantería, nunca se sabe qué es peor, si el tubo o la placa… Pues ahí ibas tú, en un “bocadillo” pequeño —ni tú ni yo somos torres, reconócelo—, entre la mochila y la placa. Charlando, riendo y rajando…, que es lo que hacíamos los cadetes. Y, de vez en cuando, un "cigarrito pal pecho, por lo bien que lo hemos hecho”, que también te gustaba mucho eso del fumeteo. De repente, un tropiezo y de morros al suelo. La tierra arada, la placa y el peso de la mochila desplazada hacia delante formaron una "conjunción planetaria” que te dejó ahí clavado. No tenías forma de levantarte y, nosotros —ya sabes que un poco cabroncetes sí que somos—, disfrutamos el momento con unas risas.

L Curso Superior de Montaña. Día del accidente.
(Foto: JM G. Cabrero)
Nos recuerdo juntos en unas maniobras en Los Alijares. Un extraño lapsus de inactividad, los dos sentados en una ladera, mirando hacia la Ermita de la Virgen de Guía en ese momento mágico en el que el sol se pone en el horizonte y el frío empieza a calar. Fue una conversación pausada, seria, casi diría atípica para nuestros veintipocos años, sobre los cursos que haríamos al salir de la Academia. Mi propuesta sobre el de operaciones especiales no te convencía nada. El cigarrillo a los labios, calada profunda, negación y el humo saliendo pausado por tu nariz. Al final elegiste el superior de montaña. La bendita…, y la maldita montaña. Esa pared sur del Posets…

Estas y muchas otras escenas me vienen a la mente y siempre me provocan una sonrisa, cierta nostalgia… Pero nunca tristeza.

En fin, Carlos, no te entretengo más. Gracias por interceder por nosotros, dale un abrazo muy fuerte a ese armario empotrado que es Antonio y nos vemos cuando el Jefe diga. Estaré preparado y estoy seguro de que me jalonarás el camino en mi escalada. Hablamos en el próximo acto, cuando en el toque de oración, vuelva a fijar los ojos en el cielo con un nudo en la garganta… Cuídate, cuidaos. 

Un abrazo fortísimo de tu compañero, camarada y amigo,


viernes, 5 de junio de 2020

RECUERDOS DE BESMAYAH

Escudo del BDE III colgado en la entrada de la Plana
Mayor de Mando (Foto: BDE III)
Pronto se cumplen ya cuatro años de mi regreso de Irak, donde desplegué como Jefe de Instructores de Brigada del contingente español Alfa-India III. Legionarios, paracaidistas y después, nosotros, la desconocida pero gran “Panzerbelloten”, como cariñosamente llaman algunos a la Brigada “Extremadura” XI. Una responsabilidad y un reto relevar a unidades de tanta solera. Pero sin complejos, que de eso de “cardar la lana” sabemos un rato largo y muchos de sus componentes volvían a Irak después de pegar unos “tiritos” en 2004. En esos meses de misión escribí algunos artículos. Uno vio la luz –sobre el entrenamiento de la 72ª Brigada– y está incluido ya en este blog y hoy, limpiando carpetas en un disco duro, me he encontrado este. Así que ahí va, dedicado a mis chicos del “Saboya”, que tanto echo de menos ahora, metido en un despacho; a mi amigo Carlos Baró, al que tanto admiro y añoro también; y a todos los militares que siguen dando el callo por el mundo, con un ojo en la misión y otro en cómo el COVID19 afecta a sus familias en España. Va por todos ellos.


En el campo de tiro con instructores españoles y
americanos (Foto: BDE)
“¡Joder!”, –exclamé al golpearme, por enésima vez, el casco con la puerta del Pathfinder. “No sé cómo coño se mete Jimmy en el coche sin partirse el cuello”. En realidad dije “el puto cuello”, porque cuando estoy de misión me “asilvestro” un poco y hablo peor de lo habitual. Jimmy es uno de mis capitanes. Un “armario empotrado” de 2x2 de los que dan yu-yu. Está instruyendo a la compañía Ranger de la Brigada 72 iraquí y, a su lado, la mayoría de los “yundis” –soldados iraquíes en árabe– parecen de juguete. 

Repetíamos una y otra vez los procedimientos de combate urbano
(Foto: BDE III)
Pero volvamos al vehículo. Desde hace unos días tengo aquí, en la Unidad de Instructores de Brigada del Building Partner Capacity de Besmayah, dos Nissan Pathfinder de la Guardia Civil que refuerzan nuestra limitada capacidad de transporte y, en mi caso, me permiten salir de la Base “Gran Capitán” todos los días a ver a mis chicos sobre el terreno. Les despido a primera hora y, después de organizarme un poco la mañana, salgo a ver cómo van las cosas. Intento no interrumpir. Un apretón de manos, un poco de charla y unas risas si se tercia. Aprovecho también para hablar con los jefes de las unidades iraquíes, oír sus problemas y dejar claro el mensaje de que las decisiones que toman los instructores están respaldadas por su jefe. Me gustaría que les vierais. Son la profesionalidad y el compendio de las virtudes del soldado español. Ellos…, y ellas. Una capitán, Irene, manda el equipo de adiestradores de la unidad de Artillería iraquí, con una teniente, Sandra, también en sus filas. ¡Qué no me cuenten historias sobre la mujer en el Ejército! He ido viendo día a día, con tesón, esfuerzo y trabajo duro, cómo se han ganado a pulso el respeto de la unidad a la que adiestran. Las dos me demuestran cada día por qué su jefe de unidad apostó por ellas al proponérmelas y yo acerté al ver el envite. 

Ejercicio de tiro con BMP. El BPC III español fue el primero que pudo
instruir unidades acorazadas y mecanizadas del ejercito iraquí (Foto BDE III)
"Vámonos, Joaquín, dale caña” –dije. El cabo 1º Joaquín es mi conductor, mi ángel guardián y mi amigo. Nos conocemos desde mis tiempos de teniente en el Tercio Don Juan de Austria, 3º de la Legión. Después de mi madre, no hay nadie que esté más pendiente de mí que él. En mi vida le he visto una mala cara, un mal gesto por duras que fueran las circunstancias. Es de los que aprendió bien el espíritu de disciplina: “Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir”. Si me pasara algo sería capaz de bajar al mismísimo infierno a sacarme de allí. Eso, si otro cabo 1º, José –también viejo conocido del Tercio y que ha venido como escolta personal del coronel– no se le ha adelantado. De José se podría escribir un libro…, ¡y sería un best seller! “¿Te has tomado la pastillita, José?” –le digo con una sonrisa cómplice cuando le veo. “La llevo debajo de la legua, mi teniente coronel” –me responde socarrón. La última vez que no se la “tomó” montó una de narices… Un tío frío, calmado, pero con una resolución que asusta al que no le conoce. Su fusil, su pistola y el LAG-40 del Lince del coronel, siempre “niquelaos”. No, ningún “maquina” le pillará en fuera de juego. Le propuse al coronel que José fuese su escolta y no me arrepiento en absoluto. Con formas de ser totalmente diferentes, han congeniado bien y es normal verles juntos por la base. Hasta le acompaña todos los días a misa… ¡Y no es católico practicante! En esta misión se ha ganado el cielo, sin duda. La verdad es que soy un afortunado por tenerles a mi lado. Cuentan con mi cariño y mi respeto más allá del uniforme, las divisas o las circunstancias y me honran con su amistad. 

RG31 en el atardecer iraquí (Foto: BDE III)
Como si fuera lo más normal del mundo, Joaquín estiró la mano y encendió la radio. Habíamos hecho un intento de pillar alguna emisora con musiquilla la primera vez que salimos pero, ante el fracaso, me había olvidado de ella. “Cuando aprendí a tragar fuego, el circo ya se había ido de Albacete a Nueva York”. Sabina sonó, genial, como siempre. Vinagre y rosas. “Coño, Joaquín, tu tocayo. ¡Qué grandeza! ¿De dónde has sacado el CD?” –le pregunté. “Estaba dentro, mi teniente coronel. Ni idea de cómo ha llegado ahí”. Joaquín no dijo “ni puta idea” porque él no dice tacos. Ni siquiera de misión y menos delante de su teniente coronel. Es un tío “matizao”. 

Inmediatamente, la imagen de Carlos Baró vino a mi mente. Recordé
Con Carlos Baró, en 1995, durante un planeamiento en el Curso de
Operaciones Especiales (Foto: Pedro Erice)
aquello que leí una vez, una carta dirigida a sus familiares escrita el 6 de octubre de 2003, un mes y pico antes de su muerte: 
“Querida familia: aquí todo sigue normal, es decir, todo lo normal que puede ser la vida de un espía en Irak. Lo recordaré como el año que comí arroz con pollo unos días y pollo con arroz otros, que compré un taxi de 1979, perseguí espías del legendario y temible servicio secreto Mujabarat, compré voluntades entre los jeques de una tribu, hice fotografías a los miembros de Al Qaeda desde mi taxi cuando salían de la mezquita, me entrevisté clandestinamente con líderes chiitas radicales, traté con traficantes de armas, asesinos a sueldo, recorrí Bagdad a ritmo de Sabina, compré un coche de los fedayines de Sadam con varias matrículas, me confeccioné la documentación de mi propio coche, desayuné higaditos de pollo con huevos duros y pan, bebí cerveza camuflada en latas de refresco, fotografié casas seguras de leales al régimen desde un helicóptero, vestí como un árabe, conduje peligrosamente y sin matrículas, merendé dátiles con Coca Cola, viví a 57ºC, bebí cinco litros de agua al día sin mear ni gota, aprendí lo importante que es tener electricidad, viajé siempre con las armas preparadas...”[1].
El control de las bocas de fuego automático era clave en los
temas de fuego real (Foto BDE III).
A Carlos le encantaba Sabina[2]…, y a mí también. Posiblemente sea en lo único en lo que pueda igualarme a él. Es curioso cómo las canciones de alguien aparentemente tan distanciado de los que podríamos definir como valores militares nos “toque” tanto a muchos de los que vestimos de caqui. Seguramente porque hoy en día debemos ser la institución más puramente democrática. Apreciamos lo bueno o lo que consideramos lo bueno; respetamos con disciplina, cuando así debe ser, aquello que consideramos malo; y no lo emponzoñamos todo poniéndolo bajo la lupa podrida de la política. 

La verdad es que Carlos ha estado muy presente desde que aterricé
Un recuerdo de dónde está nuestra casa
(Foto: Pedro Erice)
en Irak. Estoy a unos 80 kilómetros en línea recta de donde cayó. Las dos unidades que nos han precedido en esta misión fueron sus unidades de referencia, La Legión y la Brigada Paracaidista, y ambas han honrado aquí su memoria. De hecho, el coronel Julio Salom, jefe del primer contingente español, propuso el suyo como nombre para la Base de Besmayah. No salió adelante. También tenemos las excepciones que confirman la regla a lo que acabo de escribir sobre la lupa. A alguno le debió dar un “jamacuco” al oírlo… Sí, “Gran Capitán” es menos problemático… En cualquier caso, un “T-wall” con su retrato me despide todas las noches cuando me voy a dormir. Me santiguo y le suelto un “Goliardo, hasta mañana”. Junto a él, el nombre de todos los caídos españoles en Irak. 

Desgraciadamente, la moral de victoria de las fuerzas que llegaban al BPC
español era más folclórica que otra cosa. También lo trabajamos (Foto BDE
III).
Seguimos nuestro camino hacia los campos de instrucción para ver cómo evolucionan las unidades iraquíes bajo nuestra tutela. Si no llegan a buen puerto, no será por el esfuerzo, la ilusión y la profesionalidad de los instructores. ¡Qué gente más excepcional! Como lo fueron, seguro, los de la BRILEG y la BRIPAC, pero estos son los míos y, simplemente por eso, son los mejores del planeta. Implicándose hasta las cachas. Precisamente por eso es un trabajo difícil. Por naturaleza, el soldado español conecta enseguida. Ya sean iraquíes, malienses, croatas, serbios... Lo llevamos en los “gérmenes”, como alguien dijo una vez. Veo la diferencia a diario, ya que mando instructores británicos, norteamericanos y portugueses. Sólo estos últimos se acercan un poco a nuestra forma de ser. Pero esa conexión que te permite acercarte a ellos con naturalidad, que te den besos de despedida –sólo los amigos lo hacen–, te cojan de la mano como si de una pareja paseando por el parque se tratase, te inviten a un falafel hecho en la trasera de una pick up –que expulsarás de tu cuerpo de forma explosiva en las siguientes horas–, te desmiguen el pollo con las manos y te lo pongan en tu plato o te cuenten sus confidencias, esa forma de ser, digo, es la misma que nos puede impedir reaccionar con la rapidez necesaria si la tortilla de la amenaza da la vuelta. Y aquí la tortilla está constantemente dando vueltas en el aire. Chinto, otro de mis capitanes, me lo recuerda constantemente. La cruz roja al mérito en combate que se ganó en Nayaf en 2004, pegando tiros y rescatando salvadoreños, le da bastante credibilidad. Otro “tough guy” que me gusta tener cerca. Soldados españoles, con todas sus letras, defectos y virtudes. Ellos no, los yundis, no tienen ese vínculo. Si alguna circunstancia rompiera la “luna de miel” en la que trabajamos, no les costaría un milisegundo rebanarnos el cuello. De un día para otro y sin mediar explicación. ¡Ris-ras! Para ellos sería normal y justificado. Mientras, nosotros seguiríamos dudando si desenfundar o no: “¡Con lo majo que es Hussein, cómo puede estar metiéndome ese jodido cuchillo entre las costillas…!” Otra cosa es que nuestros “ángeles guardianes” de la Unidad de Protección lo permitieran… Ellos son nuestro seguro de vida.

El otro día hubo un incidente leve en uno de los campos. Una “broma”
El contacto con los capitanes encargados de la instrucción de cada
unidad era constante (Foto BDE III).
de un par de yundis con uno de sus hummvie. Aquí a todo le llaman broma, cuando, en realidad, están testando tus medidas de seguridad o tu resolución. Cuando llegué al campo y el capitán me informó, cogí al jefe del batallón iraquí y le dije que, la próxima vez que ocurriera algo así, las ametralladoras de 12,70 mm. de la Unidad de Protección abrirían fuego contra el vehículo. Me quité las gafas de sol y puse la mejor cara de “hijodeputa-motherfucker” que pude. “Por vuestra seguridad, ya sabes” –le dije mirándole a los ojos y sabiendo que estaba entendiendo perfectamente a qué me estaba refiriendo. Luego relajé el gesto y más ji-ji, ja-ja, y hay que ver qué bonito está el campo en primavera… Cuanto más tiempo pasamos con ellos más difícil será que el instructor reaccione instintivamente ante una amenaza cierta. Lo sabemos, lo hemos trabajado en la preparación y ahora se lo recuerdo a la tribu constantemente. Los españoles que murieron aquí fueron, en la mayoría de los casos, ejecutados o delatados por personal de confianza. Sé que alguno por aquí piensa que me paso tres pueblos. “Otro Special Forces pirao” –deben de  pensar... 

La labor de los ángeles guardianes en los temas mecanizados de fuego real
se complicaba bastante (Foto BDE III).
Pero, no, lo tengo claro y la experiencia de Afganistán me refuerza en mi opinión y comportamiento. Mi principal misión aquí no es otra que mis 43 chicos vuelvan a casa con la suya cumplida y no escatimo esfuerzos para que así sea. Rezo por ellos todas las noches. El general de los US Marines “Mad dog” Mattis, que pasó entre Afganistán e Irak sus empleos de teniente coronel a general, tenía una frase muy ilustrativa al efecto: “Be polite, be professional, but have a plan to kill everybody you meet”. No es fácil, ni siquiera pensarlo. Hacerlo, matar a un hombre, menos. Y si encima has estado tomando té y bromeando con él, ni te cuento. Pero mientras, aquí seguimos. Aportando nuestro granito de arena a la lucha contra el Daesh. Pequeño granito –el que nuestro Gobierno dispone–, pero que nos llena de satisfacción.

Ahora tengo que dejar de escribir. El toque de oración romperá la noche y volveré a pedirle a Carlos, “Goliardo”, mi amigo, que siga velando por nosotros desde allí arriba. 

                                                                                             Besmayah, 29FEB16

T-WALL homenaje a Carlos Baró en Besmayah



[1] Extracto del artículo “Carlos Baró. El espía Novio de la Muerte”. Publicado en tiempodehoy.com
[2] Joaquín Sabina le correspondió y le dedicó una poesía que incluyó en su libro A vuelta de correo: “Mi hermano Carlos –escribe el cantautor– tenía, como todos los agentes secretos, un nombre en clave: Baracoa. La familia me ha autorizado a rimarlo, pero no a leer su diario. Estoy hablando de tres generaciones de agentes especiales que sabían que una tumba anónima era mejor que una estatua”.

martes, 23 de enero de 2018

Y TÚ, ¿PARA QUIÉN TRABAJAS?

 

ANTE TODO, SOBRE TODO, SIEMPRE... ¡ESPAÑA!

Al joven militar –ya sea teniente, sargento o soldado– le sorprenderá esta pregunta. “Al tecol se le ha vuelto a ir la pinza” –pensarán para sí, mientras me ponen la mejor de sus sonrisas. En efecto, en sus mentes llenas de proyectos e idealismo, seguramente no haya lugar para esa pregunta, ya que todos ellos tienen relativamente reciente su juramento a la Bandera:

“¡Soldados! ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor, cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?[1]

FOTO: A. Cortés. BPC-III Besmayah
Si, a pesar de todo, insistiera poniendo cara de orate, sus rostros se endurecerían y me responderían sin dudarlo: “Yo trabajo para España” que, al fin y al cabo, es en lo que se concentra ese beso que, con un escalofrío, dimos una vez a nuestra Bandera. Pero si esa misma pregunta la hago a los antiguos del lugar, a los que la realidad ha ido golpeando, con mayor o menor dureza, todos esos sueños, la mayoría me lanzaría una mirada aviesa, a la vez que reluciría un colmillo más o menos retorcido por la comisura de su boca. Saben a qué me refiero y no es plato que nos guste recordar a ninguno. Y, desgraciadamente, todos los que peinamos canas en esta querida empresa, hemos mojado pan en esa salsa…  Así que he decidido escribir estas reflexiones, a modo de mi última “de moral” para mis chicos del batallón “Cantabria” y de despedida de este magnífico regimiento que es el “Saboya”.

A España servir hasta morir”, el lema tatuado en los corazones de nuestros
Lema que presidió la AGBS hasta diciembre de 2004
suboficiales no deja espacio a la duda. En esos primeros pasos de nuestras carreras militares todos los objetivos confluyen, y la Patria siempre aparece limpia y brillante en nuestro último horizonte: trabajar para el pelotón, para la sección, para la compañía, prepararme física e intelectualmente… Todo redunda en un beneficio simbiótico en el que la persona, el entorno cercano, los cuarteles generales de las diferentes cadenas de mando y funcionales y, por último, España obtienen su pequeño impulso. Es nuestro granito de arena para una España mejor y más segura. 

FOTO: BPC III. Preparando el despliegue en Irak en la ACINF
Pero el tiempo pasa y con él vuela esa primera capa de inocencia que envuelve a los recién salidos del cascarón. Ascendemos y con los nuevos galones y estrellas empezamos a ser conscientes de lo que significan las evaluaciones, el IPEC[2], las cruces, menciones y felicitaciones, los idiomas, las misiones en el extranjero… Llegan los miedos, las confusiones entre lealtad y servilismo o compadreo –depende si miramos hacia arriba o hacia abajo–, o entre compañerismo y colegueo. Aparecen también las filias y las fobias –personales y de unidad– y junto a la asunción de nuevas responsabilidades, se amplían igualmente las posibilidades de errar en nuestras decisiones. Las órdenes, una vez indiscutibles, parecen no serlo tanto y muchas ponen a prueba nuestra disciplina. En resumen, van apareciendo todo un conjunto de circunstancias que pueden hacer que nos desviemos del camino recto. Camino que, como un buen militar dijo una vez, consiste en:

Elevar siempre los pensamientos hacia la Patria y a ella sacrificarlo todo, que si cabe opción y libre albedrío al sencillo ciudadano, no la tienen quienes reciben el sagrado depósito de las armas de la nación, y a su servicio han de sacrificar todos sus actos[3]”.

Así, esa visión limpia de nuestro trabajo por España empieza a enturbiarse;
FOTO: Autor. Patrulla en Mostar 1996. SPABRI III
ora porque el beneficio del yo se antepone a todo; ora porque una amistad mal entendida o un paternalismo dañino inclina nuestra balanza; ora, en fin, porque surge ese patético “nosotros somos los más machos y el resto unos pistolos” que tanto daño ha hecho a unidades humildes y trabajadoras. Y no quiero decir que en todas las ocasiones haya motivos “oscuros” o mala intención en quien decide o dicta la orden. Ni mucho menos. Muchas veces son simples errores, edificados sobre la base de un conocimiento parcial de la situación o una información sesgada, y otras ocasiones… ¡Ya nos ocupamos nosotros de auto-convencernos de que estamos haciendo lo correcto! Aparte del siempre agradecido paso por las unidades, dediqué todo mi empleo de comandante a los Estados Mayores del Ejército de Tierra y Conjunto y os aseguro que sé perfectamente de qué estoy hablando.

FOTO: ISAF. Español en un orfanato en Kabul. El otro frente
La consecuencia de estos “deslices” es triple: Primero, traicionamos nuestra conciencia y honor. El efecto en cada uno es diferente, pero lo que sí es verdad es que el “pinchazo” moral que podemos notar al acostarnos en esa primera vez que “pequemos”, irá desapareciendo en las siguientes. Para ser más gráfico, la primera vez nos costará bajarnos los pantalones, pero en unas cuantas veces andaremos comodísimos con ellos en los tobillos… Segundo, traicionamos la confianza que nuestro entorno –superiores, compañeros y subordinados– deposita en nosotros. Y que pierdan la fe en ti, duele. Creo que no hay nada peor que no poder mirarle a los ojos a un subordinado. Y, por último, nuestro granito de arena al bien común de España desaparece, en el mejor de los casos, o puede convertirse en un palo en la rueda, en el peor.

Hablo aquí de decisiones en primera persona pero, en muchas ocasiones,
FOTO: BPC-III. Preparando el despliegue en Irak.
simplemente recibiremos este tipo de órdenes desde arriba. Y seremos conscientes, perdida la inocencia, de la finalidad última que encierran. En estos casos, el código de comportamiento viene perfectamente reflejado en dos artículos de nuestras Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, aplicables uno, otro o ambos, dependiendo del nivel de la orden recibida:

Antes de que su jefe haya tomado una decisión, podrá proponerle cuantas sugerencias estime adecuadas; pero una vez adoptada, la aceptará y defenderá como si fuera propia, desarrollándola y transmitiéndola con fidelidad, claridad y oportunidad para lograr su correcta ejecución”.

“En el supuesto de que considere su deber presentar alguna objeción a la orden recibida, la formulará ante quien se la hubiera dado. Si su incumplimiento perjudicase a la misión encomendada, se reservará la objeción hasta haberla cumplido”.

VCI PIZARRO del RI Saboya Nº. 6
Y ya está. Así de simple pero así de duro. No, en muchas ocasiones no es fácil decir las cosas… ¡Ni que nos las digan! Nos creemos esculpidos directamente del fémur del Cid Campeador y esos jarros de agua fría nos noquean el ego y nos devuelven a la cruda y humilde realidad de nuestra existencia. Pero eso se llama lealtad y nadie dijo que esta profesión fuera fácil…

¿Estoy exagerando? No, sólo intento dejar claro el mensaje. Obviamente, la repercusión que tiene el que un jefe de pelotón encuadre en su unidad para la siguiente operación al primo de su cuñado –un poco “paquete”, la verdad–, en detrimento de ese soldado espectacular, pero con un carácter que no le cuadra, es muy diferente a la de aquel que bloquea una línea de financiación para que se beneficie otra más de su cuerda, o impide la expansión de una capacidad de combate exclusiva pero necesaria para varias unidades o
FOTO: BPC-III Besmayah. Con el CTS en Irak.
intenta eliminar la esencia de esa unidad que tanta tirria le da desde que era teniente. No, y os aseguro que no hace falta ser el Jefe de Estado Mayor del Ejército para impulsar cosas así. Como decía, la repercusión es diferente, pero el hecho en sí es igual. Le pegamos una patada importante a nuestra escala de valores. En asuntos de moral –porque todos los que aquí expongo pueden ser amorales o, incluso, deshonestos, pero son absolutamente legales, ¡faltaría más!–, los parámetros varían enormemente de una persona a otra. La altura a la que llevamos los pantalones que explicaba antes. Somos capaces de “rajar” hasta el insulto del último escándalo de corrupción política y a los dos minutos pedir esa factura sin IVA, que nos viene mejor…

FOTO: BIMZ I/6. VCI PIZARRO en ejercicio de tiro.
Y aquí, aunque sea de refilón, quiero recordar otra cuarta consecuencia que a veces pasa cuando nos enfrentamos a una decisión y sufrimos lo que algún pedante llama “parálisis por análisis[4]”. No queremos equivocarnos (o somos cobardes, pero este no suele ser el caso), luego si no decido, no me equivoco. Y así, esquivo unas decisiones, dejando que “fluyan” los acontecimientos; voy delegando otras, especialmente las desagradables; y las de más allá las disuelvo en la socorrida expresión “el Mando ha ordenado…”. Vuelvo a los dos artículos de las RROO que he citado anteriormente. En mi opinión, esto es de lo peor en lo que puede caer un militar con responsabilidades de mando. Desde el cabo jefe de escuadra al teniente general. ¡Decidir! Responsabilidad y decisión van unidas y son la esencia del ejercicio del mando. Lo he repetido hasta la saciedad estos años y lo repito ahora. Ante la duda o la ausencia de órdenes tenemos que pensar, analizar rápido la situación y actuar, porque estamos preparados para ello. Con responsabilidad, porque cuentas se nos pedirán siempre de nuestras acciones u omisiones, pero tenemos que decidir. No decidir es siempre la decisión equivocada.

Mirando atrás, veo que en mis ya más de 23 años de servicio, he tomado
FOTO: elconfidencialdigital.es. La Legión en combate subterráneo.
decisiones dudosas. Como supongo que todos, en mi descargo diré que siempre pensando en que hacía lo mejor. También, analizando esos errores, he descubierto una manera rápida e intuitiva de resolver mis dudas, siempre dentro de mi ámbito de responsabilidad. Sencillamente, me pregunto: ¿Es bueno para España? Si la respuesta es claramente afirmativa o negativa, la decisión es inmediata. Si me quedara alguna duda, me asesoro, investigo y trabajo un poco más la decisión, pero os aseguro que es en muy pocas ocasiones. También os aseguro que me he sorprendido alguna vez con respuestas que no son buenas para mí y sí para la Patria.

Pero hay un caso que, históricamente, despeja todos los intereses bastardos, reordena los valores y deja salir la férrea voluntad del servicio total y último a España en aquellos que mantienen en su interior la verdadera nobleza del soldado (quien nunca la tuvo no suele dar la sorpresa. No esperemos milagros…). No es otro que el combate. Fin último y prueba de fuego del militar. Nadie mejor que un sargento medalla militar individual para definirlo:

Tte. Ángel Salamanca Salamanca
Amar a España y luchar junto a mi Bandera fueron los ideales de mi juventud. Ideales que me dieron fuerzas para combatir en las nevadas tierras soviéticas; para luchar hasta el límite de mis posibilidades. Agotado y herido en el combate tuve la fortuna de ser distinguido por mis superiores y ser propuesto para la Medalla Militar Individual. Mis méritos no eran muy superiores a los de otros camaradas, pero como ellos, pude dejar constancia de lo que un español es capaz de hacer cuando su alma se mueve henchida por el espíritu de la Patria[5].

Trabajemos para España, pues. Con nuestros defectos y virtudes. Con
FOTO:Juanma Juguera. BIMZ I/6 en combate urbano
nuestros aciertos y nuestros errores. Con la ilusión del recién incorporado y la serenidad del veterano. Rememos en la misma dirección. Que si la rompiente vuelca nuestra balsa, achiquemos agua y volvamos al ataque. Una, otra y las veces que sea necesario. Termino con un poema –posiblemente uruguayo o argentino, pero que podemos aplicar perfectamente en la Madre Patria– que descubrí en los años complicados del inicio de la profesionalización del Ejército. Cayó en mi poder casi al mismo tiempo que iniciaba los primeros pasos como jefe de una compañía en aquel momento escuálida y lo sentí como propio. Solo me queda ya desear que este regimiento Saboya “viejo, herido, roto, erguido” siga marcando la diferencia como lo hace y tatuando profundamente su lema en el alma de todo aquel que pasa por sus filas. Recibid el corazón de vuestro teniente coronel, para siempre.

Póngase a discreción y escúcheme soldado,
                  quiero hablarle de lo que está pasando,
                  no quiero verlo más con los ojos tristes,
                  la cabeza baja y el corazón cansado.

                  Es difícil lo que voy a decirle
                  porque antes nunca había pasado,
                  y se hace difícil entender las cosas
                  cuando entenderlas hace daño.

                  Cuando usted se puso este uniforme
                  supo que tenía que vivir luchando,
                  y que en el trabajo de todos los días
                  no había lugar para el desgano.

                  Ya sé que el sueldo le queda corto,
                  que en cuartel se achicó el rancho,
                  y para tener bien a los gurises[6]
                  tuvo que salir a changar[7] a otro lado.

                  Ya sé que quedan pocos hombres
                  y que entra de guardia con veinticuatro,
                  y justo ayer se le enfermó la patrona,
                  y se terminó de completar el cuadro.

                  Esto, esto es el sacrificio
                  del que tanto le habían hablado,
                  es la frontera entre los débiles y los fuertes,
                  entre ser civil o ser soldado.

                  Es el orgullo de sentirse hombre
                  a fuerza de aguantar los golpes bajos,
                  de caer y levantarse mil veces
                  sin que nadie lo vea derrotado.

                  Así es como se le sirve a la Patria
                  con el corazón fuerte y bien templado,
                  para aguantar de frente a los que ahora
                  nos quieren débiles y fracasados.

                  Ahora, si todavía tiene ganas
                  de sentirse un buen soldado,
                  vaya, agarre su fusil y venga conmigo,
                  tenemos que seguir entrenando.


                                                     JEFE DEL BIMZ “CANTABRIA” I/6







[1] Esta es la fórmula en vigor que aparece en la Ley 39/2007, de 19 de noviembre, de la Carrera Militar. En mi caso, lo hice con la fórmula de la Ley 79/1980, de 24 de diciembre, sobre la fórmula para jurar la Bandera de España. Decía así: “¡Soldados! ¿Juráis por Dios o por vuestro honor y prometéis a España, besando con unción su Bandera, obedecer y respetar al Rey y a vuestros Jefes, no abandonarles nunca y derramar, si es preciso, en defensa de la soberanía e independencia de la Patria, de su unidad e integridad territorial y del ordenamiento constitucional, hasta la última gota de vuestra sangre?”. Qué queréis que os diga, todavía me emociono leyendo este juramento, por Dios, que termina con la rotundidad de “la última gota de vuestra sangre”.
[2] Informe Personal de Calificación.
[3] Discurso del General Director de la Academia General Militar, Francisco Franco, con motivo de su cierre el 31 de junio de 1931.
[4] Simplificando, es el término por el que se conoce a esas situaciones en las que se le dan vueltas a las cosas en la cabeza, sin llegar nunca a tomar una decisión. El exceso de análisis lleva a reunir tal cantidad de información que cada vez es más complicado tomar la decisión correcta. El miedo al fracaso hace el resto.
[5] Discurso del Sargento Ángel Salamanca Salamanca (con el empleo de teniente en aquel momento, ya en la reserva) con motivo de la imposición, en 1998, de la Medalla Militar Individual concedida en 1969 y ganada en 1943, en la batalla de Krasny Bor.
[6] Gurí: En Argentina, niño, muchacho, chico.
[7] Changar: Hacer trabajos de poca monta.